Desearía en primer lugar agradecer a ASENCRO, a la Cámara de Comercio de Oviedo y muy en particular, a Susana Pérez-Alonso, la oportunidad que me han brindado de dirigirme a esta audiencia.
Introducción
La verdad es que mi primer sentimiento ha sido cómo podría, en el breve espacio de media hora, condensar algo de la inmensidad de lo que son, han sido y probablemente serán las pandemias. En una primera aproximación, la Wikipedia nos remite nada menos que a 258 acontecimientos en la Historia humana que pueden ser tratados como tales y que han dejado rastro histórico. Como es lógico, se impone por mi parte una reducción y un resumen a lo que modestamente considero más relevante en nuestras actuales circunstancias.
Ahora bien, de los 258 eventos epidémicos que antes he citado ¿Podemos llamar pandemia a todos ellos? Mi respuesta es que sólo a aquéllos en los que las fuentes históricas muestran claramente su carácter generalizado, que no son todos ellos. Además, en el concepto actual de pandemia juegan un papel importantísimo los medios de comunicación, que no se hacen generalizados hasta el siglo XX. En ese sentido, la primera pandemia en el sentido moderno del término no sería otra que la pandemia gripal de 1918, en la que fueron precisamente los medios de comunicación quienes errónea, por no decir maliciosamente, calificaron de “española”.
De esta manera
trataré como pandemias sólo aquéllas en las que hay referencias a su extensión
geográfica generalizada, y dada la lógica limitación de tiempo a que debemos
ceñirnos, he querido restringirlas aún más: a las pandemias digamos
“literarias” es decir, aquéllas que han encontrado una destacada pluma que las
haya descrito. Podríamos citar, por ejemplo, a Tucídides en la Peste de Atenas
(430 aJC); las obras de Procopio de Cesarea y de Juan de Éfeso, que nos relatan
la llamada Peste de Justiniano (541 AD), una pandemia de peste bubónica con
características muy similares a la posterior Peste Negra de 1348, relatada,
entre otros, por Giovanni Boccaccio; también citar “El Año de la Peste” de
Daniel Defoe, en el que describe de manera vívida la Peste de Londres de 1665;
ahora bien, tal diario fue escrito en 1722, ya que en el año de la peste Defoe
era un niño de apenas cinco años y su descripción se basa en los relatos de sus
mayores. Incluso podríamos citar a un clásico moderno, “La Peste” de Albert
Camus; pero este magnífico relato se centra mucho más en la vivencia individual
de la pandemia, y en este momento prefiero centrarme en sus consecuencias
sociales y científicas.
Las Diferencias: COVID-19, una crisis científica
A diferencia de las pandemias históricas, la COVID-19 ha contado con dos factores que la alejan radicalmente de aquéllas: Uno, la presencia abrumadora de los medios de comunicación, multiplicada en este caso por el fenómeno revolucionario de Internet; otro, por un conocimiento científico incomparablemente superior al existente en las pandemias citadas. En ese sentido, COVID-19 viene a ser más fácilmente comparable a la pandemia gripal de 1918, salvando las diferencias. Ahora bien, como veremos, hay muchos elementos comunes en todas las pandemias de los cuales es nuestro deber tomar nota y sacar las oportunas conclusiones.
También la Peste de Londres (1665 AD) podría ser considerada como “moderna” en el sentido de que en la misma se vio un gobierno (al menos municipal) muy implicado en la prevención y aislamiento de los enfermos, lo que la diferencia, en general, de las pandemias anteriores.
La pandemia COVID-19 puede ser tratada como lo que he llamado en otra ocasión “Crisis científica” compartiendo este carácter con otras dos pandemias recientes, de muy diversa naturaleza, pero análogas en su difusión mediática y sus consecuencias sociales: la pandemia de SIDA y la encefalopatía espongiforme bovina (o mal de las vacas locas).
Con el nombre de crisis científicas defino el conjunto de situaciones
sociales que se producen ante las siguientes circunstancias: (a) un problema de
índole sanitaria, técnica o económica que surge inesperadamente; y (b) una
percepción por parte del público, errónea o no, de que la ciencia puede
resolverlo, igual que ha hecho con otros problemas de parecida índole formal. Pero
las crisis científicas tienen, además, otros componentes. Al haber surgido de
forma inesperada, no suele haber respuestas científicas claras; al no haberlas,
entran en juego, por una parte, lo que llamaremos deformaciones espontáneas,
consistentes en especulación, desinformación y anticiencia; y por otra, las
deformaciones deliberadas.
Por especulación entendemos el conjunto de teorías que se aventuran ante
el problema, no contrastadas con la realidad, y que en términos científicos no
pasan de meras hipótesis, con o sin fundamento. Por desinformación, el proceso
mediante el cual la jerga con la que el científico se comunica inter pares
es deformada a través de su paso por los medios de comunicación, y que ha
tenido especial relevancia en la actual pandemia COVID-19; por anticiencia, las
alternativas irracionales que se ofrecen como remedio, y que abundan en esa
desconfianza hacia el científico que parece ser una de las características de
la percepción pública actual de la ciencia. Característicamente, las crisis
científicas suelen desembocar en una vuelta a remedios o soluciones que sus
proponentes califican de “naturales”.
En las crisis científicas hay también, qué duda cabe,
deformaciones deliberadas de la realidad. A río revuelto, ganancia de pescador;
y en las crisis científicas abundan los pescadores malintencionados, que
agravan irremediablemente las crisis tratando de encontrar un beneficio
económico o político. En las crisis científicas la Oposición suele caer en
tromba sobre el Poder, con o sin razón, y viceversa. De ahí a la más manifiesta
irresponsabilidad no hay más que un paso. Veremos que todos estos factores se
han visto, incluso corregidos y aumentados, en la pandemia COVID-19.
El causante: el Virus SARS-CoV-2
Antes de seguir con esta exposición, me detendré en algún detalle científico de la presente pandemia que tiene de hecho relevancia en su tratamiento y manejo. En primer lugar, el virus SARS-CoV-2 es un virus cuyo genoma es ARN (ácido ribonucleico), y no ADN (ácido desoxirribonucleico) como otros. Esto determina una característica fundamental: que este virus es mucho más mutable que los virus-ADN, `puesto que la molécula de ARN es bastante menos estable químicamente que la de ADN. Por tanto, la aparición de nuevas variantes en este virus no es la excepción, sino la regla. Todos tenemos presentes cómo el virus gripal (que también es un virus-ARN) requiere de diferentes vacunas todos los años debido a su alta mutabilidad. Otra característica es que dados los métodos actuales de la biología molecular, la secuencia total del virus se ha resuelto en los primeros días de la pandemia, dándonos un conocimiento genético completo del mismo. Otro detalle importante, en fin, es que dado este conocimiento de la secuencia del genoma se ha podido contar con vacunas de ARN mensajero en un tiempo anormalmente corto, lo cual hasta el momento sólo se había conseguido en experimentación animal. Además, este tipo de vacunas hace posible la producción extremadamente rápida de las mismas. Todo esto hace que la pandemia COVID-19 haya sido diferente de la pandemia gripal de 1918, aunque en sus consecuencias las diferencias no hayan sido tan grandes.
Otro detalle diferenciador ha sido la constatación de que en la patogenia de la enfermedad, y como causa importante de letalidad, ha tenido lugar la llamada “tormenta de citokinas”, una reacción exagerada de nuestras defensas que hacen al remedio natural peor que la propia enfermedad; y que, al parecer, debió ser asimismo la causa de la elevada mortalidad observada en la gripe de 1918.
Esta es parte de la secuencia genética del virus
SARS-CoV-2:
Dos Pandemias históricas
En esta exposición sobre pandemias de ayer y de hoy trataré comparativamente la actual COVID-19, con dos pandemias históricas: la Peste de Atenas del 430 aJC y la Peste Negra de 1348. Ambas han sido descritas por autores de auténtico lujo: La primera, por Tucídides, en el Libro Segundo de su monumental “Historia de la Guerra del Peloponeso”; la segunda, en la introducción a la Jornada Primera del no menos monumental “Decamerón” de Giovanni Boccaccio.
Ninguna de las
dos puede ser considerada como “Crisis científica” en el sentido definido
antes. Ahora bien, su descripción ofrece muchos puntos en común con la actual pandemia
COVID-19, por lo que creo que de su estudio podemos sacar conclusiones
interesantes para enfrentarnos a la actual pandemia y a las que puedan venir en
el futuro.
La Peste de Atenas asoló a Grecia, pero
fundamentalmente a la ciudad de Atenas, en el segundo año de la Guerra del
Peloponeso (430 aJC), que enfrentó a Atenas, una potencia marítima, y sus
aliados (más bien satélites), con la Liga del Peloponeso comandada por Esparta,
una potencia terrestre. Atenas y toda la población del Ática se encerró dentro
de los Muros Largos que abarcaban desde la ciudad propiamente dicha hasta el
puerto de El Pireo; de ahí que el hacinamiento de la población encerrada en el
recinto urbano fue el medio de transmisión idóneo para la propagación del mal. A
partir de la descripción de Tucídides no queda clara la naturaleza patológica
de la epidemia; a pesar de su nombre, está claro que no se trató de peste
bubónica; la mayoría de los autores se inclinan por una epidemia de fiebre
tifoidea; a mi entender pudo también tratarse de tifus exantemático. Su
carácter pandémico queda bien descrito por Tucídides cuando afirma que la
epidemia se originó en Etiopía desde donde bajó a Egipto y Libia, extendiéndose
después a todos los dominios del Gran Rey (de Persia) con lo cual abarcaba las
tres partes del mundo conocido de entonces: África, Asia, y por último, Europa.
La Peste
Negra de 1348 fue la culminación de una serie de brotes de peste bubónica
(cuyo origen puede que sea la mencionada Peste de Justiniano) que asolaron el
Viejo Continente procedente del Asia Central y ligada a la migración de la rata
negra (Rattus rattus). Apareció en el enclave genovés de Caffa (en
Crimea) entre el ejército mongol que la asediaba, y que al parecer, arrojaron
cadáveres infectados mediante catapultas para forzar la rendición. De allí se
trasladó por vía marítima hasta llegar a Messina, en Sicilia, en 1347, de donde
pasó a la península itálica y de ahí a toda Europa, dando a 1348 el carácter de
Año de la Peste. Se estima que produjo entre 50 y 200 millones de muertos. Su naturaleza patológica queda bien clara a
partir de la descripción que de la misma hace tanto Boccaccio en la obra ya mencionada
así como muchos otros autores: se trataba de peste bubónica, enfermedad causada
por la bacteria Yersinia pestis que se transmite desde la rata al hombre
a través de las picaduras de pulga.
Las
Similitudes
Trataré a
continuación de las similitudes entre las dos epidemias citadas con la actual
pandemia COVID-19.
Ineficacia de las medidas inmediatas,
humanas o divinas
Tucídides señala que “los médicos desconocían la enfermedad” y eso
es lo que aquí nos ocurrió hasta que empezó a conocerse la auténtica naturaleza
de la misma. Boccaccio, por su parte, nos señala, además, la ineficacia de las
súplicas dirigidas a la divinidad.
Los
médicos no acertaban el remedio, porque al principio desconocían la
enfermedad y muchos de ellos morían los primeros al visitar a los
enfermos. No aprovechaba el arte humana, ni los votos ni plegarias en los
templos, ni adivinaciones, ni otros medios de que usaban… No bastaba buena
complexión, ni buen régimen para eximirse del mal. (Tucídides,
Historia de la Guerra del Peloponeso)
No
valiendo contra ella ningún saber ni providencia humana (como la limpieza de la
ciudad de muchas inmundicias ordenada por los encargados de ello y la
prohibición de entrar en ella a todos los enfermos y los muchos consejos dados
para conservar la salubridad) ni valiendo tampoco las humildes súplicas
dirigidas a Dios por las personas devotas no una vez sino muchas ordenadas
en procesiones o de otras maneras. (Boccaccio, Decamerón)
Todos hemos sido dolorosamente conscientes de la oscuridad en la
que se movía nuestro sistema sanitario en los primeros días de la pandemia
respecto a las medidas a tomar. Que si eran necesarias o no las mascarillas.
Que si se podían permitir aglomeraciones. Que si la transmisión era aérea o por
contacto en superficies. Que si la transmisión aérea era a través de gotas de
Flügge o por aerosoles; la idoneidad de la desinfección de superficies; por no
hablar de la existencia o no de comités de expertos.
Asimismo, la
elevada mortalidad en los profesionales sanitarios vista en los primeros
momentos de la pandemia es indicativa de la naturaleza “sorpresiva” de la
pandemia.
Ineficacia de la Medicina convencional
“No se trataba de un mal ordinario”, nos dice Tucídides; y “no
parecía que valiese o aprovechase consejo de médico o virtud de medicina
alguna” encontramos en el Decamerón.
Nada más natural
que ello, porque como la índole de la enfermedad sobrepasó a todo lo que pueda
decirse, cayó sobre cada hombre con más violencia de la que tolera la
naturaleza humana, y sobre todo por lo que sigue mostró que no era uno de
los males ordinarios. (Tucídides, op.cit.)
No parecía
que valiese ni aprovechase consejo de médico o virtud de medicina alguna;
así, o porque la naturaleza del mal no lo sufriese o porque la ignorancia de
quienes lo medicaban (de los cuales, más allá de los entendidos había
proliferado grandísimamente el número tanto de hombres como de mujeres que nunca
habían tenido ningún conocimiento de medicina.(
Boccaccio, op.cit.)
Esta pandemia apareció con una característica inesperada: la
llamada “tormenta de citokinas” que podemos describir aproximadamente como un
exceso en la respuesta defensiva del organismo ante el virus, siendo peor el
remedio que la enfermedad. Hoy se piensa que la alta mortalidad de la pandemia
gripal de 1918 fuera debida a un mecanismo parecido.
Pasado el primer choque, la Medicina convencional ha encontrado
grandes dificultades en el manejo de la enfermedad, hasta que se han
protocolizado los procedimientos diagnósticos y terapéuticos.
Silenciamiento de otras patologías
Tucídides señala que “el año de la peste fue muy saludable en cuanto a
otras enfermedades” y evidentemente se refería al mismo fenómeno que ha
ocurrido con la pandemia COVID-19: En primer lugar, los propios pacientes se
resisten a acudir allá donde pueden ser contagiados, y por otra parte, el
sistema sanitario está volcado en el tratamiento de la pandemia, con ocupación
de UCIs y quirófanos que en otras circunstancias estarían dedicados a otras
patologías.
Aquel año, según la opinión común, fue muy saludable en cuanto a la otras enfermedades, y si uno tenía de antes alguna, todas acabaron en ésta. (Tucídides, op.cit.)
Ha sido notorio el descenso estadístico en otras patologías a lo
largo de 2020 y 2021, y muy en particular en las que son objeto de exámenes de
tipo preventivo, (por ejemplo, el cáncer de mama). Se estima que los
diagnósticos de cáncer (en general) decayeron en un 20 % en dicho período. Ello
ha sido debido sin duda a la sobresaturación del sistema sanitario. Lo mismo puede decirse de los diagnósticos de
ictus o de infartos de miocardio.
Inobservancia
de leyes, divinas y humanas - Subversión del Orden Social
Los autores citados, tanto uno como el otro, nos señalan
lo frágil del cumplimiento de la ley ante la realidad de la epidemia. Tucídides
nos dice que “fue el comienzo de un mayor desprecio por las leyes” mientras que
Boccaccio señala la caída de “la reverenda autoridad de las leyes, tanto
divinas como humanas”
Además,
la epidemia fue para la ciudad el comienzo de un mayor desprecio por las
leyes. Pues la gente se atrevía más fácilmente a lo que antes encubría
cuando lo hacía para satisfacer su gusto, ya que veían que era repentina la
mudanza de fortuna entre los ricos que morían de repente y los pobres que nada
poseían antes y al punto eran dueños de los bienes de aquéllos. (Tucídides,
op.cit.)
Y
en tan gran aflicción y miseria de nuestra ciudad, estaba la reverenda
autoridad de las leyes, de las divinas como de las humanas, toda caída y
deshecha por sus ministros y ejecutores que, como los otros hombres,
estaban enfermos o muertos o se habían quedado tan carentes de servidores que
no podían hacer oficio alguno; por lo cual le era lícito a todo el mundo hacer
lo que le pluguiese. (Boccaccio, op.cit.)
En el caso de la Pandemia COVID-19, la inobservancia
de leyes ha tenido lugar en un marco más restrictivo que en las pandemias
citadas. Las infracciones más habituales fueron las relativas al uso de las
mascarillas, al mantenimiento de la distancia interpersonal o las
aglomeraciones de personas por encima de aforos permitidos.
Las
sanciones impuestas en el primer estado de alarma llegaron hasta casi 1.400.000
, pero sólo se sustanció un total de 160.000. Aunque las sanciones podían
llegar hasta los 30.000 €, en la mayoría de los casos se mantuvo el nivel
mínimo, siendo la media 732 € y una recaudación total de 115 millones de euros.
Muchas
infracciones de la ley han tenido lugar en forma de fiestas “privadas” y de
botellones.
Podríamos mencionar aquí las disposiciones del
Gobierno que el Tribunal Constitucional ha declarado inconstitucionales.
Las
sanciones impuestas en el primer estado de alarma llegaron hasta casi 1.400.000
, pero sólo se sustanció un total de 160.000. Aunque las sanciones podían
llegar hasta los 30.000 €, en la mayoría de los casos se mantuvo el nivel
mínimo, siendo la media 732 € y una recaudación total de 115 millones de euros.
Abandono
de la propiedad
Boccaccio describe cómo “las más de las casas se
habían hecho comunes y así las usaba el extraño, si se le ocurría, como las
habría usado el propio dueño”.
Todo
lo cual podían hacer fácilmente porque todo el mundo, como quien no va a seguir
viviendo, había abandonado sus cosas tanto como a sí mismo, por lo que las
más de las casas se habían hecho comunes y así las usaba el extraño, si se
le ocurría, como las habría usado el propio dueño. (Boccaccio, op.cit)
En la actual pandemia COVID-19, han aumentado los
casos de ocupaciones ilegales de viviendas propiedad de particulares y
empresas. Y en la mayoría de las ocasiones, quienes están detrás son mafias que
hacen negocio facilitando el acceso ilegal. No han ayudado disposiciones
gubernamentales como la prohibición de desahucios y otras medidas. Es decir, el
problema crónico de la ocupación ilegal se ha agravado.
Alteración de las relaciones familiares
“Hasta los familiares abandonaron la costumbre de
las lamentaciones por los muertos”, nos dice Tucídides; mientras que en el
Decamerón, a Boccaccio le asombra el hecho de que incluso padres y madres
evitaban visitar y atender a sus hijos.
Finalmente,
hasta los familiares abandonaron la costumbre de las lamentaciones por los
muertos, vencidos por el exceso de infortunio. (Tucídides, op.cit)
Y
no digamos ya que un ciudadano esquivase al otro y que casi ningún vecino
tuviese cuidado del otro, y que los parientes raras veces o nunca se visitasen,
y de lejos: con tanto espanto había entrado esta tribulación en el pecho de los
hombres y de las mujeres, que un hermano abandonaba al otro y el tío al sobrino
y la hermana al hermano, y muchas veces la mujer a su marido, y lo que mayor
cosa es y casi increíble, los padres y las madres a los hijos, como si no
fuesen suyos, evitaban visitar y atender.(Boccaccio, op.cit.
En la Pandemia COVID-19, el aspecto más delicado de
las relaciones familiares ha tenido lugar con motivo de los confinamientos, y
muy en particular en las residencias de ancianos en las primeras semanas de la
pandemia. Por otra parte, las
alteraciones de la vida familiar no han obedecido a un patrón común. Al
parecer, de los tres modos posibles, a saber: (1) Relaciones intensificadas e
incluso fortalecidas; (2) sin cambios notorios y (3) conflictividad aumentada,
vienen a repartirse equitativamente en todas las encuestas realizadas.
Degradación de los rituales
En las dos pandemias referidas, los autores muestran
gran escándalo por la degradación de los rituales funerarios. Tucídides señala
cómo se aprovechaban las piras funerarias ajenas y Boccaccio las procesiones
fúnebres.
Todos
los ritos antes seguidos para enterrar fueron trastornados y enterraba cada
cual como podía. Muchos incluso
acudieron a impíos modos de enterrar por falta de las cosas necesarias,
a causa de que ya se les habían muerto muchos parientes; iban a las piras de
otros, adelantándose a los que las habían apilado, y unos ponían encima su
muerto y prendían fuego, mientras que otros echaban desde arriba el suyo cuando
se estaba quemando otro y se iban. (Tucídides,
op.cit.)
Sacaban
de sus casas los cuerpos de los ya finados y los ponían delante de sus puertas
(donde, especialmente por la mañana, hubiera podido ver un sinnúmero de ellos
quien se hubiese paseado por allí) y allí hacían venir los ataúdes, y hubo
tales a quienes por defecto de ellos pusieron sobre alguna tabla. Tampoco fue
un solo ataúd el que se llevó juntas a dos o tres personas; ni sucedió una vez
sola sino que se habrían podido contar bastantes de los que la mujer y el
marido, los dos o tres hermanos, o el padre y el hijo, o así sucesivamente,
contuvieron. Y muchas veces sucedió que, andando dos curas con una cruz a
por alguno, se pusieron tres o cuatro ataúdes, llevados por acarreadores,
detrás de ella; y donde los curas creían tener un muerto para sepultar, tenían
seis u ocho, o tal vez más. (Boccaccio,
op.cit.)
En la pandemia COVID-19, la mayor tensión registrada
en los ritos habituales de tránsito se dio en la primera oleada de la
pandemia cuando las agencias funerarias de las grandes ciudades no daban
abasto en el manejo de la situación por el elevado número de entierros. De ahí
que llamara la atención la portada de un diario que publicó el aspecto que
ofrecía el Palacio del Hielo de Madrid, donde se acumulaban los féretros
así como el hallazgo por parte de personal militar de la UME de personas fallecidas
prácticamente abandonadas en residencias de mayores.
Por otra parte, las disposiciones legales de aforos y distanciamiento social han afectado profundamente al culto religioso y a los ritos de tránsito asociado: Bodas, bautizos, comuniones, confirmaciones, etc. Igualmente se han visto afectado los rituales festivos.
El Enemigo Externo
Una constante en prácticamente todas la pandemias,
ante la impotencia manifiesta que la sociedad constata ante el mal, es la
búsqueda de un enemigo externo. En el caso de la peste de Atenas, la cuestión
estaba clara: los peloponesios habrían envenenado los pozos; pues como señala
Tucídides, en aquel entonces los atenienses no disponían de fuentes. En la
Peste Negra, aunque Boccaccio no lo recoge, las culpas fueron proyectadas sobre
los infieles mongoles que arrojaron cadáveres infectados a los genoveses en
Caffa o bien sobre los judíos, víctimas de matanzas sobre todo en Europa
Central, coincidentes con el movimiento de “Flagelantes”.
Comenzó
éste primeramente, según se dice, en Etiopía, que está al sur de Egipto, y
luego bajó a Egipto y Libia y a la mayor parte del imperio del Rey. En Atenas
surgió de repente, y donde primero atacó a la gente fue en el Pireo, hasta el
punto que se dijo que los peloponesios habían envenenado los pozos, pues
todavía no había allí fuentes. (Tucídides, op.cit.)
En cuanto a la pandemia COVID-19 nos encontramos dos
“enemigos externos”. Uno es la República Popular China. Ciertamente la opacidad
oficial del gobierno chino no ha ayudado a despejar esta creencia; así como el
hecho, por cierto indiscutible, de un origen cuando menos sospechoso: la
epidemia surge en el mismo lugar en el que China mantiene un importantísimo
centro virológico. Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud ha
actuado de una manera bastante sospechosa en cuanto a defender los intereses
chinos.
Ha surgido también un “enemigo externo” de otra
índole, aunque relacionado remotamente con el anterior. Se trata del llamado
Nuevo Orden Mundial (NOM), o del Gran Reseteo, o de la propia Agenda 2030.
Según estas creencias, el NOM sería el causante último de la pandemia para
acelerar los fines de la Agenda 2030. Estas creencias aparecen frecuentemente
en los colectivos antivacunas, llegando incluso a postular que la vacunación
contra el COVID-19 es una forma oculta de sometimiento a dicha Agenda.
Aparición de pseudomedicinas
En todas las grandes pandemias, ante los relativos fracasos de la Medicina convencional, aparecen los remedios alternativos que surgen gracias a la desconfianza popular y a la picaresca que suele acompañar este tipo de eventos.
Tanto la Peste
de Atenas, como la Peste Negra o, más vívidamente, La peste de
Londres relatada por Daniel Defoe han visto la aparición de todo tipo de
remedios “populares”, muy a menudo coincidiendo con estafas.
Los Aprovechados
Boccaccio nos
habla en el Decamerón de “La avaricia de los criados que por gruesos salarios y
abusivos contratos servían”; La Peste Negra fue la manera de acceso a la
propiedad de muchas fortunas que luego surgirían en el Renacimiento. La
propiedad rural sufrió toda una revolución, y una de sus víctimas fue lo que
iba quedando del feudalismo.
La avaricia de los criados que por gruesos salarios y abusivos contratos servían, aunque con todo ello no se encontrasen muchos y los que se encontraban fuesen hombres y mujeres de tosco ingenio, y además no acostumbrados a tal servicio, que casi no servían para otra cosa que para llevar a los enfermos algunas cosas que pidiesen o mirarlos cuando morían; y sirviendo en tal servicio, se perdían ellos muchas veces con lo ganado. (Boccaccio, op.cit.)
En la Pandemia
COVID-19 Han aparecido múltiples tipos de estafa relacionados con la pandemia.
Los más habituales en nuestro medio han sido (1) Realización de test
diagnósticos falsos; (3) Falsificación de certificados médicos; (3) Falsas
vacunaciones; (4) el fenómeno de Corona-phishing:
aparición de ONGs falsas que recaudan dinero para presuntamente combatir la
pandemia; y (4) todas las relacionadas con las seudomedicinas.
Modos de vida: austeridad y aislamiento
En la Peste Negra,
Boccaccio nos señala tres aproximaciones vitales a la pandemia. Una es seguir
una vida moderada, alejada de todo lo superfluo, “usando con gran templanza de
comidas delicadísimas y de óptimos vinos, huyendo de todo exceso”.
Y había algunos que pensaban que vivir
moderadamente y guardarse de todo lo superfluo debía ofrecer gran
resistencia al dicho accidente y, reunida su compañía, vivían separados de
todos los demás recogiéndose y encerrándose en aquellas casas donde no hubiera
ningún enfermo y pudiera vivirse mejor, usando con gran templanza de comidas
delicadísimas y de óptimos vinos y huyendo de todo exceso, sin dejarse
hablar de ninguno ni querer oír noticia de fuera, ni de muertos ni de enfermos,
con el tañer de los instrumentos y con los placeres que podían tener se
entretenían. (Boccaccio, op.cit.)
En la Pandemia
COVID-19 esta aproximación ha sido, por llamarla de alguna manera, la
“oficial”; es decir, la preconizada por los gobiernos y por las agencias de
salud supranacionales como la OMS.
Modos de vida: Carpe diem
Otra manera de ver las
cosas sería lo que podemos llamar el “Carpe diem”. Tucídides señala que
los pobres que heredaban bienes de los ricos “no pensaban sino en gastarlos
pronto en pasatiempos y deleites” ya que “no tenían esperanza de gozarlos mucho
tiempo”. Boccaccio, por su parte, describe a quienes “afirmaban como medicina
certísima era beber mucho y el gozar y andar cantando y divirtiéndose,
satisfaciendo el apetito con todo aquello que se pudiese”
Los pobres que heredaban los
bienes de los ricos, no pensaban sino en gastarlos pronto en pasatiempos y
deleites, pareciéndoles que no podían hacer cosa mejor no teniendo esperanza
de gozarlos mucho tiempo, antes temiendo perderlos enseguida y con ellos,
la vida. Y no había ninguno que por respeto a la virtud, aunque la conociese y
entendiese, quisiera emprender cosa buena, que exigiera cuidado o trabajo, no
teniendo esperanza de vivir tanto que la pudiese ver acabada.(Tucídides, op.cit)
Otros, inclinados a la opinión contraria,
afirmaban que la medicina certísima para tanto mal era el beber mucho y el
gozar y andar cantando de paseo y divirtiéndose y satisfacer el apetito con
todo aquello que se pudiese, y reírse y burlarse de todo lo que sucediese;
y tal como lo decían, lo ponían en obra como podían yendo de día y de noche ora
a esta taberna ora a la otra, bebiendo inmoderadamente y sin medida y mucho más
haciendo en los demás casos solamente las cosas que entendían que les servían
de gusto o placer. (Boccacio, op.cit.)
Entre nosotros, en la
actual pandemia, esto se ha reproducido en el fenómeno de esas fiestas
“privadas” y botellones saltándose todas las normas dictadas por las agencias
gubernamentales.
Modos de vida: el Justo Medio
Algunas aproximaciones a la pandemia han buscado
ciertamente un justo medio en algunas comunidades, en las que se ha tratado de
encontrar un equilibrio “entre Salud y Economía”, cuestión no ajena al
enfrentamiento político. Ahora bien, como en casi todo lo relacionado con esta
pandemia, nos falta una perspectiva estadística objetiva y desapasionada.
Muchos otros observaban, entre las
dos dichas más arriba, una vía intermedia: ni restringiéndose en las viandas
como los primeros ni alargándose en el beber y en los otros libertinajes tanto
como los segundos, sino suficientemente, según su apetito, usando de las
cosas y sin encerrarse, saliendo a pasear llevando en las manos flores, hierbas
odoríferas o diversas clases de especias, que se llevaban a la nariz con
frecuencia por estimar que era óptima cosa confortar el cerebro con tales
olores contra el aire impregnado todo del hedor de los cuerpos muertos y
cargado y hediondo por la enfermedad y las medicinas. (Boccaccio, op.cit.)
¿Qué hemos aprendido
de la pandemia?
1. Desde el punto de vista científico, mucho y en mi
opinión, muy bueno. Las vacunas de ARN mensajero han demostrado su
viabilidad en humanos y abren muchísimas posibilidades de ser aplicadas a otras
patologías, infecciosas, neoplásicas o autoinmunes, por ejemplo. Su mayor
ventaja es la posibilidad de manufactura muy rápida ante el surgimiento de
variantes víricas. Además, su síntesis está enormemente facilitada por los
métodos actuales de Biología Molecular. Su principal inconveniente radica en la
inestabilidad química del ARN, aunque esto podrá ser solventado gracias a nuevas
formulaciones farmacéuticas que sin duda ya están en vías de desarrollo.
2. Igualmente notable ha sido el rápido desarrollo de
procedimientos diagnósticos, bien sea del tipo PCR, test de antígenos o test de
anticuerpos, y su generalización
3. El desarrollo de antivirales
ha sido más lento (digamos que con la lentitud propia de este tipo de
desarrollos, no como las vacunas, que han sido anormalmente rápidas) pero hoy
contamos con molnupiravir (desarrollado por Merck) y PF-07321332 (desarrollado
por Pfizer).
4.
Desde el punto de vista patológico, esta pandemia nos ha enseñado la
extraordinaria importancia que tiene la correcta modulación de la respuesta
inmune. La mayor parte de la mortalidad (excluyendo otras causas) ha sido
debida a la tormenta de citokinas). Asimismo, ha sido importante el desarrollo
de niveles intermedios de cuidado respiratorio (intermedio entre UCI y
hospitalización convencional)
Igualmente importante es señalar los efectos sociales y económicos
que ha tenido la pandemia para tratar de sacar conclusiones relevantes.
5. En primer lugar, el Estado (bien sea el Central o las
Comunidades Autónomas) ha estado presentes a lo largo de la pandemia en una
medida mucho mayor que en las pandemias históricas. Ello se debe a la mayor
fuerza intrínseca del Estado, por una parte, y a la omnipresencia de los medios
de comunicación, por otra. Entre estos últimos hay que destacar sin lugar a
dudas la importancia de Internet y de las Redes Sociales (para bien y para mal).
6. Evidentemente, ha habido fallos importantes en la respuesta política,
que están en la mente de todos, siempre disculpables por lo inesperado de la
situación. Pensemos más bien en el éxito que en general han tenido las campañas
de vacunación, llevadas a cabo por las Comunidades autónomas.
7. Creo necesario señalar el magnífico comportamiento del sector
público, tanto en lo que se refiere a sanidad como en la enseñanza (sin
desmerecer tampoco al sector privado, al que se debe el rápido desarrollo de
las vacunas). Ciertamente, el sistema sanitario ha sido sometido a un stress
realmente importante, más si cabe que en la pandemia gripal de 1918 (aunque entonces
la práctica sanitaria era muy distinta)
8. Cabe destacar también el magnífico comportamiento no ya del
sector público, sino del público en general. Las infracciones, aun cuando
publicitadas por los medios, han sido la excepción en comparación con el
comportamiento del público.
9. Otra cuestión importantísima ha sido la deslocalización del
lugar de trabajo, o en otras palabras, el efecto del teletrabajo a partir de
ahora. Discutirlo nos llevaría bastante más tiempo del que disponemos aquí.
10. No quisiera terminar sin señalar el papel desempeñado por la
Unidad Militar de Emergencias en esta pandemia, y que vemos prolongado por su
papel en la tragedia de La Palma. Evidentemente, podría haber mencionado a
muchos otros colectivos que han destacado por su papel en la pandemia. Pero
éste en concreto me ha suscitado una reflexión ulterior:
El concepto de Defensa Nacional debe ser ampliado y ensanchado en
la medida de lo posible. Los enemigos en nuestro tiempo no sólo son unidades
acorazadas, aeronaves o buques de combate. Esta pandemia ha demostrado que un
enemigo poderosísimo pueden ser una
pequeña partícula de unos pocos nanómetros de longitud; pero también un código
malicioso infiltrado en nuestros sistemas de información; así como erupciones
volcánicas, movimientos sísmicos, o impactos de asteroides. Por ello es
necesario, sobre todo, crear una conciencia pública de Defensa Nacional que
abarque todas estas eventualidades y muchas otras que puedan acaecer, con sus
correspondientes dotaciones presupuestarias
La próxima pandemia puede tardar otros cien años en aparecer; pero
también puede aparecer al mes que viene. Y es necesario estar preparados para
ello de manera que podamos evitar el desconcierto inicial que lastró nuestra
primera respuesta.
Referencias
1. Tucídides, “Historia de la Guerra del Peloponeso”, traducción
de Francisco Rodríguez Adrados. Biblioteca Clásica Hernando, Madrid 1967
2. Boccaccio, Giovanni “El Decamerón”, traducción y notas de
Sergio Cortez, edición on-line, y
https://freeditorial.com/es/books/el-decameron
3. Ilustraciones:
Peste de Atenas: cuadro de Michael Sweerts, c. 1652–1654; tomado
de https://www.france24.com/es/20200420-historia-pandemias-peste-atenas-primera-epidemia-documentada.
Mapas: https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0716-10182011000500013
http://www.paginasobrefilosofia.com/html/bachi2/grecia3/mapatica.htm
Peste Negra: Ciudadanos de
Tournai enterrando víctimas de la peste negra. Miniatura de Pierart dou Tielt,
c. 1353. Tomada de https://sites.google.com/site/historiadelapestenegra2/el-arte-de-la-peste
Mapas: https://didacta-sociales.blogspot.com/2015/01/la-crisis-del-siglo-xiv.html




