Hoy vamos a tratar de
la conocida como “Escuela de Salamanca” que en torno a la figura de Fray
Francisco de Vitoria se formó en nuestra Universidad. Hoy se la
considera precursora tanto del Derecho Internacional como del Análisis
Económico.
El gran economista
Schumpeter, en su obra póstuma History of
Economic Analysis, publicada en 1954, reivindicó el papel pionero en el
Análisis Económico que desempeñaron los teólogos españoles del siglo XVI. Todos
ellos, de una manera u otra, ejercieron su magisterio en la Universidad de
Salamanca, y por ello se les conoce colectivamente hoy como “Escuela de
Salamanca”.
A diferencia de la
línea humanística de la que ya hemos tratado, los teólogos salmanticenses se
aferran a la Escolástica tradicional en la línea de Santo Tomás de Aquino,
postura en la que se aprecia una reacción frente a los avances de la Reforma
Protestante. Se trata de una actualización del pensamiento tomista, haciendo
énfasis sobre todo en sus consecuencias prácticas, que es lo que vino en
llamarse “Teología positiva”. Los dominicos de la Escuela de Salamanca se
distinguieron particularmente en el Concilio de Trento, punto de partida de la
Contrarreforma. Si la Facultad de Artes fue el ámbito natural de los
humanistas, la Facultad de Teología constituyó la sede central de la Escuela de
Salamanca, así como el convento dominicano de San Esteban.
La figura central de
la Escuela de Salamanca es el dominico Francisco de Vitoria. Tras una educación
esmerada obtuvo la cátedra de Teología de la Universidad de Salamanca. No dejó
una abundante obra escrita; sus ideas aparecen generalmente como contenido de relectiones o disputationes recopiladas por sus discípulos y que tenían lugar en
la Universidad en un ambiente más informal y distendido que las habituales lectiones de cátedra. Sus enseñanzas
influyeron, directa o indirectamente, sobre figuras de la importancia de
Domingo de Soto, Melchor Cano, Martín de Azpilcueta, Tomás de Mercado, Luis de
Molina y Francisco Suárez. Dado que estos dos últimos (jesuitas, y no
dominicos) enseñaron en la Universidad de Coimbra, se suele hacer distinción,
dentro de la Escuela de Salamanca, entre Salmanticenses
y Conimbrigenses.
El concepto de
Teología positiva se desarrolla en Salamanca a partir de dos líneas
fundamentales. Una, la reflexión sobre la Conquista y sus consecuencias
morales; otra, la distorsión radical que sufren los patrones económicos
medievales ante la súbita expansión del mundo y de los mercados como
consecuencia del Descubrimiento de América.
La Conquista y sus
consecuencias morales
Las impresionantes
revelaciones de Bartolomé de las Casas en
su Brevísima Relación de la Destrucción
de las Indias, precedida por su actividad frenética ante el Rey Católico y
ante el Emperador para tratar de poner coto a los desmanes de los conquistadores,
plantearon agudamente el problema de los títulos morales de la Conquista, por
una parte, y por otra, el de los derechos de los indios. Estos problemas fueron
recogidos por Vitoria y su escuela, que a la luz de la teología tomista
elaboraron todo un cuerpo de doctrina en el que están las raíces del moderno
Derecho Internacional y de los Derechos Humanos.
El orden natural
implica la existencia de un Derecho Natural. Según este criterio, los hombres
nacen libres e iguales (lo que se establece doscientos años antes que la
Revolución Francesa) independientemente de su estado, de su religión o de
cualquier otra circunstancia. Por tanto, los indios de América son titulares de
derechos fundamentales e inalienables, y entre ellos, el de la propiedad de sus
tierras y bienes y el de rechazar la conversión por la fuerza. De ahí deriva el
establecimiento de los Justos Títulos,
es decir, las razones morales que pueden justificar la actividad conquistadora,
y el enunciado de la Justa Guerra,
sobre la legitimidad del ejercicio de la violencia. Con respecto a los
primeros, la Escuela de Salamanca rechaza de plano la bula de Alejandro VI que
repartía el mundo entre españoles y portugueses, y la sustituye por ocho
razones que pueden legitimar la Conquista; entre ellas, el derecho de todos los
hombres a viajar libremente, a propagar la fe cristiana, a defender a
cristianos ante ataques externos o ante delitos contra natura. En cuanto a la segunda, la Escuela plantea la
defensa propia, la guerra preventiva ante un tirano, o el castigo de culpables.
Ahora bien, la guerra debe asimismo ser proporcional a la injuria sufrida,
existen límites morales absolutos sobre inocentes y ha de ser siempre el último
recurso. En concreto, se declara injusta la guerra para convertir a infieles
por la fuerza, o la que meramente busca el pillaje o la gloria de sus
protagonistas. Todo ello constituye un Jus
gentium, Derecho de Gentes, precursor de nuestro actual Derecho
Internacional. Esta idea fue recogida y reelaborada años más tarde por el
teólogo y filósofo jesuita Francisco Suárez, en su obra De Legibus ac Deo Legislatore, importante fuente para los
posteriores desarrollos del Derecho Natural y del Derecho Internacional.
Las ideas de la
Escuela de Salamanca salen públicamente a la luz con motivo de la conocida
Controversia de Valladolid (1550), en la que Bartolomé de Las Casas y Ginés de
Sepúlveda discutieron todos estos extremos, con la participación activa de los
teólogos salmanticenses Domingo de Soto y Melchor Cano, discípulos de Vitoria,
ya fallecido, y que apoyaron las tesis de Las Casas. Consecuencia de la misma fue la revisión de
las Leyes Nuevas de Indias de 1542. No es éste el lugar adecuado para discutir
la posterior aplicación práctica de las mismas. Pero sí es conveniente señalar
que la Escuela de Salamanca fue pionera, cuando no única, en reivindicar los
derechos de los americanos nativos, y que esta preocupación tuvo consecuencias
prácticas. Entre otras, el enfado del Emperador, de quien se dice que llegó a
exclamar: “¡Que callen esos frailes!”.
El comienzo de un
Análisis Económico
En 1517 un grupo de
comerciantes españoles radicados en Amberes enviaron una consulta a Francisco
de Vitoria sobre la legitimidad de la actividad mercantil dentro de la moral
cristiana. En realidad, la moral católica medieval no veía con buenos ojos el
comercio, y se consideraba que la usura (el cobro de un interés por dinero
prestado) era lisa y llanamente pecado.
No es de extrañar, con
estos principios, que gran parte de las ideas económicas de la Escuela de
Salamanca se expresaran en Manuales para Confesores. Así, encontramos que las
preocupaciones económicas de la Escuela se centraron, entre otras cosas, en la
legitimidad de la propiedad privada, el dinero, el mercado, el valor de las
cosas, los precios (con particular énfasis en la búsqueda del “Precio Justo”) y
muy particularmente en el interés. No cristalizó todo ello en un cuerpo
unitario de doctrina económica, pero sí que podemos ver en la Escuela de
Salamanca los antecedentes remotos de conceptos de uso común y corriente hoy
día, como el Libre Mercado, la Oferta y la Demanda, la Inflación, e incluso la
famosa “Mano Invisible” de Adam Smith formulada doscientos años antes, aunque
lógicamente en otros términos.
Una figura fundamental
en el pensamiento económico de la Escuela de Salamanca fue el navarro Martín de
Azpilcueta. Este autor supo ver en la abundancia de metales
preciosos llegados de América la razón fundamental de la elevación de los
precios (inflación) que sufrió España en particular durante el siglo XVI.
Azpilcueta relacionó de esta manera la oferta monetaria con los precios,
estableciendo así la relación entre el valor de las cosas y su escasez. Igualmente,
en su tratado De Usuras y Simonía
establece la licitud del interés ante el préstamo de dinero, considerando al
dinero como una mercancía más, ofreciendo otras razones, como el lucro cesante,
la participación en los beneficios del prestatario y la influencia del tiempo.
Los conceptos
establecidos por Azpilcueta fueron reelaborados y profundizados más tarde por
Luis de Molina y Diego de Covarrubias. Estos dos autores, además de la
justificación del interés, inciden en la legitimidad de la propiedad privada
sobre una base enteramente económica. Eso sí, en una línea plenamente tomista,
Covarrubias aboga por una propiedad en común en momentos de grave escasez.
Dentro del pensamiento
económico de la Escuela de Salamanca, es quizá Tomás de Mercado la figura en la
que vemos un mayor afán sistematizador, particularmente en su obra Tratos y Contratos de Mercaderes y Tratantes,
y la continuación de la misma en Suma de
Tratos y Contratos, realizadas a instancias de los mercaderes sevillanos.
En estas obras se recoge gran parte de los conceptos que hemos visto
anteriormente, como la licitud del interés y de la propiedad privada y la
teoría cuantitativa del dinero. Es muy conocida su definición del Precio Justo
(cuestión de capital importancia en el pensamiento económico de la Escuela),
que reza así:
“Es el que corre de contado públicamente y se usa esta semana y esta
hora, como dicen en la plaza, no habiendo en ello fuerza ni engaño, aunque es
más variable, según la experiencia enseña, que el viento”
En la que vemos que
describe al libre mercado, sin intervenciones ajenas. La actual Facultad de Economía y Empresa de
la Universidad de Salamanca honra como patrón a Tomás de Mercado, reconociendo
así un puente entre la Universidad que fue y la que es.
La obra económica de
la Escuela de Salamanca salió a la luz gracias al discurso de ingreso en la
Real Academia de Ciencias Morales y Políticas del profesor José Larraz López,
titulado El Cuantitativismo Monetario de
la Escuela de Salamanca, leído en 1943 y recogido por el ya citado
Schumpeter y por la profesora de Oxford Majorie Grice-Hutchison en su obra Early Economic Thought in Spain, de
1952.