martes, 30 de junio de 2015

Elio Antonio de Nebrija, Debelador de la Barbarie

Seguimos con esos retazos de la historia de la Universidad de Salamanca, especialmente dedicados a mis amig@s del Face que son alumn@s de la Universidad. Comprendo que están en unos momentos (exámenes) no muy proclives a historias de ningún tipo. No obstante, ahí va.

Cuando hace unos días publiqué un post dedicado a los Humanistas de la Universidad de Salamanca mencioné, y ahora creo que muy de pasada, la figura de Elio Antonio de Nebrija. No quedé satisfecho porque ésta es en verdad una figura de primera magnitud. Hoy intento reparar la poca importancia que le di el otro día.

Nebrija nació en la que hoy conocemos como Lebrija, en la provincia de Sevilla. Esto, años más tarde, dio pie a que alguno de los numerosos enemigos que cosechó a lo largo de su vida comentaran sarcásticamente “¿Cómo un andaluz puede con su Gramática darnos lecciones sobre el castellano?”. Y vaya que si las dio. Dejando aparte muchos otros detalles de su vida, Nebrija fue un auténtico animal universitario de los pies a la cabeza, y con un aire de “modernidad” que hoy nos sigue sorprendiendo en pleno siglo XXI.

Quien va de moderno en la Universidad no suele ser muy popular entre sus compañeros. Becario en Bolonia (en el Colegio de San Clemente de los Españoles), Nebrija tenía en sus manos todos los triunfos para ser cordialmente odiado por el estamento universitario. Formación extranjera, en el Olimpo científico de entonces (la Italia del Renacimiento y de los Humanistas), un vivo y presumiblemente mordaz ingenio, un carácter peleón y pendenciero, una bajísima opinión de sus colegas y sobre todo, una obra ingente, cumbre del Humanismo español. Destaca sobre todo su Gramática de la Lengua Castellana, primera en su género y modelo para muchas otras lenguas “vulgares”, con la que equipara nuestra lengua a la “perfección” del latín. Hizo también importantes contribuciones astronómicas, entre otras muchísimas cosas. Por si esto fuera poco, cultivaba las Nuevas Tecnologías (trabajó como impresor, tradición que continuaron sus hijos) y tenía un fácil acceso a la Reina Isabel la Católica y a importantes personajes de la España de entonces. Asumió el título de "Debelador de la Barbarie". Entiéndase que para Nebrija, "barbarie" era la seudociencia que profesaban sus compañeros de claustro. Un detalle curioso que me comunicó el profesor Hinojo, gran estudioso de la obra de Nebrija, es que aborrecía el término “Universidad”, pues le parecía demasiado medieval y por tanto, “bárbaro”. El prefería “Enciclopedia”, con raíces griegas, que era lo “cool” de aquel entonces.

Todos estos triunfos fueron jugados por Nebrija con contundencia y resultados previsibles. Por cinco veces opositó a la cátedra de Prima de Gramática de la Universidad de Salamanca, habiéndola  ganado cuatro y abandonado otras tantas por un mejor empleo - "en la empresa", diríamos hoy - y a la quinta y última, en la cumbre de su potencia intelectual, le suspendieron para dársela a un recién graduado. El monumental enfado de Nebrija sólo debió ser superado por el morboso regocijo de sus colegas.

A todo esto, el Cardenal Cisneros, en su flamante y recién fundada Universidad de Alcalá (al poder siempre le interesó crear universidades “modernas” frente a dinosaurios como Salamanca) le ofreció una cátedra "para que enseñara lo que quisiese, y si no quisiese, que no enseñara". Es decir, el paraíso terrenal del profesor universitario. Nebrija, naturalmente, aceptó.


Pero en Salamanca honramos su memoria con una inscripción en la calle Libreros, precisamente donde tuvo su casa y su imprenta, así como una estatua suya en la Plaza de la Merced, frente a la Facultad de Ciencias. También hay un medallón en la Plaza Mayor dedicado a Nebrija.


miércoles, 17 de junio de 2015

Transgénicos

Se habla estos días desde ciertas instancias de gobierno municipal, en especial aquéllos embarcados en los nuevos tiempos, de hacer ciudades “Libres de transgénicos”. Es un tema al que soy especialmente sensible, porque creo que hay una ignorancia generalizada en torno al asunto. ¿Cómo librarnos de los transgénicos? Empecemos por prohibir el uso de insulina a los diabéticos, hormona del crecimiento a quien padece de enanismo, eritropoyetina a los enfermos renales crónicos, interferón, calcitonina y mil otros productos más que se producen por transgénesis (introducción en el material genético de una especie genes de otra). Prohibamos el uso de animales transgénicos de experimentación con el que se está logrando, lenta pero inexorablemente, la victoria frente al cáncer y muchas otras enfermedades. Continuemos en la misma senda prohibiendo comer tomate y otras especies vegetales que llegan a nuestra mesa en buen estado precisamente por ser transgénicas. Además, en este último caso se da otra curiosa circunstancia: el tomate transgénico es el resultado de la introducción de un gen que produce una proteína insecticida, con lo cual el agricultor y el medio ambiente se libran de pagar, el uno, y de soportar, el otro, insecticidas organofosforados que no son precisamente saludables para el entorno. Sigamos por prohibir el consumo de carne, porque los piensos que se dan al ganado muy probablemente estén formulados a partir de maíz transgénico, bien sea de importación o bien de producción nacional. Y podríamos prolongar esta lista mucho más.

Pero cambiemos de escenario. ¿Qué es la coliflor? pues es exactamente la misma especie que el repollo. Brassica oleracea var. botrytis la coliflor y Brassica oleracea var. capitata el repollo. Aunque a primera vista parece que son cosas distintas, ¿verdad?. Lo que las distingue es que al cabo de siglos de selección artificial, la planta primitiva ha sido seleccionada para dar hojas compactas y empaquetadas el repollo, y para dar inflorescencias la coliflor. Dado que las inflorescencias son el órgano reproductor de la planta, una coliflor no es más que un monstruo en el cual el 95 % o más de su peso está constituido por órganos sexuales. Ha sido obtenido por selección artificial, cosa que la especie humana lleva haciendo desde el Neolítico, y que es una forma de manipulación genética como otra cualquiera, solo que mucho más lenta. Esta misma consideración puede hacerse sobre cualquier especie vegetal domesticada que encontramos en el mercado. Por lo que yo sé, ni los veganos se niegan a su consumo.

Cuando la especie humana mordió la manzana del Árbol del Bien y del Mal, eligió el camino que le prometió la serpiente: ser como dioses. Tómese el relato bíblico en su valor simbólico: el jardín del Edén era la Edad de Oro de nuestros clásicos (es decir, el Paleolítico de economía cazadora-recolectora); la revolución Neolítica, con sus inventos de Agricultura y Ganadería, son la Caída y la Expulsión del Edén, o la Edad de Hierro. La especie humana ha seguido este último camino, con todas sus ventajas y todos sus peligros, que evidentemente los hay. Pero aprendemos a neutralizarlos, y seguimos progresando. No hay duda de que la electricidad es peligrosa, pero no por ello renunciamos a su uso. Los peligros se evidencian, se estudian y la racionalidad de la especie se encarga de hacerlos desaparecer. Y sobre todo, seguir el viejo principio de EST MODUS IN REBUS. Todo tiene su medida, todo con moderación, incluidas las prohibiciones. ¿Controles democráticos sobre la transgénesis? Por supuesto; no sólo recomendables, sino absolutamente imprescindibles. ¿Prohibir la transgénesis porque lo dicta el Manual del Perfecto Progresista? Pues ya me dirán.


En la foto: magnífico ejemplar de hipogrifo, similar al que montaba la valerosa Bradamante en el Orlando Furioso de Ariosto. Un ejemplo de transgénesis “avant la lettre”.


lunes, 15 de junio de 2015

El Rey Sabio

Este post, una vez más, va dedicado a mis amig@s de Facebook que son estudiantes de la Universidad de Salamanca. Hoy hablaremos sobre todo del Rey Alfonso X, el Sabio.

Nuestra Universidad fue fundada en 1218 por Alfonso IX de León, como Estudio General del Reino de León, y dependiente de la archidiócesis de Compostela (de la que también dependía entonces la diócesis de Salamanca). La relación de nuestra Universidad con Compostela puede verse en bastantes detalles. Uno de ellos, del que os daréis cuenta enseguida, es que la calle mayor de Salamanca no se llama “Calle Mayor” sino “Rúa Mayor”.

El auténtico despegue de la Universidad de Salamanca se produce bajo el reinado de Alfonso X el Sabio, hijo de Fernando III el Santo y nieto de Alfonso IX, ya con los reinos de Castilla y León unificados (por eso en el sello de la Universidad aparecen las armas de Castilla y de León).

Por una parte, en 1254 el Papa promulga, a instancias del Rey, una bula declarando a Salamanca “Estudio General de la Cristiandad”, con lo cual sus graduados podían enseñar en todas partes, excepto París y Bolonia. Esta última restricción se eliminó en 1333. En 1954 se celebró el Séptimo Centenario de la Universidad. En realidad, era el centenario de la bula papal, puesto que la fundación propiamente dicha tuvo lugar en 1218. Por eso celebraremos el Octavo Centenario de la Universidad en 2018.

Además, Alfonso X el Sabio dotó a la Universidad de rentas y de cátedras. En torno a 1254 había cátedras de Derecho Canónico, Derecho Civil, Medicina, Lógica, Gramática y Música. Más tarde, en el siglo XIV, se incorporaron cátedras de Teología. Otro día nos ocuparemos de las rentas de la Universidad.

Pero lo más importante de todo es que el Rey Sabio reglamentó por primera vez la vida universitaria, en el Título XXXI de la Segunda Partida (del Código de las Siete Partidas), siendo muy probablemente la primera legislación específicamente universitaria de Occidente.  Y hoy vamos a ver algunas de las cuestiones más curiosas que dicen las Partidas sobre la Universidad, conservando, en lo posible, la lengua de entonces:

1. La definición

“Estudio es ayuntamiento de maestros et de escolares que es fecho en algún lugar con voluntad et con entendimiento de aprender los saberes”

Lo de “ayuntamiento” se presta a muchas interpretaciones. Pero lo importante es, como ya hemos visto anteriormente, el carácter de “Gremio” o de “Corporación” que se da, en conjunto, a maestros y escolares; Gremio que hoy conocemos como “Universidad”, término que significaba específicamente eso. Había una “Universidad del Estudio” como podía también haber una “Universidad de los Alfareros”. Con el tiempo el término “Universidad” por antonomasia quedó reservado a la Universidad del Estudio, la nuestra.

2. La ciudad del estudio

“De buen aire et de fermosas salidas debe seer la villa do quieren establescer el estudio, porque los maestros que muestran los saberes et los escolares que los aprenden vivan sanos, et en él puedan folgar et rescibir placer a la tarde cuando se levantaren cansados del estudio; et otrosí debe seer abondada de pan, et de vino, et de buenas posadas en que puedan morar et pasar su tiempo sin grant costa”

Si Salamanca es de “buen aire et de fermosas salidas” lo dejo a juicio del lector. Quizá el Rey Sabio se refería al momento de la tarde en que, cansados del estudio, los escolares pudieran salir a “folgar et rescibir placer”. Probablemente se refería a la activa vida nocturna de Salamanca, la conocida Salamanca-by-night o Salamanca-la-nuit. Porque desde luego lo que no se puede decir de Salamanca es que esté mal abastecida de vino (o de “buenas posadas”)

3. El Rector

“Otrosí pueden establecer de sí mesmos un mayoral sobre todos a que llaman rector, que quier decir como regidor del estudio, a que obedescan en las cosas que fueran convenibles, et guisadas et derechas. Et el rector debe castigar et apremiar a los escolares que no levanten bandos nin peleas con los homes de los logares do hicieren los estudios nin entre sí mesmos”

La definición de Rector como “mayoral” puede que choque un poco, pues ese término se refiere hoy día al primer oficial de una ganadería brava. Aunque viendo el comportamiento de algunas masas estudiantiles (y profesorales también) vemos que el Rey Sabio no andaba muy descaminado. Si no, que se lo pregunten a los “homes de los logares do hicieren los estudios”, es decir, a los salmantinos no universitarios.

4. El buen comportamiento de los escolares

“Ca los estudios para eso fueron establecidos, et non para andar de noche nin de dia armados, trabajándose de pelear o de facer otras locuras o maldades a daño de sí et estorbo de los logares do viven”

Ya sabéis: nada de hacer locuras o maldades o estorbos. Y menos de ir armados. A estudiar, que para eso los estudios fueron establecidos. Desconocía el Rey Sabio los botellones, porque si no algo hubiera dicho “dellos”.

5. El fuero universitario

“Los maestros que muestran las ciencias en los estudios pueden judgar sus escolares en los pleitos et en las demandas que hobieren unos contra otros, et en las otras que algunos homes les hiciesen que non fuesen sobre pleito de sangre; et non les deben demandar nin traer a juicio ante otro alcalle sin su placer dellos”

Esto fue históricamente una constante causa de querellas entre la Universidad y la Ciudad. Pues los estudiantes y los profesores eran juzgados por el Maestrescuela y no por la jurisdicción común. Quizá la revuelta estudiantil más intensa que se recuerda tuvo lugar en el siglo XVII, cuando un alcalde de la ciudad se atrevió a ejecutar a garrote a un estudiante después de juzgarlo sin tener en cuenta su fuero. Hubo más de una veintena de muertos, según parece.

6. El Bedel

“La universitat de los escolares debe haber un mensajero que llaman en latín bidellus; et su oficio deste atal es de andar por las escuelas pregonando las fiestas por mandado del mayoral del estudio; et si acaeciese que algunos quisiesen vender libros o comprar, devéngelo decir et desí debe andar él pregonando et deciendo que quien quiere tales libros que vaya a tal estación en que son puestos”

Para el Rey Sabio, el Bedel era el encargado de pregonar las fiestas y anunciar libros que estuvieran a la venta. Algo más tarde, fue función del Bedel inspeccionar las aulas para ver si el catedrático había acudido o no a clase. En caso de ausencia, el Bedel debía dar parte a la autoridad académica para que descontaran al catedrático absentista la parte correspondiente de su sueldo.

7. El Estacionario

“Estacionarios ha meester que haya en cada estudio general para seer complido, et que tenga en sus estaciones libros buenos, et legibles, et verdaderos de texto o de glosa, que los loguen los escolares para enxemplarios”

El Estacionario era el oficial encargado de cuidar los libros de la Universidad. En la Biblioteca antigua se puede ver cómo los libros venían provistos de argollas con las que encadenarlos a la pared para evitar tentaciones. Puede que os llame la atención el nombre de “Estacionario”. A quien tenga algo de idea de inglés, le recordará al término “Stationery”, que significa actualmente “Papelería”.


Para quien como yo ha vivido sucesivamente la Ley Ibáñez Martín, la Ley Villar-Palasí, la LRU, la LOU y la LOCE (y seguro que me olvido algunas), todas ellas de ordenación universitaria, las Partidas son un soplo de aire fresco. Basta por hoy.

domingo, 14 de junio de 2015

La Escuela de Salamanca

Hoy vamos a tratar de la conocida como “Escuela de Salamanca” que en torno a la figura de Fray Francisco de Vitoria se formó en nuestra Universidad. Hoy se la considera precursora tanto del Derecho Internacional como del Análisis Económico.

El gran economista Schumpeter, en su obra póstuma History of Economic Analysis, publicada en 1954, reivindicó el papel pionero en el Análisis Económico que desempeñaron los teólogos españoles del siglo XVI. Todos ellos, de una manera u otra, ejercieron su magisterio en la Universidad de Salamanca, y por ello se les conoce colectivamente hoy como “Escuela de Salamanca”.

A diferencia de la línea humanística de la que ya hemos tratado, los teólogos salmanticenses se aferran a la Escolástica tradicional en la línea de Santo Tomás de Aquino, postura en la que se aprecia una reacción frente a los avances de la Reforma Protestante. Se trata de una actualización del pensamiento tomista, haciendo énfasis sobre todo en sus consecuencias prácticas, que es lo que vino en llamarse “Teología positiva”. Los dominicos de la Escuela de Salamanca se distinguieron particularmente en el Concilio de Trento, punto de partida de la Contrarreforma. Si la Facultad de Artes fue el ámbito natural de los humanistas, la Facultad de Teología constituyó la sede central de la Escuela de Salamanca, así como el convento dominicano de San Esteban.

La figura central de la Escuela de Salamanca es el dominico Francisco de Vitoria. Tras una educación esmerada obtuvo la cátedra de Teología de la Universidad de Salamanca. No dejó una abundante obra escrita; sus ideas aparecen generalmente como contenido de relectiones o disputationes recopiladas por sus discípulos y que tenían lugar en la Universidad en un ambiente más informal y distendido que las habituales lectiones de cátedra. Sus enseñanzas influyeron, directa o indirectamente, sobre figuras de la importancia de Domingo de Soto, Melchor Cano, Martín de Azpilcueta, Tomás de Mercado, Luis de Molina y Francisco Suárez. Dado que estos dos últimos (jesuitas, y no dominicos) enseñaron en la Universidad de Coimbra, se suele hacer distinción, dentro de la Escuela de Salamanca, entre Salmanticenses y Conimbrigenses.

El concepto de Teología positiva se desarrolla en Salamanca a partir de dos líneas fundamentales. Una, la reflexión sobre la Conquista y sus consecuencias morales; otra, la distorsión radical que sufren los patrones económicos medievales ante la súbita expansión del mundo y de los mercados como consecuencia del Descubrimiento de América.


La Conquista y sus consecuencias morales

Las impresionantes revelaciones de Bartolomé de las Casas en su Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, precedida por su actividad frenética ante el Rey Católico y ante el Emperador para tratar de poner coto a los desmanes de los conquistadores, plantearon agudamente el problema de los títulos morales de la Conquista, por una parte, y por otra, el de los derechos de los indios. Estos problemas fueron recogidos por Vitoria y su escuela, que a la luz de la teología tomista elaboraron todo un cuerpo de doctrina en el que están las raíces del moderno Derecho Internacional y de los Derechos Humanos.

El orden natural implica la existencia de un Derecho Natural. Según este criterio, los hombres nacen libres e iguales (lo que se establece doscientos años antes que la Revolución Francesa) independientemente de su estado, de su religión o de cualquier otra circunstancia. Por tanto, los indios de América son titulares de derechos fundamentales e inalienables, y entre ellos, el de la propiedad de sus tierras y bienes y el de rechazar la conversión por la fuerza. De ahí deriva el establecimiento de los Justos Títulos, es decir, las razones morales que pueden justificar la actividad conquistadora, y el enunciado de la Justa Guerra, sobre la legitimidad del ejercicio de la violencia. Con respecto a los primeros, la Escuela de Salamanca rechaza de plano la bula de Alejandro VI que repartía el mundo entre españoles y portugueses, y la sustituye por ocho razones que pueden legitimar la Conquista; entre ellas, el derecho de todos los hombres a viajar libremente, a propagar la fe cristiana, a defender a cristianos ante ataques externos o ante delitos contra natura. En cuanto a la segunda, la Escuela plantea la defensa propia, la guerra preventiva ante un tirano, o el castigo de culpables. Ahora bien, la guerra debe asimismo ser proporcional a la injuria sufrida, existen límites morales absolutos sobre inocentes y ha de ser siempre el último recurso. En concreto, se declara injusta la guerra para convertir a infieles por la fuerza, o la que meramente busca el pillaje o la gloria de sus protagonistas. Todo ello constituye un Jus gentium, Derecho de Gentes, precursor de nuestro actual Derecho Internacional. Esta idea fue recogida y reelaborada años más tarde por el teólogo y filósofo jesuita Francisco Suárez, en su obra De Legibus ac Deo Legislatore, importante fuente para los posteriores desarrollos del Derecho Natural y del Derecho Internacional.

Las ideas de la Escuela de Salamanca salen públicamente a la luz con motivo de la conocida Controversia de Valladolid (1550), en la que Bartolomé de Las Casas y Ginés de Sepúlveda discutieron todos estos extremos, con la participación activa de los teólogos salmanticenses Domingo de Soto y Melchor Cano, discípulos de Vitoria, ya fallecido, y que apoyaron las tesis de Las Casas.  Consecuencia de la misma fue la revisión de las Leyes Nuevas de Indias de 1542. No es éste el lugar adecuado para discutir la posterior aplicación práctica de las mismas. Pero sí es conveniente señalar que la Escuela de Salamanca fue pionera, cuando no única, en reivindicar los derechos de los americanos nativos, y que esta preocupación tuvo consecuencias prácticas. Entre otras, el enfado del Emperador, de quien se dice que llegó a exclamar: “¡Que callen esos frailes!”.


El comienzo de un Análisis Económico

En 1517 un grupo de comerciantes españoles radicados en Amberes enviaron una consulta a Francisco de Vitoria sobre la legitimidad de la actividad mercantil dentro de la moral cristiana. En realidad, la moral católica medieval no veía con buenos ojos el comercio, y se consideraba que la usura (el cobro de un interés por dinero prestado) era lisa y llanamente pecado.

No es de extrañar, con estos principios, que gran parte de las ideas económicas de la Escuela de Salamanca se expresaran en Manuales para Confesores. Así, encontramos que las preocupaciones económicas de la Escuela se centraron, entre otras cosas, en la legitimidad de la propiedad privada, el dinero, el mercado, el valor de las cosas, los precios (con particular énfasis en la búsqueda del “Precio Justo”) y muy particularmente en el interés. No cristalizó todo ello en un cuerpo unitario de doctrina económica, pero sí que podemos ver en la Escuela de Salamanca los antecedentes remotos de conceptos de uso común y corriente hoy día, como el Libre Mercado, la Oferta y la Demanda, la Inflación, e incluso la famosa “Mano Invisible” de Adam Smith formulada doscientos años antes, aunque lógicamente en otros términos.

Una figura fundamental en el pensamiento económico de la Escuela de Salamanca fue el navarro Martín de Azpilcueta. Este autor supo ver en la abundancia de metales preciosos llegados de América la razón fundamental de la elevación de los precios (inflación) que sufrió España en particular durante el siglo XVI. Azpilcueta relacionó de esta manera la oferta monetaria con los precios, estableciendo así la relación entre el valor de las cosas y su escasez. Igualmente, en su tratado De Usuras y Simonía establece la licitud del interés ante el préstamo de dinero, considerando al dinero como una mercancía más, ofreciendo otras razones, como el lucro cesante, la participación en los beneficios del prestatario y la influencia del tiempo.

Los conceptos establecidos por Azpilcueta fueron reelaborados y profundizados más tarde por Luis de Molina y Diego de Covarrubias. Estos dos autores, además de la justificación del interés, inciden en la legitimidad de la propiedad privada sobre una base enteramente económica. Eso sí, en una línea plenamente tomista, Covarrubias aboga por una propiedad en común en momentos de grave escasez.

Dentro del pensamiento económico de la Escuela de Salamanca, es quizá Tomás de Mercado la figura en la que vemos un mayor afán sistematizador, particularmente en su obra Tratos y Contratos de Mercaderes y Tratantes, y la continuación de la misma en Suma de Tratos y Contratos, realizadas a instancias de los mercaderes sevillanos. En estas obras se recoge gran parte de los conceptos que hemos visto anteriormente, como la licitud del interés y de la propiedad privada y la teoría cuantitativa del dinero. Es muy conocida su definición del Precio Justo (cuestión de capital importancia en el pensamiento económico de la Escuela), que reza así: 

Es el que corre de contado públicamente y se usa esta semana y esta hora, como dicen en la plaza, no habiendo en ello fuerza ni engaño, aunque es más variable, según la experiencia enseña, que el viento

En la que vemos que describe al libre mercado, sin intervenciones ajenas.  La actual Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Salamanca honra como patrón a Tomás de Mercado, reconociendo así un puente entre la Universidad que fue y la que es.

La obra económica de la Escuela de Salamanca salió a la luz gracias al discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas del profesor José Larraz López, titulado El Cuantitativismo Monetario de la Escuela de Salamanca, leído en 1943 y recogido por el ya citado Schumpeter y por la profesora de Oxford Majorie Grice-Hutchison en su obra Early Economic Thought in Spain, de 1952.


sábado, 13 de junio de 2015

Humanistas salmanticenses

Este post, igual que el anterior, está especialmente dedicado a mis amigos de Facebook que son estudiantes de la Universidad de Salamanca. La rigidez de los planes de estudio nos impide hablar de cuestiones que no tienen cabida en los mismos, pero que sin embargo personalmente creo que tienen su importancia (aunque oficialmente no se le otorgue). Tal es el caso de la historia de nuestra Universidad. A lo largo de las próximas semanas, me propongo daros algunas pinceladas sobre la misma, sin seguir estrictamente una cronología, sino fijándonos en momentos particularmente brillantes o particularmente tristes, que de todo hay. Hoy me voy a centrar en los Humanistas Salmanticenses (ss. XV y XVI).

El primer gran salto intelectual de la Universidad de Salamanca coincide con lo que llamamos Renacimiento, coetáneo de la gran revolución comunicativa que supuso la imprenta (equiparable a lo que hoy es Internet), por una parte, y por otra, de la Reforma Protestante que sacudió a la Cristiandad a partir de los primeros años del siglo XVI. No en vano el icono más conocido de nuestra Universidad es su fachada, donde se reúnen prácticamente todos los símbolos del Renacimiento en honor del entonces Emperador, Carlos I de España y V de Alemania, y sobre los que algún día trataremos aquí mismo si es que esto cuaja, que espero que sí.

Los estudios más antiguos de la Universidad (heredados de la antigua Escuela Catedralicia) eran las llamadas Artes Liberales, esto es, el Trivium (Gramática, Dialéctica y Retórica) y el Quadrivium (Astronomía, Aritmética, Geometría y Música), que vienen a corresponder vagamente con nuestras modernas Letras y Ciencias. El título de Bachiller en Artes era condición indispensable para acceder a las llamadas Facultades Mayores (Leyes, Cánones, Teología y Medicina) que fueron establecidas más tarde, entre los siglos XIII y XIV. Con el tiempo, el Bachillerato en Artes pasó a ser, entre nosotros, el Bachillerato por antonomasia, pasando al nivel secundario del proceso educativo; y por tanto, el título de Bachiller perdió el significado universitario que en principio tuvo (no así en otros países, donde el título de Bachelor sigue siendo el primer escalón propiamente universitario). No obstante, en la Universidad de Salamanca se siguen considerando los estudios en Artes Liberales (Letras y Ciencias) los de mayor antigüedad, y por esa razón Letras y Ciencias, por este orden, ocupan una posición de privilegio sobre todas las demás Facultades en las ceremonias académicas.

Dentro del círculo de las Artes Liberales encontramos a los humanistas salmanticenses. Todos ellos cultivan en mayor o menor grado las Siete Artes; todos ellos muestran una altísima movilidad, bien hacia otros centros universitarios (París, Bolonia, Coimbra), bien hacia empleos externos, como preceptores o secretarios de la alta nobleza y del alto clero; o bien, dentro de la propia Universidad, entre diversas cátedras y enseñanzas; todos ellos, en fin, gozan de trato fluido con las grandes figuras políticas de la época. A esto se une una vasta producción escrita, multiplicada sin duda por la difusión de la imprenta. Trataré de sintetizar las principales líneas cultivadas por los humanistas en nuestra Universidad. No haré, por supuesto, una relación exhaustiva.

La Lengua

La preocupación por un latín pulcro y depurado, alejado de la “barbarie” medieval, corre pareja a la recuperación y traducción de fuentes clásicas. Pero al mismo tiempo, dada la inesperada expansión del mundo conocido con el Descubrimiento de América, los humanistas salmanticenses se centran asimismo en nuestra propia lengua, el castellano. Resulta ineludible aquí citar la figura de Elio Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática castellana, publicada precisamente en Salamanca. En su tantas veces citada dedicatoria a la reina Isabel, define a la lengua como “Compañera del Imperio”. Su preocupación, por tanto, es hacer del castellano un vehículo equiparable al latín, considerada entonces como lengua suprema y universal. La sistemática gramatical acerca el castellano a la perfección latina e incluso la supera.

Otras figuras importantes en este sentido fueron Francisco Sánchez de las Brozas (El Brocense) Baltasar de Céspedes y Gonzalo Correas.


El Imperio y la Cosmografía

El ya citado Nebrija mostró siempre un enorme interés por la Cosmografía, que se sintetiza en su obra In Cosmographiae Libros Introductorium, comentario a la obra clásica de Claudio Ptolomeo, el Almagesto, que llegó a Occidente a través de su versión arábiga. Nebrija trata aquí de la esfericidad de la Tierra, pero subestimando el tamaño del radio de la esfera terrestre (error que compartió con Cristóbal Colón). Se atribuye a Nebrija la estimación de la longitud de un meridiano terrestre, hecho que no está debidamente documentado.

En el interés salmanticense por la Cosmografía una figura central es Abraham Zacut, judío a quien afectó el Decreto de Expulsión de 1492. Salmantino de nacimiento, estudió y al parecer llegó a enseñar en la Universidad, siendo al mismo tiempo rabino de la Comunidad Hebrea de Salamanca. Protegido por el rector Gonzalo de Vivero, Zacut publicó unas Tablas Astronómicas (Almanach Perpetuum) que reputadamente fueron las más precisas de su tiempo. En una línea práctica, Zacut perfeccionó el astrolabio, el principal instrumento de navegación de la época. Expulsado de España, entró al servicio del rey Manuel de Portugal, siendo uno de los patrocinadores de la expedición de Vasco da Gama a la India. Terminó sus días en Turquía, tras haber huido de sucesivas persecuciones. Su vida y obra nos mueven a reflexionar sobre la inmensa tragedia que supuso la expulsión de los judíos, tanto para los que la sufrieron como para el desarrollo económico, social y científico de España. Existen en el actual Departamento de Matemáticas de la Universidad restos de la antigua sinagoga salmantina, en la que sin duda Abraham Zacut ejerció su magisterio rabínico. No es sorprendente que la actual biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Universidad lleve su nombre.

En esta línea debemos mencionar a Hernán Pérez de Oliva, autor, entre otras muchas obras, del Diálogo sobre la dignidad del hombre, en el que se plantea los nuevos interrogantes que surgen con la ampliación del mundo antiguo y medieval hacia América. Pérez de Oliva, estudiante, catedrático y Rector que fue de la Universidad, se preocupó asimismo por cuestiones de índole práctica, desde la navegabilidad del río Guadalquivir hasta la determinación de longitud y latitud, la esfericidad terrestre, la brújula (De magnete) y la naturaleza de la luz (Disputatio de Natura Luces et Luminis). Muy probablemente fue el inspirador de todos los motivos escultóricos que adornan las Escuelas Mayores (la Fachada, la Escalera y los Enigmas), que enlazan con el de la bóveda de la biblioteca realizada años antes por Fernando Gallego y que conocemos como “El Cielo de Salamanca”, que maravillaba a los visitantes de la época y nos sigue maravillando hoy en su ubicación actual en las Escuelas Menores.


Los Estudios Bíblicos

El estudio del hebreo fue asimismo una preocupación central de los humanistas salmanticenses del XVI. Conviene señalar aquí las especiales circunstancias de la época. La insistencia de Martín Lutero en la Biblia y su Libre Examen indujo en los países de la Contrarreforma una franca reticencia hacia los estudios bíblicos (la lectura de la Biblia estaba prohibida a los laicos), no exenta tampoco de reservas hacia cristianos nuevos procedentes del judaísmo (como Fray Luis de León y Santa Teresa, por ejemplo), quienes por supuesto conocían mucho mejor las fuentes originales. No obstante, en la Universidad de Salamanca los estudios bíblicos cobraron un extraordinario auge, y en los que la figura central es Fray Luis de León, cuya estatua preside con toda justicia el Patio de Escuelas de la Universidad.

Fray Luis alcanzó el grado de Maestro en Teología en Salamanca, siendo su padrino Domingo de Soto. Pronto Fray Luis publicó su Exposición del Cantar de los Cantares, en el que so pretexto de comentar la Canción de Salomón expone sus ideas sintéticas sobre la preeminencia de la Escritura, el Logos, sobre todo lo demás, incluidas por supuesto las fuentes de la Antigüedad. Fray Luis busca ante todo la literalidad del texto, emanado directamente de Dios. Magnífico conocedor del hebreo, no oculta sus críticas a la Vulgata de San Jerónimo, texto bíblico canónico en la Iglesia Católica. En la misma línea, publica La perfecta casada, obra inspirada en el Libro de los Proverbios. Vemos aquí cómo Fray Luis intenta y logra llevar a la lengua vulgar una difusión, siquiera parcial, de la Biblia. Es éste el mismo espíritu que alienta en su Exposición del Libro de Job y sobre todo, en su obra maestra De los nombres de Cristo.

Hebraísta, cristiano nuevo, difusor en lengua vulgar de la Biblia, agustino (ambas cosas al igual que Lutero) y por supuesto, fuertemente implicado en querellas académicas (una constante histórica en todas las universidades del mundo), Fray Luis fue presa fácil para la Inquisición. Denunciado por algunos de sus compañeros de claustro, sufrió cinco años de prisión en Valladolid hasta que el proceso se resolvió en sentido absolutorio. Reintegrado a la enseñanza, llegó a obtener su ansiada cátedra de Escritura, habiendo previamente desempeñado la de Prima de Teología. Dentro de su magna obra destacan también la edición de las obras de Santa Teresa (otra cristiana nueva) y sobre todo, su espléndida poesía, tanto la original como las traducciones de los clásicos, buscando siempre la precisión y la economía del lenguaje en la línea de su admirado Horacio. En ella se despliega ante el lector una armonía extremada de hondas raíces platónicas, que contrasta fuertemente con “el mundanal ruido” en el que se movió su vida universitaria.


Creo que ya es bastante por hoy. Espero comentarios y “feedback” de quienes hayáis tenido la paciencia de llegar hasta este punto.

Gaudeamus igitur

Este post va dedicado especialmente a mis amigos de Facebook que son estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca (aunque no excluyo a nadie, naturalmente). Ayer, aquí mismo en Facebook, vi que una estudiante amiga mía desconocía la existencia del himno universitario “Gaudeamus igitur”, y por eso pretendo darlo a conocer entre vosotros.

En realidad, este himno empezó a cantarse en Alemania en el siglo XVIII, pero la letra es mucho más antigua, y se remonta a un manuscrito fechado en 1267 que se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia, en París. Por la letra, escrita en latín medieval, vemos que el Gaudeamus pertenece claramente a la tradición goliárdica. ¿Quiénes eran los goliardos? Pues eran estudiantes vagabundos, que iban por toda Europa de universidad en universidad (vamos, unos Erasmus medievales, siglos XII-XIV) atraídos por el prestigio de los estudios y los profesores, o más comúnmente, por posibilidades de diversión y festejo. Por supuesto, todos ellos hacían burla y sátira de todo lo que se ponía por delante, ya fuera la Iglesia, el Imperio, las monarquías medievales o la burguesía ciudadana que comenzaba a despuntar en importancia. Por eso en la letra del Gaudeamus vamos a encontrar, por una parte, estrofas francamente “incorrectas”; y por otra, estrofas añadidas con posterioridad que son mucho más complacientes con la autoridad constituida. Con el tiempo, el Gaudeamus se ha convertido en el himno de todas las universidades del mundo, recobrando así ese espíritu de universalidad que debería unir a todo el Gremio del Estudio (pues no otra cosa significa “Universidad”), independientemente de sus orígenes nacionales. Este espíritu supranacional fue la tónica general de todas las universidades europeas hasta el siglo XVI. En la Universidad de Salamanca, como en casi todas las universidades, el canto del Gaudeamus cierra todos los actos solemnes (aperturas de curso, doctorados Honoris causa, etc.)

Hay muchísimas estrofas del Gaudeamus. En la Universidad de Salamanca, se cantan las tres siguientes:


Gaudeamus igitur
juvenes dum sumus! [bis]
Post jucundam juventutem,
Post molestam senectutem,
nos habebit humus. [bis]

Vivat Academia
vivant Professores! [bis]
vivat membrum quodlibet,
vivant membra quaelibet
omnes sint in flore.[bis]

Vivat et Res publica
et qui illam regit! [bis]
Vivat nostra civitas,
maecaenatum charitas,
quae nos hic protegit. [bis]

Y su traducción (un tanto libre):

¡Alegrémonos, pues,
mientras seamos jóvenes!
Tras la alegre juventud,
Tras la molesta vejez,
nos poseerá la tierra.

¡Viva la Universidad!
¡Vivan los profesores!
¡Vivan todos y cada uno
de sus miembros!
Florezcan todos ellos.

Y viva nuestra república
y quien la gobierna.
Viva nuestra ciudad
y la caridad de los mecenas
que aquí nos protege.

Como veis, la primera estrofa pertenece al grupo “incorrecto”, pues nos incita a divertirnos, ahora que somos jóvenes, pues al final todos seremos polvo (nada de vida eterna, pues). Las dos siguientes son mucho más convencionales.

De los muchos Gaudeamus que se pueden encontrar en You Tube he elegido uno, cantado por los miembros antiguos y actuales del Coro Universitario de Salamanca entre 1950 y 2010, en la escalinata del Colegio de Anaya, y dirigidos por mi buen amigo y compañero el Prof. Bernardo García-Bernalt.

Un Gaudeamus particularmente solemne (y sinfónico) aparece como final de la “Obertura para un festival académico” de Johannes Brahms (1833-1897), quien lo compuso con ocasión de su nombramiento como Doctor Honoris Causa de la Universidad de Breslau (hoy Wroclaw, en Polonia).

Pero hay otra interesantísima relación del Gaudeamus. La cantata “Carmina Burana” de Carl Orff (1895-1982) se basa también en textos goliárdicos. Esta vez un manuscrito alemán fechado entre los siglos XII y XIII. En la letra, francamente irreverente y divertida, podéis ver el espíritu goliardo en su plenitud. Además, seguro que reconoceréis la música del primer canto, “O Fortuna”. Podéis encontrar en YouTube tanto la Obertura de Brahms como Carmina Burana de Orff, por si os interesan.


Pero lo realmente importante es que os deis cuenta de que pertenecemos a una tradición auténticamente secular, que se remonta al siglo XII, la Universidad del Estudio. No lo olvidéis nunca.

El enlace es:
https://www.youtube.com/watch?v=2SnwjHABIaI