martes, 30 de junio de 2015

Elio Antonio de Nebrija, Debelador de la Barbarie

Seguimos con esos retazos de la historia de la Universidad de Salamanca, especialmente dedicados a mis amig@s del Face que son alumn@s de la Universidad. Comprendo que están en unos momentos (exámenes) no muy proclives a historias de ningún tipo. No obstante, ahí va.

Cuando hace unos días publiqué un post dedicado a los Humanistas de la Universidad de Salamanca mencioné, y ahora creo que muy de pasada, la figura de Elio Antonio de Nebrija. No quedé satisfecho porque ésta es en verdad una figura de primera magnitud. Hoy intento reparar la poca importancia que le di el otro día.

Nebrija nació en la que hoy conocemos como Lebrija, en la provincia de Sevilla. Esto, años más tarde, dio pie a que alguno de los numerosos enemigos que cosechó a lo largo de su vida comentaran sarcásticamente “¿Cómo un andaluz puede con su Gramática darnos lecciones sobre el castellano?”. Y vaya que si las dio. Dejando aparte muchos otros detalles de su vida, Nebrija fue un auténtico animal universitario de los pies a la cabeza, y con un aire de “modernidad” que hoy nos sigue sorprendiendo en pleno siglo XXI.

Quien va de moderno en la Universidad no suele ser muy popular entre sus compañeros. Becario en Bolonia (en el Colegio de San Clemente de los Españoles), Nebrija tenía en sus manos todos los triunfos para ser cordialmente odiado por el estamento universitario. Formación extranjera, en el Olimpo científico de entonces (la Italia del Renacimiento y de los Humanistas), un vivo y presumiblemente mordaz ingenio, un carácter peleón y pendenciero, una bajísima opinión de sus colegas y sobre todo, una obra ingente, cumbre del Humanismo español. Destaca sobre todo su Gramática de la Lengua Castellana, primera en su género y modelo para muchas otras lenguas “vulgares”, con la que equipara nuestra lengua a la “perfección” del latín. Hizo también importantes contribuciones astronómicas, entre otras muchísimas cosas. Por si esto fuera poco, cultivaba las Nuevas Tecnologías (trabajó como impresor, tradición que continuaron sus hijos) y tenía un fácil acceso a la Reina Isabel la Católica y a importantes personajes de la España de entonces. Asumió el título de "Debelador de la Barbarie". Entiéndase que para Nebrija, "barbarie" era la seudociencia que profesaban sus compañeros de claustro. Un detalle curioso que me comunicó el profesor Hinojo, gran estudioso de la obra de Nebrija, es que aborrecía el término “Universidad”, pues le parecía demasiado medieval y por tanto, “bárbaro”. El prefería “Enciclopedia”, con raíces griegas, que era lo “cool” de aquel entonces.

Todos estos triunfos fueron jugados por Nebrija con contundencia y resultados previsibles. Por cinco veces opositó a la cátedra de Prima de Gramática de la Universidad de Salamanca, habiéndola  ganado cuatro y abandonado otras tantas por un mejor empleo - "en la empresa", diríamos hoy - y a la quinta y última, en la cumbre de su potencia intelectual, le suspendieron para dársela a un recién graduado. El monumental enfado de Nebrija sólo debió ser superado por el morboso regocijo de sus colegas.

A todo esto, el Cardenal Cisneros, en su flamante y recién fundada Universidad de Alcalá (al poder siempre le interesó crear universidades “modernas” frente a dinosaurios como Salamanca) le ofreció una cátedra "para que enseñara lo que quisiese, y si no quisiese, que no enseñara". Es decir, el paraíso terrenal del profesor universitario. Nebrija, naturalmente, aceptó.


Pero en Salamanca honramos su memoria con una inscripción en la calle Libreros, precisamente donde tuvo su casa y su imprenta, así como una estatua suya en la Plaza de la Merced, frente a la Facultad de Ciencias. También hay un medallón en la Plaza Mayor dedicado a Nebrija.


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