Seguimos con esos retazos de la historia de la Universidad de
Salamanca, especialmente dedicados a mis amig@s del Face que son alumn@s de la
Universidad. Comprendo que están en unos momentos (exámenes) no muy proclives a
historias de ningún tipo. No obstante, ahí va.
Cuando hace unos días publiqué un post dedicado a los Humanistas de la
Universidad de Salamanca mencioné, y ahora creo que muy de pasada, la figura de
Elio Antonio de Nebrija. No quedé satisfecho porque ésta es en verdad una
figura de primera magnitud. Hoy intento reparar la poca importancia que le di
el otro día.
Nebrija nació en la que hoy conocemos como Lebrija, en la provincia de
Sevilla. Esto, años más tarde, dio pie a que alguno de los numerosos enemigos
que cosechó a lo largo de su vida comentaran sarcásticamente “¿Cómo un andaluz
puede con su Gramática darnos lecciones sobre el castellano?”. Y vaya que si
las dio. Dejando aparte muchos otros detalles de su vida, Nebrija fue un
auténtico animal universitario de los pies a la cabeza, y con un aire de
“modernidad” que hoy nos sigue sorprendiendo en pleno siglo XXI.
Quien va de moderno en la Universidad no suele ser muy popular entre
sus compañeros. Becario en Bolonia (en el Colegio de San Clemente de los
Españoles), Nebrija tenía en sus manos todos los triunfos para ser cordialmente
odiado por el estamento universitario. Formación extranjera, en el Olimpo
científico de entonces (la Italia del Renacimiento y de los Humanistas), un
vivo y presumiblemente mordaz ingenio, un carácter peleón y pendenciero, una
bajísima opinión de sus colegas y sobre todo, una obra ingente, cumbre del
Humanismo español. Destaca sobre todo su Gramática de la Lengua Castellana,
primera en su género y modelo para muchas otras lenguas “vulgares”, con la que
equipara nuestra lengua a la “perfección” del latín. Hizo también importantes
contribuciones astronómicas, entre otras muchísimas cosas. Por si esto fuera
poco, cultivaba las Nuevas Tecnologías (trabajó como impresor, tradición que
continuaron sus hijos) y tenía un fácil acceso a la Reina Isabel la Católica y
a importantes personajes de la España de entonces. Asumió el título de
"Debelador de la Barbarie". Entiéndase que para Nebrija,
"barbarie" era la seudociencia que profesaban sus compañeros de
claustro. Un detalle curioso que me comunicó el profesor Hinojo, gran estudioso
de la obra de Nebrija, es que aborrecía el término “Universidad”, pues le
parecía demasiado medieval y por tanto, “bárbaro”. El prefería “Enciclopedia”,
con raíces griegas, que era lo “cool” de aquel entonces.
Todos
estos triunfos fueron jugados por Nebrija con contundencia y resultados
previsibles. Por cinco veces opositó a la cátedra de Prima de Gramática de la
Universidad de Salamanca, habiéndola
ganado cuatro y abandonado otras tantas por un mejor empleo - "en
la empresa", diríamos hoy - y a la quinta y última, en la cumbre de su
potencia intelectual, le suspendieron para dársela a un recién graduado. El
monumental enfado de Nebrija sólo debió ser superado por el morboso regocijo de
sus colegas.
A todo esto, el Cardenal Cisneros, en su flamante y recién fundada
Universidad de Alcalá (al poder siempre le interesó crear universidades
“modernas” frente a dinosaurios como Salamanca) le ofreció una cátedra
"para que enseñara lo que quisiese, y si no quisiese, que no
enseñara". Es decir, el paraíso terrenal del profesor universitario.
Nebrija, naturalmente, aceptó.
Pero en Salamanca honramos su memoria con una inscripción en la calle
Libreros, precisamente donde tuvo su casa y su imprenta, así como una estatua
suya en la Plaza de la Merced, frente a la Facultad de Ciencias. También hay un
medallón en la Plaza Mayor dedicado a Nebrija.

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