sábado, 13 de junio de 2015

Humanistas salmanticenses

Este post, igual que el anterior, está especialmente dedicado a mis amigos de Facebook que son estudiantes de la Universidad de Salamanca. La rigidez de los planes de estudio nos impide hablar de cuestiones que no tienen cabida en los mismos, pero que sin embargo personalmente creo que tienen su importancia (aunque oficialmente no se le otorgue). Tal es el caso de la historia de nuestra Universidad. A lo largo de las próximas semanas, me propongo daros algunas pinceladas sobre la misma, sin seguir estrictamente una cronología, sino fijándonos en momentos particularmente brillantes o particularmente tristes, que de todo hay. Hoy me voy a centrar en los Humanistas Salmanticenses (ss. XV y XVI).

El primer gran salto intelectual de la Universidad de Salamanca coincide con lo que llamamos Renacimiento, coetáneo de la gran revolución comunicativa que supuso la imprenta (equiparable a lo que hoy es Internet), por una parte, y por otra, de la Reforma Protestante que sacudió a la Cristiandad a partir de los primeros años del siglo XVI. No en vano el icono más conocido de nuestra Universidad es su fachada, donde se reúnen prácticamente todos los símbolos del Renacimiento en honor del entonces Emperador, Carlos I de España y V de Alemania, y sobre los que algún día trataremos aquí mismo si es que esto cuaja, que espero que sí.

Los estudios más antiguos de la Universidad (heredados de la antigua Escuela Catedralicia) eran las llamadas Artes Liberales, esto es, el Trivium (Gramática, Dialéctica y Retórica) y el Quadrivium (Astronomía, Aritmética, Geometría y Música), que vienen a corresponder vagamente con nuestras modernas Letras y Ciencias. El título de Bachiller en Artes era condición indispensable para acceder a las llamadas Facultades Mayores (Leyes, Cánones, Teología y Medicina) que fueron establecidas más tarde, entre los siglos XIII y XIV. Con el tiempo, el Bachillerato en Artes pasó a ser, entre nosotros, el Bachillerato por antonomasia, pasando al nivel secundario del proceso educativo; y por tanto, el título de Bachiller perdió el significado universitario que en principio tuvo (no así en otros países, donde el título de Bachelor sigue siendo el primer escalón propiamente universitario). No obstante, en la Universidad de Salamanca se siguen considerando los estudios en Artes Liberales (Letras y Ciencias) los de mayor antigüedad, y por esa razón Letras y Ciencias, por este orden, ocupan una posición de privilegio sobre todas las demás Facultades en las ceremonias académicas.

Dentro del círculo de las Artes Liberales encontramos a los humanistas salmanticenses. Todos ellos cultivan en mayor o menor grado las Siete Artes; todos ellos muestran una altísima movilidad, bien hacia otros centros universitarios (París, Bolonia, Coimbra), bien hacia empleos externos, como preceptores o secretarios de la alta nobleza y del alto clero; o bien, dentro de la propia Universidad, entre diversas cátedras y enseñanzas; todos ellos, en fin, gozan de trato fluido con las grandes figuras políticas de la época. A esto se une una vasta producción escrita, multiplicada sin duda por la difusión de la imprenta. Trataré de sintetizar las principales líneas cultivadas por los humanistas en nuestra Universidad. No haré, por supuesto, una relación exhaustiva.

La Lengua

La preocupación por un latín pulcro y depurado, alejado de la “barbarie” medieval, corre pareja a la recuperación y traducción de fuentes clásicas. Pero al mismo tiempo, dada la inesperada expansión del mundo conocido con el Descubrimiento de América, los humanistas salmanticenses se centran asimismo en nuestra propia lengua, el castellano. Resulta ineludible aquí citar la figura de Elio Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática castellana, publicada precisamente en Salamanca. En su tantas veces citada dedicatoria a la reina Isabel, define a la lengua como “Compañera del Imperio”. Su preocupación, por tanto, es hacer del castellano un vehículo equiparable al latín, considerada entonces como lengua suprema y universal. La sistemática gramatical acerca el castellano a la perfección latina e incluso la supera.

Otras figuras importantes en este sentido fueron Francisco Sánchez de las Brozas (El Brocense) Baltasar de Céspedes y Gonzalo Correas.


El Imperio y la Cosmografía

El ya citado Nebrija mostró siempre un enorme interés por la Cosmografía, que se sintetiza en su obra In Cosmographiae Libros Introductorium, comentario a la obra clásica de Claudio Ptolomeo, el Almagesto, que llegó a Occidente a través de su versión arábiga. Nebrija trata aquí de la esfericidad de la Tierra, pero subestimando el tamaño del radio de la esfera terrestre (error que compartió con Cristóbal Colón). Se atribuye a Nebrija la estimación de la longitud de un meridiano terrestre, hecho que no está debidamente documentado.

En el interés salmanticense por la Cosmografía una figura central es Abraham Zacut, judío a quien afectó el Decreto de Expulsión de 1492. Salmantino de nacimiento, estudió y al parecer llegó a enseñar en la Universidad, siendo al mismo tiempo rabino de la Comunidad Hebrea de Salamanca. Protegido por el rector Gonzalo de Vivero, Zacut publicó unas Tablas Astronómicas (Almanach Perpetuum) que reputadamente fueron las más precisas de su tiempo. En una línea práctica, Zacut perfeccionó el astrolabio, el principal instrumento de navegación de la época. Expulsado de España, entró al servicio del rey Manuel de Portugal, siendo uno de los patrocinadores de la expedición de Vasco da Gama a la India. Terminó sus días en Turquía, tras haber huido de sucesivas persecuciones. Su vida y obra nos mueven a reflexionar sobre la inmensa tragedia que supuso la expulsión de los judíos, tanto para los que la sufrieron como para el desarrollo económico, social y científico de España. Existen en el actual Departamento de Matemáticas de la Universidad restos de la antigua sinagoga salmantina, en la que sin duda Abraham Zacut ejerció su magisterio rabínico. No es sorprendente que la actual biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Universidad lleve su nombre.

En esta línea debemos mencionar a Hernán Pérez de Oliva, autor, entre otras muchas obras, del Diálogo sobre la dignidad del hombre, en el que se plantea los nuevos interrogantes que surgen con la ampliación del mundo antiguo y medieval hacia América. Pérez de Oliva, estudiante, catedrático y Rector que fue de la Universidad, se preocupó asimismo por cuestiones de índole práctica, desde la navegabilidad del río Guadalquivir hasta la determinación de longitud y latitud, la esfericidad terrestre, la brújula (De magnete) y la naturaleza de la luz (Disputatio de Natura Luces et Luminis). Muy probablemente fue el inspirador de todos los motivos escultóricos que adornan las Escuelas Mayores (la Fachada, la Escalera y los Enigmas), que enlazan con el de la bóveda de la biblioteca realizada años antes por Fernando Gallego y que conocemos como “El Cielo de Salamanca”, que maravillaba a los visitantes de la época y nos sigue maravillando hoy en su ubicación actual en las Escuelas Menores.


Los Estudios Bíblicos

El estudio del hebreo fue asimismo una preocupación central de los humanistas salmanticenses del XVI. Conviene señalar aquí las especiales circunstancias de la época. La insistencia de Martín Lutero en la Biblia y su Libre Examen indujo en los países de la Contrarreforma una franca reticencia hacia los estudios bíblicos (la lectura de la Biblia estaba prohibida a los laicos), no exenta tampoco de reservas hacia cristianos nuevos procedentes del judaísmo (como Fray Luis de León y Santa Teresa, por ejemplo), quienes por supuesto conocían mucho mejor las fuentes originales. No obstante, en la Universidad de Salamanca los estudios bíblicos cobraron un extraordinario auge, y en los que la figura central es Fray Luis de León, cuya estatua preside con toda justicia el Patio de Escuelas de la Universidad.

Fray Luis alcanzó el grado de Maestro en Teología en Salamanca, siendo su padrino Domingo de Soto. Pronto Fray Luis publicó su Exposición del Cantar de los Cantares, en el que so pretexto de comentar la Canción de Salomón expone sus ideas sintéticas sobre la preeminencia de la Escritura, el Logos, sobre todo lo demás, incluidas por supuesto las fuentes de la Antigüedad. Fray Luis busca ante todo la literalidad del texto, emanado directamente de Dios. Magnífico conocedor del hebreo, no oculta sus críticas a la Vulgata de San Jerónimo, texto bíblico canónico en la Iglesia Católica. En la misma línea, publica La perfecta casada, obra inspirada en el Libro de los Proverbios. Vemos aquí cómo Fray Luis intenta y logra llevar a la lengua vulgar una difusión, siquiera parcial, de la Biblia. Es éste el mismo espíritu que alienta en su Exposición del Libro de Job y sobre todo, en su obra maestra De los nombres de Cristo.

Hebraísta, cristiano nuevo, difusor en lengua vulgar de la Biblia, agustino (ambas cosas al igual que Lutero) y por supuesto, fuertemente implicado en querellas académicas (una constante histórica en todas las universidades del mundo), Fray Luis fue presa fácil para la Inquisición. Denunciado por algunos de sus compañeros de claustro, sufrió cinco años de prisión en Valladolid hasta que el proceso se resolvió en sentido absolutorio. Reintegrado a la enseñanza, llegó a obtener su ansiada cátedra de Escritura, habiendo previamente desempeñado la de Prima de Teología. Dentro de su magna obra destacan también la edición de las obras de Santa Teresa (otra cristiana nueva) y sobre todo, su espléndida poesía, tanto la original como las traducciones de los clásicos, buscando siempre la precisión y la economía del lenguaje en la línea de su admirado Horacio. En ella se despliega ante el lector una armonía extremada de hondas raíces platónicas, que contrasta fuertemente con “el mundanal ruido” en el que se movió su vida universitaria.


Creo que ya es bastante por hoy. Espero comentarios y “feedback” de quienes hayáis tenido la paciencia de llegar hasta este punto.

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