domingo, 14 de junio de 2015

La Escuela de Salamanca

Hoy vamos a tratar de la conocida como “Escuela de Salamanca” que en torno a la figura de Fray Francisco de Vitoria se formó en nuestra Universidad. Hoy se la considera precursora tanto del Derecho Internacional como del Análisis Económico.

El gran economista Schumpeter, en su obra póstuma History of Economic Analysis, publicada en 1954, reivindicó el papel pionero en el Análisis Económico que desempeñaron los teólogos españoles del siglo XVI. Todos ellos, de una manera u otra, ejercieron su magisterio en la Universidad de Salamanca, y por ello se les conoce colectivamente hoy como “Escuela de Salamanca”.

A diferencia de la línea humanística de la que ya hemos tratado, los teólogos salmanticenses se aferran a la Escolástica tradicional en la línea de Santo Tomás de Aquino, postura en la que se aprecia una reacción frente a los avances de la Reforma Protestante. Se trata de una actualización del pensamiento tomista, haciendo énfasis sobre todo en sus consecuencias prácticas, que es lo que vino en llamarse “Teología positiva”. Los dominicos de la Escuela de Salamanca se distinguieron particularmente en el Concilio de Trento, punto de partida de la Contrarreforma. Si la Facultad de Artes fue el ámbito natural de los humanistas, la Facultad de Teología constituyó la sede central de la Escuela de Salamanca, así como el convento dominicano de San Esteban.

La figura central de la Escuela de Salamanca es el dominico Francisco de Vitoria. Tras una educación esmerada obtuvo la cátedra de Teología de la Universidad de Salamanca. No dejó una abundante obra escrita; sus ideas aparecen generalmente como contenido de relectiones o disputationes recopiladas por sus discípulos y que tenían lugar en la Universidad en un ambiente más informal y distendido que las habituales lectiones de cátedra. Sus enseñanzas influyeron, directa o indirectamente, sobre figuras de la importancia de Domingo de Soto, Melchor Cano, Martín de Azpilcueta, Tomás de Mercado, Luis de Molina y Francisco Suárez. Dado que estos dos últimos (jesuitas, y no dominicos) enseñaron en la Universidad de Coimbra, se suele hacer distinción, dentro de la Escuela de Salamanca, entre Salmanticenses y Conimbrigenses.

El concepto de Teología positiva se desarrolla en Salamanca a partir de dos líneas fundamentales. Una, la reflexión sobre la Conquista y sus consecuencias morales; otra, la distorsión radical que sufren los patrones económicos medievales ante la súbita expansión del mundo y de los mercados como consecuencia del Descubrimiento de América.


La Conquista y sus consecuencias morales

Las impresionantes revelaciones de Bartolomé de las Casas en su Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, precedida por su actividad frenética ante el Rey Católico y ante el Emperador para tratar de poner coto a los desmanes de los conquistadores, plantearon agudamente el problema de los títulos morales de la Conquista, por una parte, y por otra, el de los derechos de los indios. Estos problemas fueron recogidos por Vitoria y su escuela, que a la luz de la teología tomista elaboraron todo un cuerpo de doctrina en el que están las raíces del moderno Derecho Internacional y de los Derechos Humanos.

El orden natural implica la existencia de un Derecho Natural. Según este criterio, los hombres nacen libres e iguales (lo que se establece doscientos años antes que la Revolución Francesa) independientemente de su estado, de su religión o de cualquier otra circunstancia. Por tanto, los indios de América son titulares de derechos fundamentales e inalienables, y entre ellos, el de la propiedad de sus tierras y bienes y el de rechazar la conversión por la fuerza. De ahí deriva el establecimiento de los Justos Títulos, es decir, las razones morales que pueden justificar la actividad conquistadora, y el enunciado de la Justa Guerra, sobre la legitimidad del ejercicio de la violencia. Con respecto a los primeros, la Escuela de Salamanca rechaza de plano la bula de Alejandro VI que repartía el mundo entre españoles y portugueses, y la sustituye por ocho razones que pueden legitimar la Conquista; entre ellas, el derecho de todos los hombres a viajar libremente, a propagar la fe cristiana, a defender a cristianos ante ataques externos o ante delitos contra natura. En cuanto a la segunda, la Escuela plantea la defensa propia, la guerra preventiva ante un tirano, o el castigo de culpables. Ahora bien, la guerra debe asimismo ser proporcional a la injuria sufrida, existen límites morales absolutos sobre inocentes y ha de ser siempre el último recurso. En concreto, se declara injusta la guerra para convertir a infieles por la fuerza, o la que meramente busca el pillaje o la gloria de sus protagonistas. Todo ello constituye un Jus gentium, Derecho de Gentes, precursor de nuestro actual Derecho Internacional. Esta idea fue recogida y reelaborada años más tarde por el teólogo y filósofo jesuita Francisco Suárez, en su obra De Legibus ac Deo Legislatore, importante fuente para los posteriores desarrollos del Derecho Natural y del Derecho Internacional.

Las ideas de la Escuela de Salamanca salen públicamente a la luz con motivo de la conocida Controversia de Valladolid (1550), en la que Bartolomé de Las Casas y Ginés de Sepúlveda discutieron todos estos extremos, con la participación activa de los teólogos salmanticenses Domingo de Soto y Melchor Cano, discípulos de Vitoria, ya fallecido, y que apoyaron las tesis de Las Casas.  Consecuencia de la misma fue la revisión de las Leyes Nuevas de Indias de 1542. No es éste el lugar adecuado para discutir la posterior aplicación práctica de las mismas. Pero sí es conveniente señalar que la Escuela de Salamanca fue pionera, cuando no única, en reivindicar los derechos de los americanos nativos, y que esta preocupación tuvo consecuencias prácticas. Entre otras, el enfado del Emperador, de quien se dice que llegó a exclamar: “¡Que callen esos frailes!”.


El comienzo de un Análisis Económico

En 1517 un grupo de comerciantes españoles radicados en Amberes enviaron una consulta a Francisco de Vitoria sobre la legitimidad de la actividad mercantil dentro de la moral cristiana. En realidad, la moral católica medieval no veía con buenos ojos el comercio, y se consideraba que la usura (el cobro de un interés por dinero prestado) era lisa y llanamente pecado.

No es de extrañar, con estos principios, que gran parte de las ideas económicas de la Escuela de Salamanca se expresaran en Manuales para Confesores. Así, encontramos que las preocupaciones económicas de la Escuela se centraron, entre otras cosas, en la legitimidad de la propiedad privada, el dinero, el mercado, el valor de las cosas, los precios (con particular énfasis en la búsqueda del “Precio Justo”) y muy particularmente en el interés. No cristalizó todo ello en un cuerpo unitario de doctrina económica, pero sí que podemos ver en la Escuela de Salamanca los antecedentes remotos de conceptos de uso común y corriente hoy día, como el Libre Mercado, la Oferta y la Demanda, la Inflación, e incluso la famosa “Mano Invisible” de Adam Smith formulada doscientos años antes, aunque lógicamente en otros términos.

Una figura fundamental en el pensamiento económico de la Escuela de Salamanca fue el navarro Martín de Azpilcueta. Este autor supo ver en la abundancia de metales preciosos llegados de América la razón fundamental de la elevación de los precios (inflación) que sufrió España en particular durante el siglo XVI. Azpilcueta relacionó de esta manera la oferta monetaria con los precios, estableciendo así la relación entre el valor de las cosas y su escasez. Igualmente, en su tratado De Usuras y Simonía establece la licitud del interés ante el préstamo de dinero, considerando al dinero como una mercancía más, ofreciendo otras razones, como el lucro cesante, la participación en los beneficios del prestatario y la influencia del tiempo.

Los conceptos establecidos por Azpilcueta fueron reelaborados y profundizados más tarde por Luis de Molina y Diego de Covarrubias. Estos dos autores, además de la justificación del interés, inciden en la legitimidad de la propiedad privada sobre una base enteramente económica. Eso sí, en una línea plenamente tomista, Covarrubias aboga por una propiedad en común en momentos de grave escasez.

Dentro del pensamiento económico de la Escuela de Salamanca, es quizá Tomás de Mercado la figura en la que vemos un mayor afán sistematizador, particularmente en su obra Tratos y Contratos de Mercaderes y Tratantes, y la continuación de la misma en Suma de Tratos y Contratos, realizadas a instancias de los mercaderes sevillanos. En estas obras se recoge gran parte de los conceptos que hemos visto anteriormente, como la licitud del interés y de la propiedad privada y la teoría cuantitativa del dinero. Es muy conocida su definición del Precio Justo (cuestión de capital importancia en el pensamiento económico de la Escuela), que reza así: 

Es el que corre de contado públicamente y se usa esta semana y esta hora, como dicen en la plaza, no habiendo en ello fuerza ni engaño, aunque es más variable, según la experiencia enseña, que el viento

En la que vemos que describe al libre mercado, sin intervenciones ajenas.  La actual Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Salamanca honra como patrón a Tomás de Mercado, reconociendo así un puente entre la Universidad que fue y la que es.

La obra económica de la Escuela de Salamanca salió a la luz gracias al discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas del profesor José Larraz López, titulado El Cuantitativismo Monetario de la Escuela de Salamanca, leído en 1943 y recogido por el ya citado Schumpeter y por la profesora de Oxford Majorie Grice-Hutchison en su obra Early Economic Thought in Spain, de 1952.


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