sábado, 18 de abril de 2015

Algunas de mis publicaciones

I. Artículos de divulgación


1. Inmortalidad: de Platón a la telomerasa

2. Dos historias de la vida, 1. La Generación Espontánea

3. Dos historias de la vida, 2. La Fermentación Alcohólica

4. En torno a la Transgénesis

5. El Origen de la Vida:


II. Ensayos

1. Mis ideas estéticas

2. Mis ideas religiosas

3. El Método Científico
https://dl.dropboxusercontent.com/u/68882648/El_Metodo_Cientifico.pdf

4. El Principio del Futuro: Una hipótesis
https://dl.dropboxusercontent.com/u/68882648/El_Principio_del_Futuro.pdf

5. La Percepción Pública de la Ciencia (lección inaugural del curso 2001-2002 en la Universidad de Salamanca):

6. Patrimonio Cultural y Científico de la Universidad de Salamanca
https://dl.dropboxusercontent.com/u/68882648/Battaner_Patrimonio_CyC_USAL.pdf

7. Medicina y Bioquímica: Historia, Paradigmas y Modelos (discurso de ingreso en la Real Academia de Medicina de Salamanca, 2008):



III. Textos

1. Biomoléculas

2. Compendio de Enzimología

3. Metabolismo



IV. Informes Programa Docentia


1. Portafolio docente

2. Informe del profesor


viernes, 17 de abril de 2015

SETI (Search for Extraterrestial Intelligence)

Lunes, 5 de Enero de 2015

Desde hace unas semanas, coincidiendo con las vacaciones de Navidad, he entrado a participar en el programa SETI@home. Consiste en una forma distribuida de computación dedicada a la búsqueda de Inteligencia Extraterrestre. Veamos: la cantidad de información que recogen actualmente los radiotelescopios es inmensa. Tanto, que los ordenadores de los centros de investigación astrofísica no pueden dedicarse a procesar datos en busca de muchas cuestiones que podrían ser interesantes, como la citada; hay otras prioridades científicas. Por ello, desde hace unos años (en concreto, desde 1999) se concibió hacer participar de forma voluntaria a todos aquellos particulares provistos de un ordenador y conexión a Internet. Éstos ponen a su disposición la CPU de su ordenador durante el tiempo que deseen (un mínimo de dos horas semanales) mientras que los datos y el software con que procesarlos son  enviados automáticamente por el centro de coordinación que radica en la Universidad de California en Berkeley. Los datos son procesados por tu ordenador y enviados nuevamente al centro de coordinación.

¿Qué busca SETI@home? Básicamente, señales de radio de banda estrecha que puedan llegar desde el Cosmos. Parece ser que no hay ningún proceso natural capaz de generar este tipo de señales, por lo que la detección de una fuente de las mismas podría ser indicativa de una civilización extraterrestre. Hay otras maneras de procesar la información; por ejemplo, Astropulse. En este caso se buscan pulsos de banda ancha y de corta duración. Éstos pueden ser indicativos de inteligencia extraterrestre o bien de entidades cósmicas interesantes como estrellas de neutrones o agujeros negros.

Sea como sea, se trata, como dicen sus propios creadores, de encontrar la legendaria aguja en un pajar. Pero creo que merece la pena.

En primer lugar, por el propio concepto de computación distribuida. Hace años escribí un ensayo sobre el impacto del ordenador personal sobre nuestra civilización. Eran tiempos anteriores a la Internet y todo lo que ello implica. Pero el tema central que desarrollé sigue siendo de actualidad, a saber: lo que ha logrado el ordenador personal es una razón cerebro/máquina muchísimo más alta que la existente en aquellos tiempos pioneros (la década de los 70) en los que los ordenadores eran artefactos grandes (ocupaban una o varias habitaciones), terriblemente lentos según nuestra actual visión del asunto, engorrosos en su input y en su output, y servidos por un personal muy dedicado y competente pero proclive a constituir una especie de casta sacerdotal. “Con un poco de suerte podremos procesar tus datos el mes que viene”, mantra bastante repetido, indicaba a las claras que aquellas máquinas (o viejos cacharros, hablando cinematográficamente) sólo podían hacer uso del cerebro humano de una forma muy limitada. Todo cambió con el ordenador personal. El cerebro es un órgano increíble; es capaz de reconocer patrones, de elaborar conceptos abstractos, de imaginar, de teorizar y de poner a prueba sus teorías; pero es desesperadamente lento en materia de cálculo y muy limitado en cuanto a capacidad de memoria. Todo lo contrario ocurre con la máquina. Poniendo una máquina a la entera disposición de un cerebro (lo que ocurre con la informática personal), cuando quiera o como quiera, se obtiene un enorme salto no ya cuantitativo, sino cualitativo. Desde entonces (me refiero a los primeros ’80 del siglo pasado) el progreso ha sido exponencial: basta con mencionar el fenómeno Internet (en el que hoy no entraré) o cómo la informática no sólo es actualmente personal, sino también portátil (en forma de smartphones) y la llevamos hoy día metida en el bolsillo.

La enorme difusión que han tenido los ordenadores personales da pie a otro tipo de fenómeno del que hace amplio uso el programa SETI (y como veremos, otros programas similares). Cada usuario personal, particular, dispone hoy día de una capacidad de cálculo a través de su máquina que en la inmensa mayoría de los casos no utiliza. Estando, por otra parte, todos los ordenadores personales interconectados a través de Internet, cálculos muy complejos y consumidores de tiempo a partir de datos científicos pueden ser distribuidos a millones de usuarios que ni siquiera notan que su CPU está procesando datos SETI (por supuesto, el usuario puede interrumpir el proceso cuando así lo desee). De esta manera no sólo buscamos inteligencia extraterrestre, sino también estudiamos el comportamiento teórico de partículas subatómicas, calculamos trayectorias de asteroides potencialmente peligrosos, indagamos en la dinámica de la distribución epidémica del Ebola, calculamos estructuras de proteínas y ácidos nucleicos, probamos in silico el comportamiento de nuevos fármacos y muchísimo más. Para quien esté interesado, puede ir a http://setiathome.berkeley.edu/index.php.


Sobre la Historia de España

Domingo, 4 de Enero de 2015

A los españoles no nos falta Historia; simplemente no queremos conocerla. No sé si los estragos causados por una Leyenda Negra que, como todas las verdades a medias, tiene una enorme credibilidad, o la propia incultura desgraciadamente generalizada entre los españoles, o el nefasto sistema educativo que padecemos, han sido los causantes de este lamentable estado de cosas. Probablemente sea la confluencia, en mayor o menor grado, de todos estos factores. Algo parecido ocurre con los símbolos nacionales, solo que aquí vemos el reflejo de nuestro acendrado cainismo. Lo que es bandera para unos, es abominación para otros; y un himno carente de letra (al menos, oficial), y que al igual que la bandera, lo es de media España y no de la otra. Mi particular punto de vista es el siguiente: prefiero, por razones históricas, pero sobre todo estéticas, la bandera bicolor (que lo fue también de la Primera República, no lo olvidemos); del escudo desterraría coronas reales y sobre todo, esas flores de lis que nos plantan en su centro (supongo que habrá términos heráldicos más precisos para describirlo). Y en cuanto al himno, ni la Marcha Real ni el Himno de Riego me satisfacen. Creo que una buena jota (que no sólo es aragonesa o navarra, sino patrimonio de todo, absolutamente todo, el folklore patrio) cumpliría perfectamente ese cometido enardecedor que tanto envidiamos a los franceses con su Marsellesa o a los polacos con su Mazurka de Dabrowsky. Además, la facilidad que tiene una jota para ser acompañada de palmas acompasadas quedaría muy bien en un estadio repleto ante un gran evento deportivo; mucho mejor, incluso, que las disciplinadas palmas con que el distinguido público de la Musikverein vienesa acompaña a la ritual marcha de Radetzky en el no menos ritual Concierto de Año Nuevo. Ejemplos: la jota de la Vida Breve, la del Sombrero de Tres Picos, la de la Dolores, la de Gigantes y Cabezudos, etc. Y en cuanto a la letra, móntese un concurso en Twitter o Facebook. Pero volvamos a la Historia.

Para empezar, tenemos el problema de cuándo empieza la Historia de España. Que si con la romanización completa de la Península bajo Augusto (lo que dio lugar a una cronología que se mantuvo hasta bien entrada la Edad Media, la de la Era Hispánica). Que si con la unificación llevada a cabo por Leovigildo de toda la Hispania visigótica. Que si con la unificación de los Reyes Católicos, acompañada de la anexión de Navarra, de la toma de Granada y de la conquista de Canarias. Que si con los Decretos de Nueva Planta. Que si con la Constitución de 1978, y así ad infinitum. No faltan, desde luego, aproximaciones más pintorescas a este problema. Desde quienes defienden una españolidad nacida allá por los remotos tiempos de Argantonio, Gárgoris y Habidis, hasta los vascos, siempre tan suyos, cuyo origen – dicen con toda seriedad – se remonta a Túbal, hijo de Jafet, hijo de Noé (no sólo los vascos; tubalistas ha habido también entre los demás españoles).

Esta incompleta enumeración muestra a las claras las discrepancias sobre el particular. La romanización de la Península por las legiones de Augusto no es bien acogida por quienes, entre nosotros, presumen de no haber sido nunca romanizados (que de todo hay) o de quienes fueron las principales víctimas del proceso, cántabros y astures. Leovigildo levanta asimismo pasiones, tanto en algunos celtas que van de suevos como en la España católica que vio en ese rey el perseguidor de la Verdadera Fe, hasta el punto de ordenar la muerte de su hijo, el rebelde Hermenegildo. No digamos los Reyes Católicos. En el momento de escribir estas líneas, me llegan noticias de la contestación en Granada a la conmemoración de la Conquista que tiene lugar todos los años el primero de Enero; se habla incluso de “genocidio” contra el pueblo “andaluz”. En Canarias, se quejan del atropello a la etnia guanche, aunque, al igual que en la América hispana, sean los descendientes de los atropelladores (ampliamente mezclados con los atropellados desde el punto de vista genético) quienes se quejan del atropello. Para qué hablar, en este año 2015 (y aún peor, en 2014) de unos Decretos de Nueva Planta que, entre otras cosas, permitieron el despegue económico de Cataluña. Y 1978… es el “candado” para ese conjunto de universitarios progres de la Complutense que pueden libremente predicar contra esa Constitución que quieren derogar (pero a su amparo), y que fue elaborada entre otros, no lo olvidemos, por generaciones que de verdad sufrieron censura y persecución durante la Segunda Dictadura del siglo XX.

Y así sucede con toda la Historia de nuestra sufrida Nación. Cualquier hecho histórico es visto con una multiplicidad de interpretaciones, las más de las veces negativas. Una negatividad que algunas veces viene de fuera, pero que en la mayoría de los casos viene de dentro; bien sea por mimetismo papanatas hacia lo transpirenaico o bien como reacción a aquello que creen ser patrimonio de sus particulares enemigos políticos.

En resumen: el problema del origen de España debería preocuparnos tanto como a los ingleses les preocupa el origen de Inglaterra, es decir, nada. Y si podemos remontar histórica y científicamente el origen hasta Túbal, pues tanto mejor. Limitémonos a contarlo y a tolerar interpretaciones, que después de todo, no creo que nos den de comer en estos tiempos de dificultades económicas.


De Música

Sábado, 3 de Enero de 2015

Desde la mismísima infancia he vivido pegado a la música. Mis padres me procuraron una educación musical que, en retrospectiva, de poco me sirvió personalmente. Para la música (sea como compositor o como intérprete) se necesitan aptitudes que yo no tengo, aunque me haya esforzado en algunos momentos en tratar de sacarlas adelante. Lo que he querido decir es que la Música (esta vez, con mayúsculas) es la que más me ha atraído de todas las Bellas Artes, tanto plásticas como escénicas. Y la música que me atrae es la llamada erróneamente “clásica” o “culta”, que yo considero la única música que vale la pena. Un ejemplo: sólo en la Flauta Mágica de Mozart hay cien veces más música que en toda la obra de los Beatles. Es mi opinión, lo siento si no es de vuestro agrado. Puedo admitir el valor melódico de muchas canciones del mundo pop (por ejemplo, Abba o los propios Beatles, o Elvis). Pero indefectiblemente me pregunto qué hubieran podido hace con esas melodías Mozart, Beethoven, Bach, etc.; o dentro de un enfoque más aproximado a la realidad, qué lieder podría haber compuesto Schubert.

La Plástica es una percepción bella de Espacio, y la Música una percepción bella de Tiempo. En ambos casos se trata de artefactos, es decir, hay una mano humana detrás como causa eficiente. En ese sentido, el Arte en general es no-natural, puesto que es una creación humana. El Arte transciende de la Naturaleza, va más allá. Impresiones bellas de Espacio y Tiempo se pueden encontrar en la propia Naturaleza, pero no son Arte. El Arte es específicamente humano.  Esta definición general entronca con lo que se ha dado en llamar abstracción. Si por abstracción en el Arte entendemos la no-sujeción a modelos tomados de la Naturaleza, podemos encontrar belleza tanto en la Plástica abstracta como en la Música abstracta. Aunque, en verdad, encontrar belleza en la pintura abstracta cuesta mucho más que en la Música; pues ésta, en toda su historia, ha demostrado ser mucho más abstracta. ¿Qué correlato natural podemos ver en El Clave Bien Temperado de J.S.Bach? ¿O en las suites para violoncelo solo del mismo autor? Sin embargo, en ambos casos experimentamos una sensación bella de Tiempo, absolutamente alejada de nuestra experiencia.

Las percepciones naturales de Tiempo, en la experiencia humana, son lo que llamamos “Estados de Ánimo”. La Música, en su variante concreta (entendiendo esto como antónimo de abstracto), tiende a imitar, o a profundizar en, estados de ánimo. Como tales define Beethoven, por ejemplo, el primer movimiento de la Sinfonía nº 6 (Pastoral) o bien la Sonata para piano nº 23 (Appasionata). Pero ¿Qué estado de ánimo podemos encontrar en su Sonata nº 29 (Hammerklavier), que es abstracción pura? Podríamos poner innumerables ejemplos de lo uno y de lo otro.

Ahora bien: creo que en mucha música “culta” actual, en particular la que se recrea en el informalismo o en la atonalidad, y que pretende ser paralela al informalismo abstracto en Pintura, no hay belleza alguna. Ya se encargó Schönberg de estropearlo; aunque debemos señalar la responsabilidad que corresponde en ese desastre a gentes como Mahler, Bruckner o el mismo Wagner. Las sendas seguidas por Ravel y Debussy, por un lado; o por Orff y Richard Strauss, al otro lado del Rin, o por Shostakovich en la Rusia soviética, o por Gershwin y Copland allende el Atlántico, me reconcilian con la música contemporánea (en la medida en que podamos llamar a todos estos compositores “contemporáneos”; yo me entiendo). Igualmente me reconcilia lo que yo considero la Gran Música del Siglo XX, que no es otra que la que puebla las bandas sonoras de tantas buenas películas de Hollywood.

Algunos grandes compositores se han preguntado a veces sobre las limitaciones de la música; y suelen llegar a la conclusión de que queda a falta de voz humana. Tal fue el caso de Beethoven en su Novena Sinfonía, ejemplo del que hizo siempre uso Richard Wagner al enunciar su principio del Arte Total, traducido en sus óperas. Podría citar también a dos músicos totales, Bach y Mozart, en este mismo sentido; aunque ellos no fueran conscientes de ello. Bach, en sus Pasiones, o en sus innumerables cantatas, introduce la voz humana a mayor gloria de Dios, para recordarnos que esa música excelsa está compuesta en Su Honor. Mozart, por su parte, busca en los libretos que le suministraban Da Ponte o Schikaneder pretextos para componer arias, duetos o coros en los que la voz humana es un instrumento más de un ente musical completo, y a mi juicio, generalmente perfecto. Creo, por tanto, que la Música no necesita necesariamente de la poesía ligada a la voz humana. Es un Arte completa en sí misma.

He terminado por hoy, pero no, ni mucho menos, con la Música. A ella volveremos.


jueves, 16 de abril de 2015

¡Ah de las esferas!

Domingo, 12 de Abril de 2015

En uno de tus posts, Marián, [Marián Fraile Basanta] vi que en los comentarios se deslizaba repetidamente esa figura literaria que llamamos oxímoron. Y en la luminosa oscuridad de la noche pensé que no puedo resistirme a la tentación de haceros partícipes de un oxímoron que me resulta particularmente grato y que aparece en el villancico “Ah de las esferas” de Juan Antonio de Aragüés, catedrático y maestro de capilla de la Universidad de Salamanca allá por 1741. Entre sus obligaciones figuraba componer la música de capilla para todas las fiestas académicas (que entonces eran casi tantas como ahora). Es así como en mi Universidad (y la tuya, y la de Nieves Llamazares, y la de muchos de mis amigos) existe un importantísimo fondo de música, por supuesto totalmente desconocido. Afortunadamente, mi compañero de claustro Bernardo García-Bernalt, que dirige la Academia de Música Antigua y el Coro de Cámara de la Universidad de Salamanca, lo va resucitando. Y aquí está el oxímoron: en esta pieza que os adjunto, la letra del estribillo dice:

“¡Ah de las esferas!
¡Ah del cielo, donde
el hielo se enciende,
hielan los ardores!
¡Qué pasmo, qué asombro!
repiten las aves,
se admiran las flores”

Se trata de una composición en tres partes. La tercera es la repetición de la primera; pero en la mejor tradición del barroco, en ésta última se permite el lucimiento de la solista (Raquel Andueza, soprano), que hace una repetición mucho más ornamentada. Espero que os guste. Se trata de un video de You Tube (con un poquito de publicidad al principio): https://www.youtube.com/watch?v=FF_sQjXfca4


Germinal

1 de Germinal de CCXXIII, 20 de Marzo de 2015, día del equinoccio de primavera.

Hoy, 20 de Marzo de 2015, a las 22.45 h UTC (23.45 hora peninsular española) tendrá lugar el equinoccio de primavera para el hemisferio Norte, y de otoño para el hemisferio Sur; esto es, el momento en el que el Sol, en su trayectoria aparente hacia el Este con respecto a las estrellas (la Eclíptica) atraviesa el ecuador celeste, en la constelación de Piscis. En este punto, la duración del día iguala a la de la noche en todo el planeta. El equinoccio de primavera coincide aproximadamente con el inicio del mes Germinal en el calendario republicano francés. Este calendario otorga a los meses nombres muy evocativos, por ejemplo: Vendimiario (la vendimia), Nivoso (la nieve), Floreal (las flores), Mesidor (las mieses). Fueron ideados por el poeta revolucionario Fabre d’Églantine, dos años antes de morir en la guillotina junto a Danton, a cuya facción pertenecía. Pese a su pretendida universalidad y racionalidad, el calendario republicano tiene sus inconvenientes: es difícil, por ejemplo, imaginar el mes Nivoso en la Amazonia, o Vendimiario en Groenlandia; aparte de que no resulta válido para el hemisferio Sur, en el que las estaciones del año son exactamente las contrarias. Pero para mí, Germinal, el primer mes de la primavera, es un nombre de lo más sugerente. Germinal nos evoca el Germen, el Desarrollo Ontogénico en el mundo viviente, la Gran Evolución, tanto filogénica como cosmológica; incluso a esos homínidos primitivos reunidos en torno al germen de la inteligencia humana que nos presenta Stanley Kubrick en “2001, una odisea espacial” (seamos justos: según una novela de Arthur C. Clarke). Émile Zola dio el título de “Germinal” a una de sus más conocidas novelas, en la que describe las luchas sociales de los mineros franceses del carbón en el s. XIX. Posiblemente el autor vio en todo ello el germen de los grandes movimientos sociales que se han vivido en el s. XX. En 1993 Claude Berri la llevó a la gran pantalla.

Os deseo un feliz Germinal… y de paso, una feliz República.

Para quien desee más detalles sobre el calendario republicano francés, recomiendo el artículo de Wikipedia:

http://es.wikipedia.org/wiki/Calendario_republicano_franc%C3%A9s


IDi vs AVE

La reciente propuesta del Prof. Garicano, autor principal del programa económico de Ciudadanos, relativa a “Menos infraestructuras (AVE en particular), y más I+D+i” ha levantado una respetable polémica y me ha hecho reflexionar (lo cual, a mi edad, es de agradecer a título preventivo). Venciendo mi resistencia a hablar de opciones políticas, y menos en este año electoral, he de decir que estoy totalmente de acuerdo con él. I+D+i (Investigación, Desarrollo e Innovación) puede que no produzca efectos a corto plazo; pero a la larga, lo uno es inconmensurable con lo otro. Cuando salieron a la luz los Philosophiae Naturalis Principia Mathematica de Isaac Newton (1687), lo más probable es que el público pensara “¿Para qué demonios sirve eso?”. Unos años más tarde, en el siglo XVIII que vio la Ilustración, en España se construyó, comenzando en 1753, el Canal de Castilla (obra utilísima, benemérita y aplaudida en su tiempo, sin duda). ¿Qué queda hoy? de Newton, toda la Mecánica y sus aplicaciones, toda la Revolución Industrial y una explicación global del Cosmos, por citar algo. Del Canal de Castilla, una atracción para turistas. Es decir, Newton ha producido mucho más progreso y bienestar para la humanidad que el Canal de Castilla (que, insisto, fue muy útil en su tiempo). Con esto quiero llamar la atención sobre el hecho de que la inversión en Investigación y Desarrollo es, a la larga, infinitamente más productiva que en infraestructuras (porque éstas, al cabo del tiempo, pierden su utilidad); y eso por no hablar de la relación coste/beneficio. ¿Significa esto que se debe suprimir toda la inversión en infraestructuras? La respuesta, una vez más, nos la da el poeta latino Horacio: EST MODUS IN REBUS. Moderación en todo (traducción libérrima), y convenientemente alejados de los maximalismos a que nos tiene acostumbrados la confrontación política.