viernes, 17 de abril de 2015

De Música

Sábado, 3 de Enero de 2015

Desde la mismísima infancia he vivido pegado a la música. Mis padres me procuraron una educación musical que, en retrospectiva, de poco me sirvió personalmente. Para la música (sea como compositor o como intérprete) se necesitan aptitudes que yo no tengo, aunque me haya esforzado en algunos momentos en tratar de sacarlas adelante. Lo que he querido decir es que la Música (esta vez, con mayúsculas) es la que más me ha atraído de todas las Bellas Artes, tanto plásticas como escénicas. Y la música que me atrae es la llamada erróneamente “clásica” o “culta”, que yo considero la única música que vale la pena. Un ejemplo: sólo en la Flauta Mágica de Mozart hay cien veces más música que en toda la obra de los Beatles. Es mi opinión, lo siento si no es de vuestro agrado. Puedo admitir el valor melódico de muchas canciones del mundo pop (por ejemplo, Abba o los propios Beatles, o Elvis). Pero indefectiblemente me pregunto qué hubieran podido hace con esas melodías Mozart, Beethoven, Bach, etc.; o dentro de un enfoque más aproximado a la realidad, qué lieder podría haber compuesto Schubert.

La Plástica es una percepción bella de Espacio, y la Música una percepción bella de Tiempo. En ambos casos se trata de artefactos, es decir, hay una mano humana detrás como causa eficiente. En ese sentido, el Arte en general es no-natural, puesto que es una creación humana. El Arte transciende de la Naturaleza, va más allá. Impresiones bellas de Espacio y Tiempo se pueden encontrar en la propia Naturaleza, pero no son Arte. El Arte es específicamente humano.  Esta definición general entronca con lo que se ha dado en llamar abstracción. Si por abstracción en el Arte entendemos la no-sujeción a modelos tomados de la Naturaleza, podemos encontrar belleza tanto en la Plástica abstracta como en la Música abstracta. Aunque, en verdad, encontrar belleza en la pintura abstracta cuesta mucho más que en la Música; pues ésta, en toda su historia, ha demostrado ser mucho más abstracta. ¿Qué correlato natural podemos ver en El Clave Bien Temperado de J.S.Bach? ¿O en las suites para violoncelo solo del mismo autor? Sin embargo, en ambos casos experimentamos una sensación bella de Tiempo, absolutamente alejada de nuestra experiencia.

Las percepciones naturales de Tiempo, en la experiencia humana, son lo que llamamos “Estados de Ánimo”. La Música, en su variante concreta (entendiendo esto como antónimo de abstracto), tiende a imitar, o a profundizar en, estados de ánimo. Como tales define Beethoven, por ejemplo, el primer movimiento de la Sinfonía nº 6 (Pastoral) o bien la Sonata para piano nº 23 (Appasionata). Pero ¿Qué estado de ánimo podemos encontrar en su Sonata nº 29 (Hammerklavier), que es abstracción pura? Podríamos poner innumerables ejemplos de lo uno y de lo otro.

Ahora bien: creo que en mucha música “culta” actual, en particular la que se recrea en el informalismo o en la atonalidad, y que pretende ser paralela al informalismo abstracto en Pintura, no hay belleza alguna. Ya se encargó Schönberg de estropearlo; aunque debemos señalar la responsabilidad que corresponde en ese desastre a gentes como Mahler, Bruckner o el mismo Wagner. Las sendas seguidas por Ravel y Debussy, por un lado; o por Orff y Richard Strauss, al otro lado del Rin, o por Shostakovich en la Rusia soviética, o por Gershwin y Copland allende el Atlántico, me reconcilian con la música contemporánea (en la medida en que podamos llamar a todos estos compositores “contemporáneos”; yo me entiendo). Igualmente me reconcilia lo que yo considero la Gran Música del Siglo XX, que no es otra que la que puebla las bandas sonoras de tantas buenas películas de Hollywood.

Algunos grandes compositores se han preguntado a veces sobre las limitaciones de la música; y suelen llegar a la conclusión de que queda a falta de voz humana. Tal fue el caso de Beethoven en su Novena Sinfonía, ejemplo del que hizo siempre uso Richard Wagner al enunciar su principio del Arte Total, traducido en sus óperas. Podría citar también a dos músicos totales, Bach y Mozart, en este mismo sentido; aunque ellos no fueran conscientes de ello. Bach, en sus Pasiones, o en sus innumerables cantatas, introduce la voz humana a mayor gloria de Dios, para recordarnos que esa música excelsa está compuesta en Su Honor. Mozart, por su parte, busca en los libretos que le suministraban Da Ponte o Schikaneder pretextos para componer arias, duetos o coros en los que la voz humana es un instrumento más de un ente musical completo, y a mi juicio, generalmente perfecto. Creo, por tanto, que la Música no necesita necesariamente de la poesía ligada a la voz humana. Es un Arte completa en sí misma.

He terminado por hoy, pero no, ni mucho menos, con la Música. A ella volveremos.


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