jueves, 7 de agosto de 2008

Summertime

De una manera casi imperceptible ha ingresado en mi cabeza, para no salir de ella en una buena temporada, la bellísima canción de cuna Summertime, un leitmotiv de Porgy and Bess, la gran ópera de George Gershwin. Me ha ayudado Internet: En YouTube encontré una deslumbrante Summertime interpretada por Ella Fitzgerald y Louis Armstrong. También en Internet encontré la letra de la canción, debida a Ira Gershwin, hermano de George; y la Wikipedia, en fin, me suministró numerosos datos interesantes sobre la canción y su circunstancia.

Las experiencias estéticas no aparecen bajo conjuro (tampoco Satanás, al parecer). He podido oír Summertime a lo largo de mi vida miles de veces, pero ese inenarrable momento en el que la belleza de una obra de arte se abre explosivamente en la propia percepción, en el que uno queda anonadado ante esa simetría indescriptible de la obra maestra, sólo ocurre raras veces, inesperadamente, aunque la experiencia pueda persistir días e incluso años. Tal me ha ocurrido a mí con Summertime. He tenido otras experiencias similares en mi vida. Muy parecido fue mi primer contacto con Richard Wagner, en el Preludio de Das Rheingold, del que quizá hable algún día. Hoy toca Summertime.

¿Qué suscita, qué me sugiere, qué me ilumina en Summertime? Veo la negritud afroamericana en un Sur decadente, combinación formidable de estética e historia; veo algo de lo más negro de la historia humana, el tráfico de esclavos y sus consecuencias; veo sin embargo la fecundación recíproca de los pueblos y razas, la trascendencia de la creatividad humana, junto con esa fuente inagotable de belleza que es la canción de cuna como género, ese canto casi épico a la vida que surge al mundo con una inevitable promesa de mejora.

No hay duda de que el Sur de los Estados Unidos es un vivero inagotable de inspiración artística, desde el jazz a la prosa sensible de un Truman Capote o a la intensidad dramática de un Tennessee Williams (por no mencionar la versión cinematográfica de su A Streetcar Called Desire). Ignorantes hay en Europa que minimizan la aportación al Arte de ese gran país. Hoy he mencionado a su Profundo Sur; pero Este, Centro y Oeste, desde las grandes praderas hasta la voluntad arquitectónica de un Chicago; desde el Puente de Brooklyn hasta Ciudadano Kane, son asimismo depositarios de la auténtica clasicidad de los tiempos modernos. Estados Unidos es la actual Atenas de Pericles y no meramente la Roma Imperial, como algunos pretenden.

Para quien lo quiera compartir conmigo:

https://www.youtube.com/watch?v=h3kQt14_5OQ


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