Qué juego, blogero o columnario, dan los Juegos Olímpicos. Qué juego da China. Y juntando las dos cosas, para qué hablar.
Confieso que siempre me emociono mucho más al ver a la delegación griega encabezando el desfile de los doscientos y pico países (más de los que hay en la ONU) que participan en la cita olímpica que, por ejemplo, con la aparición de la antorcha y la escenografía aneja. Quiero explicarlo: Para ello, hagamos por una vez abstracción de todo lo que rodea a los Señores de los Anillos, como por ejemplo la monstruosidad comercial, mediática y nacionalista del Alto Deporte Moderno y quedémonos con algo de historia.
Los Juegos Olímpicos son un enlace que nos une al Mundo Antiguo, a la clasicidad griega y después grecorromana. a esa civilización, mestiza como todo lo grande de este mundo, que se bañó en el Mediterráneo y en torno al mismo estableció las bases sobre las que vivimos no sólo sus descendientes directos, sino todo el ancho mundo. Ha habido colonizaciones que han llevado a la aculturación de civilizaciones enteras; pero han sido sustituidas precisamente por ese conjunto de valores de lo que llamamos civilización occidental, desde el Arte por el Arte hasta el Derecho. No me toca a mí decir si fue mejor o peor; fue así, y así lo tenemos que vivir. Pues bien, la reunión olímpica es un recordatorio de todo aquello, de lo que debemos a los griegos, que con todo merecimiento histórico encabezan siempre el desfile. Y hemos visto Juegos en la Mesoamérica azteca y maya (México 1968); en el Imperio del Sol Naciente (Tokyo 1964) y ahora, en esa China milenaria que se asoma al mundo reclamando el sitio que siempre tuvo en la Historia, armada de una irrefrenable voluntad de modernidad. Esto es la prueba de la trascendencia de lo que se creó y se hizo en esas polis y en aquella Pax Romana.
Estamos todos impresionados con la China que nos muestran los Juegos. Estamos también cuestionando aspectos de la realidad sociopolítica de China. Estamos asimismo haciendo crítica de todo el tinglado mediático-deportivo a que antes me refería, y que llega a crear un tipo humano más cercano a los dioses que a los hombres, y como tal, poco humano (¿Hay estudios sobre la esperanza de vida de los atletas olímpicos?). Son tantas las impresiones que suscitan estos Juegos que es fácil perder la pista de su origen. Por eso quiero reivindicarlo aquí.
En la transmisión del evento inaugural nadie se tomó la molestia de explicar a los telespectadores por qué Grecia encabeza el desfile y por qué el himno olímpico se canta en griego. Aunque a decir verdad, el conocimiento de la cultura del país anfitrión – China, Zhong Guo, el Imperio Central – por parte de los presentadores era aún más lamentable que su incultura clásica. Más Deporte y menos Latín, dejó dicho un Ministro Secretario General del Movimiento en tiempos de la Dictadura. Y tras años de reivindicar Memorias Históricas resulta paradójico que sea precisamente en los Juegos Olímpicos donde veamos que aquella frase algo infame tiene más vigencia que nunca.
Más Deporte y Más Latín (o Griego)
Confieso que siempre me emociono mucho más al ver a la delegación griega encabezando el desfile de los doscientos y pico países (más de los que hay en la ONU) que participan en la cita olímpica que, por ejemplo, con la aparición de la antorcha y la escenografía aneja. Quiero explicarlo: Para ello, hagamos por una vez abstracción de todo lo que rodea a los Señores de los Anillos, como por ejemplo la monstruosidad comercial, mediática y nacionalista del Alto Deporte Moderno y quedémonos con algo de historia.
Los Juegos Olímpicos son un enlace que nos une al Mundo Antiguo, a la clasicidad griega y después grecorromana. a esa civilización, mestiza como todo lo grande de este mundo, que se bañó en el Mediterráneo y en torno al mismo estableció las bases sobre las que vivimos no sólo sus descendientes directos, sino todo el ancho mundo. Ha habido colonizaciones que han llevado a la aculturación de civilizaciones enteras; pero han sido sustituidas precisamente por ese conjunto de valores de lo que llamamos civilización occidental, desde el Arte por el Arte hasta el Derecho. No me toca a mí decir si fue mejor o peor; fue así, y así lo tenemos que vivir. Pues bien, la reunión olímpica es un recordatorio de todo aquello, de lo que debemos a los griegos, que con todo merecimiento histórico encabezan siempre el desfile. Y hemos visto Juegos en la Mesoamérica azteca y maya (México 1968); en el Imperio del Sol Naciente (Tokyo 1964) y ahora, en esa China milenaria que se asoma al mundo reclamando el sitio que siempre tuvo en la Historia, armada de una irrefrenable voluntad de modernidad. Esto es la prueba de la trascendencia de lo que se creó y se hizo en esas polis y en aquella Pax Romana.
Estamos todos impresionados con la China que nos muestran los Juegos. Estamos también cuestionando aspectos de la realidad sociopolítica de China. Estamos asimismo haciendo crítica de todo el tinglado mediático-deportivo a que antes me refería, y que llega a crear un tipo humano más cercano a los dioses que a los hombres, y como tal, poco humano (¿Hay estudios sobre la esperanza de vida de los atletas olímpicos?). Son tantas las impresiones que suscitan estos Juegos que es fácil perder la pista de su origen. Por eso quiero reivindicarlo aquí.
En la transmisión del evento inaugural nadie se tomó la molestia de explicar a los telespectadores por qué Grecia encabeza el desfile y por qué el himno olímpico se canta en griego. Aunque a decir verdad, el conocimiento de la cultura del país anfitrión – China, Zhong Guo, el Imperio Central – por parte de los presentadores era aún más lamentable que su incultura clásica. Más Deporte y menos Latín, dejó dicho un Ministro Secretario General del Movimiento en tiempos de la Dictadura. Y tras años de reivindicar Memorias Históricas resulta paradójico que sea precisamente en los Juegos Olímpicos donde veamos que aquella frase algo infame tiene más vigencia que nunca.
Más Deporte y Más Latín (o Griego)
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