Hoy me
siento entusiasmado y orgulloso. Porque hoy ha sido elegida mi querida hermana
Mari Paz para ocupar el sillón “s” de la Real Academia Española.
Creo que a
estas alturas de mi vida yo sería capaz de escribir un ensayo titulado “Elogio
de la hermana mayor”, pero dejémoslo en unas simples pinceladas.
Una hermana
mayor siempre es una bendición. Pero una hermana mayor como Mari Paz es un
tesoro. En primer lugar, la distancia: ni demasiado alejada como para ser de
otra generación ni tan cercana como para no poder beneficiarme de sus
experiencias. De manera que Mari Paz fue siempre para mí una cierta madre
espiritual. La distancia es tal que cuando ella cursaba el primer curso
universitario (Filosofía y Letras, especialidad Filología Románica) yo hacía el
primer curso del entonces bachillerato (equivalente a sexto de primaria en la
actualidad), de modo que ella fue para mí el reflejo fiel de lo que era la
Universidad. Viví casi en primera persona sus experiencias, de modo que yo
conocía con todo detalle a sus profesores y a sus asignaturas; vi las horas que
ella dedicaba al estudio, cuestión que me asombraba y que me previno sobre lo
que me esperaba cuando llegara mi turno; vi su reverencia por los auténticos
maestros; en fin, abrió para mí un mundo al que yo mismo habría de dedicarme
con el paso de los años. Pero no sólo fue el ejemplo. Fue también su
magisterio. Ella puso en mis manos los primeros (y posteriores) libros que leí,
desde las Leyendas de Bécquer hasta los relatos de Edgar Allan Poe. A modo de
ejemplo, conocí el mundo de Valle-Inclán porque ella hizo su tesina de
Licenciatura sobre el “Tirano Banderas” (y lo mismo con muchos otros mundos).
Ella me enseñó lo que era la buena y la mala literatura, la buena y la mala
lengua. Aunque yo seguí el camino de las Ciencias, primero; y de la Medicina,
después, ella modeló mi lado humanístico de tal forma que nunca me abandonó. Y
que hoy, a tantos años vista, agradezco de todo corazón por no haberme privado
de tanta belleza y tanta ciencia como hay en el mundo de las Letras. Ella
también despertó mi conciencia política, en aquellos tiempos oscuros. Bien es
verdad que en esto tuvimos ambos la suerte (así como mi otro hermano,
Sebastián, a quien también admiro desde una perspectiva diferente) de vivir en
un entorno creado por nuestros padres, en aquellos difíciles tiempos, de
ilustración y libertad, lo cual también fue un auténtico tesoro que nunca
agradeceré lo suficiente.
Por eso hoy,
junto con mi esposa Elena, y mis hijos Juan, Elena y Miguel; Kate, Jorge e
Itziar; con sus hijos Paz y César, Xavi y Beatriz, la siguiente generación, y
estoy seguro que con todos los Battaner (con be y dos tes) y los Arias, así como con todos mis amigos y los amigos de todos ellos,
nos alegramos de que Mari Paz ocupe su sillón en la R.A.E., desde donde cuidará
de limpiar, fijar y dar esplendor a nuestra hermosa lengua, lo que ella ya
llevaba haciendo desde muchísimo antes.
Un beso,
hermanita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario