Soy natural de Salamanca, donde nací en 1945. Hijo de Federico Battaner, un prestigioso comerciante en el campo de material eléctrico, radio, TV y electrodomésticos en Salamanca capital; y de Paz Arias, su esposa, que siempre fue un apoyo fiel a mi padre y en particular, tras la muerte de éste, continuó al frente del negocio familiar. Mis hermanos son María Paz y Sebastián, que, cada uno en su estilo, han supuesto siempre un ejemplo para mí (yo soy el pequeño). Estoy felizmente casado con Elena Moro Íñigo desde 1970 y tenemos tres hijos: Juan, Elena y Miguel. En este momento tenemos dos nietas y un nieto: Julia, Berta y Mateo.
Hice mis estudios de Primaria
y Bachillerato en el Colegio Marista de Salamanca (1951-1962). Igualmente, cursé la
Licenciatura de Medicina en la Universidad de Salamanca (1962-1968). Fue precisamente la
posibilidad de hacer investigación en Medicina lo que me decidió por esta carrera.
Desde el primer momento comprendí que estaba en el lugar adecuado.
A lo largo de la carrera de Medicina fui Alumno Interno de la Cátedra de
Anatomía que ocupaba el Prof.D.José María Genis Gálvez, a quien debo mi
iniciación a la investigación y mi primer contacto con lo que podríamos llamar
“Ciencia real” de trabajo en laboratorio, búsquedas bibliográficas,
publicaciones, etc. Creo que fue un magnífico punto de partida para mi carrera
posterior. Al terminar Medicina en Salamanca me trasladé a Madrid, al Instituto
de Biología Celular del CSIC, en donde hice mis estudios de doctorado bajo la
dirección del Prof. David Vázquez, una figura fundamental en el desarrollo de
la Bioquímica y Biología Molecular en España. Para mí fue una etapa no sólo
decisiva en mi vida profesional, sino que también marcó lo que pudiéramos
llamar mi actitud ante la Ciencia y ante la Sociedad. De esa época guardo un
recuerdo imborrable en cuanto a mi formación científica y a mi formación
humana. Terminado ese período, obtuve una beca Juan March de estudios en el
extranjero para realizar investigación postdoctoral en el Departamento de
Microbiología de la Washington University de St.Louis, MO, Estados Unidos, bajo
la dirección del Prof. David Schlessinger. Terminada dicha beca, continué allí
con otra beca, esta vez de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de los
Estados Unidos. Aprovecho esta ocasión para mostrar mi agradecimiento, una vez
más, a ambas instituciones, pero muy en particular a la Fundación Juan March,
que tanto hizo en aquel entonces para promover la investigación en España. A la
vuelta de Estados Unidos me incorporé al profesorado de la Facultad de Medicina
de la Universidad de Salamanca. y mis intereses investigadores cambiaron
radicalmente toda vez que pasé a dirigir el Servicio de Bioquímica del recién
inaugurado Hospital Clínico Universitario, con lo cual entré en el también
apasionante campo de la Bioquímica Clínica. Esta actividad se prolongó también
en mi siguiente destino, que fue la Cátedra de Bioquímica de la Universidad de
La Laguna, que obtuve en 1982. Allí permanecí seis años y me reintegré a la
Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca en 1988, en calidad de
catedrático, puesto en el que continué hasta mi jubilación. En 1990 fui
nombrado Vicerrector de Investigación en el equipo rectoral del Prof. Julio
Fermoso. Con ello mi vida profesional entró en una fase en la que un interés
fundamental fue la gestión universitaria, y que culminaría con mi acceso al
Rectorado de la Universidad en 2003.
Durante mi período de Alumno Interno, bajo la dirección del Prof. Genis en
el Departamento de Anatomía me integré plenamente en su equipo de
investigación, dedicado al desarrollo embrionario, y en el que un interés
fundamental era, en aquel preciso momento, trascender del ámbito puramente morfológico
en el estudio de la ontogenia e ir introduciendo metodologías bioquímicas y
moleculares en el mismo. Puedo decir, pues, que mi primer contacto con la
investigación bioquímica fue el estudio del desarrollo del cristalino del ojo,
pues nuestro equipo introdujo metodologías puramente químicas tales como el
análisis electroforético de proteínas y las determinaciones enzimáticas a lo
largo de la secuencia ontogénica de dicho órgano. Con ello mi carrera
científica se decantó definitivamente por la Bioquímica. El propio Prof. Genis,
así como el Prof. Rodríguez Villanueva, por aquel entonces recién incorporado a
la Universidad de Salamanca, me pusieron en contacto con el Prof. David
Vázquez, del Instituto de Biología Celular del CSIC en Madrid, adonde me trasladé
al terminar la carrera.
Los intereses fundamentales del grupo de investigación del Prof. Vázquez
eran (a) la biosíntesis de proteínas y (b) el modo de acción de antibióticos
activos sobre dicha biosíntesis. Desde el punto de vista meramente histórico se
trataba de un momento crucial. Tengamos en cuenta que a lo largo de la década
de los 60 del siglo pasado (y estamos hablando de 1968) se descifró el Código
Genético, y quedó establecido el llamado Dogma Central de la Biología Molecular
(ADN -> ARN -> Proteína). David me puso a trabajar a lo largo de dos
líneas bien definidas: Una, la síntesis de proteína de células eucarióticas
(hasta entonces prácticamente todo lo que se sabía sobre síntesis proteica se
había descubierto en bacterias, células procarióticas), y otra, el modo de
acción de antibióticos activos sobre dicha síntesis. El sistema que utilicé fue
la levadura Saccharomyces cerevisiae,
que es una célula eucariótica pero que sin embargo se puede cultivar de la
misma manera que las bacterias y por tanto es de muy fácil uso experimental. Mi
trabajo consistió en diseñar sistemas de estudio de las diferentes fases de la
síntesis de proteína y evaluar el modo de acción de antibióticos sobre cada una
de estas fases. Puedo decir que estos estudios tuvieron un claro éxito; hasta
el punto de que nuestro grupo fue invitado al Symposium de Cold Spring Harbor
(un poco “La Meca” de la Biología Molecular de aquel entonces) de 1969. Ambas
cosas constituyeron mi Tesis Doctoral. Como dije antes, mi estancia en el CSIC
supuso no sólo un aprendizaje avanzado, sino también un conocimiento en
profundidad de los ámbitos científicos internacionales y mi propio desarrollo
humano. Aun cuando después he pasado por muchas otras circunstancias
profesionales, siempre me he considerado hijo del Consejo Superior de
Investigaciones Científicas, y ello se ha traducido incluso en mi ejecutoria
docente en la Universidad.
En Washington University (St.Louis) el Prof. Schlessinger me sugirió seguir
líneas que continuaban en cierto modo mis trabajos de Madrid. Así, desarrollé
un estudio de síntesis proteica en mutantes frágiles de levadura. Pude obtener
varias cepas de estos mutantes. Su característica, la fragilidad, permitía
romper las células mediante un choque osmótico con lo cual se obviaban métodos
más drásticos de rotura y se hacían accesibles al estudio algunos aspectos
especialmente delicados de la síntesis proteica en dichas células. Al tiempo
trabajé igualmente en desarrollar sinergias entre antibióticos activos en
síntesis de proteína y antibióticos poliénicos como la anfotericina B, lo que
dio lugar también a una interesante línea de colaboración con la División de
Enfermedades Infecciosas del Barnes Hospital de aquella ciudad. Otra línea de
investigación que desarrollé en St.Louis fue el estudio de la síntesis y
procesado de ARN (transcripción) en células eucarióticas en cultivo (en
concreto, células HeLa), con lo que me inicié en lo que ha sido una revolución
metodológica en el estudio de la Biología Molecular: la introducción de células
humanas en cultivo para su estudio, ampliando así el campo más restringido de
los microorganismos.
Como ya dije más arriba, mi vuelta a España y mi incorporación a la plantilla
docente de la Facultad de Medicina supuso un cambio importante en mi vida
profesional. En primer lugar, porque a partir de entonces tuve
responsabilidades docentes que han continuado hasta mi jubilación y que han
supuesto una parte muy importante de mi trabajo. En segundo lugar, porque mi
actividad científica cambió de manera notable al asumir la jefatura del
Servicio de Bioquímica del recién inaugurado Hospital Clínico Universitario. La
Bioquímica Clínica comenzaba a experimentar dos revoluciones que marcaron un
cambio radical en su concepción y que yo tuve la ocasión de vivir en primera
persona: la automatización y la informatización. Una y otra actividad ocuparon
la mayor parte de mi tiempo tanto en Salamanca como en el Hospital
Universitario de Tenerife, en donde desempeñé también la jefatura del Servicio
de Bioquímica al ocupar la cátedra correspondiente de la Facultad de Medicina.
Muy particularmente trabajé en el campo de las determinaciones enzimáticas y de
la monitorización de fármacos, cuestión que comenzaba a ser rutinaria en los
años 80. Igualmente tuve ocasión de trabajar en el estudio de las bombas
iónicas celulares en la hipertensión esencial e hice también una pequeña
incursión en las neurociencias estudiando esas mismas bombas iónicas en el
tejido cerebral en diversas situaciones experimentales. Mi interés por la
enzimología se prolongó con mi vuelta a Salamanca en 1988, en donde estudié,
entre otras cosas, la aplicación de métodos conductimétricos en la analítica
enzimática. Al mismo tiempo inicié otro campo que me ha interesado enormemente:
la dinámica de los sistemas biológicos. La difusión generalizada de la
Informática y de métodos de simulación teórica de sistemas complejos ha
permitido utilizar estas técnicas en el estudio de multitud de fenómenos
biológicos, precisamente debido a su complejidad inherente. En particular,
siempre me interesó el estudio de fenómenos oscilatorios y caóticos en el mundo
viviente y he desarrollado métodos de programación adecuados para dicho tipo de
estudios.
Tal como dije antes, mi vida académica desde 1976 quedó marcada por mis
actividades docentes. La situación de la Bioquímica en los sucesivos planes de
estudio de Medicina hace que sea un marco idóneo para introducir al estudiante
en lo que es el método científico y más concretamente, su adaptación a la
Medicina. Para ello desarrollé métodos docentes alejados del argumento de
autoridad y basados en la experimentación histórica que ha dado lugar a nuestro
conocimiento actual de la Bioquímica y de ésta en relación a la Medicina. Puedo
decir que siempre he tenido una voluntad decidida de innovar en cuanto a
métodos docentes. En los quince últimos años de mi carrera docente he
perfeccionado métodos basados en el estudio estructural de biomoléculas ayudado
por ordenador. Como en tantas otras cosas, la Informática y sobre todo la
Internet han supuesto un cambio revolucionario en la enseñanza de la Bioquímica
en particular y de la Medicina en general. Estoy moderadamente satisfecho con
lo que ha sido mi contribución a dicho cambio.
La vuelta a Salamanca desde Canarias supuso también mi entrada en la
administración y gestión universitarias, dado que ocupé el Vicerrectorado de
Investigación en el período 1990-1993 en el equipo rectoral del Prof. Julio
Fermoso. Creo que debería ser obligado para todo universitario desempeñar algún
puesto de gestión a lo largo de la vida académica, y para mí esa etapa resultó
altamente fructífera. Citaré únicamente dos de las cuestiones en las que más
trabajé desde esa responsabilidad: la puesta en marcha de un sistema de becas predoctorales
propio de la Universidad de Salamanca y la creación de un sistema eficiente de
información y difusión de oportunidades científicas para los investigadores de
la Universidad. Mi interés por la gestión universitaria continuó con mi etapa
como Director del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular, que se
prolongó hasta que ocupé el Rectorado de la Universidad en 2003. Sería muy
largo enumerar o describir aquí los múltiples retos a que tuve que hacer frente
desde el Rectorado. Por otra parte es muy probable que otros estén más
indicados que yo para juzgarlo. No obstante, puedo decir que quedé muy
satisfecho de mi labor en el Rectorado. La Clínica de Odontología, la
Politécnica de Ávila, los edificios de Neurociencias y el edificio Dioscórides,
el Centro de Investigaciones Agrarias Luso-Español, multitud de obras de
acondicionamiento y reforma a lo largo de los diversos campus de la
Universidad; y sobre todo, la adquisición de terrenos y puesta en marcha de lo
que hoy es el Parque Científico de la Universidad, que se ha revelado como una
espléndida realidad a día de hoy. Puedo igualmente decir que bajo mi rectorado
se generalizó la Red Inalámbrica de Comunicaciones en la Universidad.
En el momento actual llevo la vida normal de un jubilado y trato de
aprovechar el tiempo en cuestiones que a lo largo de mi vida hubiera querido
conocer o trabajar detenidamente pero que nunca tuve tiempo. Así, la primera
hora de la mañana la dedico a estudiar alemán, una lengua cuyo desconocimiento
siempre me tuvo frustrado. Martes y Jueves asisto a clase (Nivel básico) en la
Escuela Oficial de Idiomas de Salamanca, clases de las que estoy muy satisfecho
tanto por el profesorado como por los compañeros. También reservo a la mañana
mi actividad como Presidente de la Real Academia de Medicina de Salamanca,
motivo por el cual sigo yendo asiduamente a lo que fue (y sigue siendo) mi
Facultad. Por la tarde me dedico a escribir o más comúnmente, a juguetear con
una afición en concreto: la Electrónica. Todo ello, por supuesto, tratando de
no olvidar la forma física mediante paseos más o menos largos con mi esposa
Elena, también jubilada. Por supuesto, a ambos nos encanta dedicar nuestro
tiempo a los nietos. Esporádicamente hago labores de carpintería a beneficio de
ellos. Por otra parte, Internet me mantiene al tanto de lo que se progresa en
Medicina, en Bioquímica y en las Ciencias en general. Siempre he sido un lector
compulsivo y a leer suelo dedicar las últimas horas del día. Debo, no obstante,
dejar bien claro que soy un entusiasta de las redes sociales, y que en las
mismas me relaciono con antiguos alumnos, alumnos actuales, amigos y en
general, almas gemelas. Creo que las redes son un gran invento; pero como todos
los grandes inventos requieren moderación en su uso; y sobre todo, buena
educación en el más clásico sentido de la palabra.
Y aquí termino (por ahora).
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