miércoles, 11 de mayo de 2016

Una excursión biográfica

Soy natural de Salamanca, donde nací en 1945. Hijo de Federico Battaner, un prestigioso comerciante en el campo de material eléctrico, radio, TV y electrodomésticos en Salamanca capital; y de Paz Arias, su esposa, que siempre fue un apoyo fiel a mi padre y en particular, tras la muerte de éste, continuó al frente del negocio familiar. Mis hermanos son María Paz y Sebastián, que, cada uno en su estilo, han supuesto siempre un ejemplo para mí (yo soy el pequeño). Estoy felizmente casado con Elena Moro Íñigo desde 1970 y tenemos tres hijos: Juan, Elena y Miguel. En este momento tenemos dos nietas y un nieto: Julia, Berta y Mateo. 

Hice mis estudios de Primaria y Bachillerato en el Colegio Marista de Salamanca (1951-1962). Igualmente, cursé la Licenciatura de Medicina en la Universidad de Salamanca (1962-1968). Fue precisamente la posibilidad de hacer investigación en Medicina lo que me decidió por esta carrera. Desde el primer momento comprendí que estaba en el lugar adecuado.

A lo largo de la carrera de Medicina fui Alumno Interno de la Cátedra de Anatomía que ocupaba el Prof.D.José María Genis Gálvez, a quien debo mi iniciación a la investigación y mi primer contacto con lo que podríamos llamar “Ciencia real” de trabajo en laboratorio, búsquedas bibliográficas, publicaciones, etc. Creo que fue un magnífico punto de partida para mi carrera posterior. Al terminar Medicina en Salamanca me trasladé a Madrid, al Instituto de Biología Celular del CSIC, en donde hice mis estudios de doctorado bajo la dirección del Prof. David Vázquez, una figura fundamental en el desarrollo de la Bioquímica y Biología Molecular en España. Para mí fue una etapa no sólo decisiva en mi vida profesional, sino que también marcó lo que pudiéramos llamar mi actitud ante la Ciencia y ante la Sociedad. De esa época guardo un recuerdo imborrable en cuanto a mi formación científica y a mi formación humana. Terminado ese período, obtuve una beca Juan March de estudios en el extranjero para realizar investigación postdoctoral en el Departamento de Microbiología de la Washington University de St.Louis, MO, Estados Unidos, bajo la dirección del Prof. David Schlessinger. Terminada dicha beca, continué allí con otra beca, esta vez de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de los Estados Unidos. Aprovecho esta ocasión para mostrar mi agradecimiento, una vez más, a ambas instituciones, pero muy en particular a la Fundación Juan March, que tanto hizo en aquel entonces para promover la investigación en España. A la vuelta de Estados Unidos me incorporé al profesorado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca. y mis intereses investigadores cambiaron radicalmente toda vez que pasé a dirigir el Servicio de Bioquímica del recién inaugurado Hospital Clínico Universitario, con lo cual entré en el también apasionante campo de la Bioquímica Clínica. Esta actividad se prolongó también en mi siguiente destino, que fue la Cátedra de Bioquímica de la Universidad de La Laguna, que obtuve en 1982. Allí permanecí seis años y me reintegré a la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca en 1988, en calidad de catedrático, puesto en el que continué hasta mi jubilación. En 1990 fui nombrado Vicerrector de Investigación en el equipo rectoral del Prof. Julio Fermoso. Con ello mi vida profesional  entró en una fase en la que un interés fundamental fue la gestión universitaria, y que culminaría con mi acceso al Rectorado de la Universidad en 2003.

Durante mi período de Alumno Interno, bajo la dirección del Prof. Genis en el Departamento de Anatomía me integré plenamente en su equipo de investigación, dedicado al desarrollo embrionario, y en el que un interés fundamental era, en aquel preciso momento, trascender del ámbito puramente morfológico en el estudio de la ontogenia e ir introduciendo metodologías bioquímicas y moleculares en el mismo. Puedo decir, pues, que mi primer contacto con la investigación bioquímica fue el estudio del desarrollo del cristalino del ojo, pues nuestro equipo introdujo metodologías puramente químicas tales como el análisis electroforético de proteínas y las determinaciones enzimáticas a lo largo de la secuencia ontogénica de dicho órgano. Con ello mi carrera científica se decantó definitivamente por la Bioquímica. El propio Prof. Genis, así como el Prof. Rodríguez Villanueva, por aquel entonces recién incorporado a la Universidad de Salamanca, me pusieron en contacto con el Prof. David Vázquez, del Instituto de Biología Celular del CSIC en Madrid, adonde me trasladé al terminar la carrera.

Los intereses fundamentales del grupo de investigación del Prof. Vázquez eran (a) la biosíntesis de proteínas y (b) el modo de acción de antibióticos activos sobre dicha biosíntesis. Desde el punto de vista meramente histórico se trataba de un momento crucial. Tengamos en cuenta que a lo largo de la década de los 60 del siglo pasado (y estamos hablando de 1968) se descifró el Código Genético, y quedó establecido el llamado Dogma Central de la Biología Molecular (ADN -> ARN -> Proteína). David me puso a trabajar a lo largo de dos líneas bien definidas: Una, la síntesis de proteína de células eucarióticas (hasta entonces prácticamente todo lo que se sabía sobre síntesis proteica se había descubierto en bacterias, células procarióticas), y otra, el modo de acción de antibióticos activos sobre dicha síntesis. El sistema que utilicé fue la levadura Saccharomyces cerevisiae, que es una célula eucariótica pero que sin embargo se puede cultivar de la misma manera que las bacterias y por tanto es de muy fácil uso experimental. Mi trabajo consistió en diseñar sistemas de estudio de las diferentes fases de la síntesis de proteína y evaluar el modo de acción de antibióticos sobre cada una de estas fases. Puedo decir que estos estudios tuvieron un claro éxito; hasta el punto de que nuestro grupo fue invitado al Symposium de Cold Spring Harbor (un poco “La Meca” de la Biología Molecular de aquel entonces) de 1969. Ambas cosas constituyeron mi Tesis Doctoral. Como dije antes, mi estancia en el CSIC supuso no sólo un aprendizaje avanzado, sino también un conocimiento en profundidad de los ámbitos científicos internacionales y mi propio desarrollo humano. Aun cuando después he pasado por muchas otras circunstancias profesionales, siempre me he considerado hijo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y ello se ha traducido incluso en mi ejecutoria docente en la Universidad.

En Washington University (St.Louis) el Prof. Schlessinger me sugirió seguir líneas que continuaban en cierto modo mis trabajos de Madrid. Así, desarrollé un estudio de síntesis proteica en mutantes frágiles de levadura. Pude obtener varias cepas de estos mutantes. Su característica, la fragilidad, permitía romper las células mediante un choque osmótico con lo cual se obviaban métodos más drásticos de rotura y se hacían accesibles al estudio algunos aspectos especialmente delicados de la síntesis proteica en dichas células. Al tiempo trabajé igualmente en desarrollar sinergias entre antibióticos activos en síntesis de proteína y antibióticos poliénicos como la anfotericina B, lo que dio lugar también a una interesante línea de colaboración con la División de Enfermedades Infecciosas del Barnes Hospital de aquella ciudad. Otra línea de investigación que desarrollé en St.Louis fue el estudio de la síntesis y procesado de ARN (transcripción) en células eucarióticas en cultivo (en concreto, células HeLa), con lo que me inicié en lo que ha sido una revolución metodológica en el estudio de la Biología Molecular: la introducción de células humanas en cultivo para su estudio, ampliando así el campo más restringido de los microorganismos.

Como ya dije más arriba, mi vuelta a España y mi incorporación a la plantilla docente de la Facultad de Medicina supuso un cambio importante en mi vida profesional. En primer lugar, porque a partir de entonces tuve responsabilidades docentes que han continuado hasta mi jubilación y que han supuesto una parte muy importante de mi trabajo. En segundo lugar, porque mi actividad científica cambió de manera notable al asumir la jefatura del Servicio de Bioquímica del recién inaugurado Hospital Clínico Universitario. La Bioquímica Clínica comenzaba a experimentar dos revoluciones que marcaron un cambio radical en su concepción y que yo tuve la ocasión de vivir en primera persona: la automatización y la informatización. Una y otra actividad ocuparon la mayor parte de mi tiempo tanto en Salamanca como en el Hospital Universitario de Tenerife, en donde desempeñé también la jefatura del Servicio de Bioquímica al ocupar la cátedra correspondiente de la Facultad de Medicina. Muy particularmente trabajé en el campo de las determinaciones enzimáticas y de la monitorización de fármacos, cuestión que comenzaba a ser rutinaria en los años 80. Igualmente tuve ocasión de trabajar en el estudio de las bombas iónicas celulares en la hipertensión esencial e hice también una pequeña incursión en las neurociencias estudiando esas mismas bombas iónicas en el tejido cerebral en diversas situaciones experimentales. Mi interés por la enzimología se prolongó con mi vuelta a Salamanca en 1988, en donde estudié, entre otras cosas, la aplicación de métodos conductimétricos en la analítica enzimática. Al mismo tiempo inicié otro campo que me ha interesado enormemente: la dinámica de los sistemas biológicos. La difusión generalizada de la Informática y de métodos de simulación teórica de sistemas complejos ha permitido utilizar estas técnicas en el estudio de multitud de fenómenos biológicos, precisamente debido a su complejidad inherente. En particular, siempre me interesó el estudio de fenómenos oscilatorios y caóticos en el mundo viviente y he desarrollado métodos de programación adecuados para dicho tipo de estudios.

Tal como dije antes, mi vida académica desde 1976 quedó marcada por mis actividades docentes. La situación de la Bioquímica en los sucesivos planes de estudio de Medicina hace que sea un marco idóneo para introducir al estudiante en lo que es el método científico y más concretamente, su adaptación a la Medicina. Para ello desarrollé métodos docentes alejados del argumento de autoridad y basados en la experimentación histórica que ha dado lugar a nuestro conocimiento actual de la Bioquímica y de ésta en relación a la Medicina. Puedo decir que siempre he tenido una voluntad decidida de innovar en cuanto a métodos docentes. En los quince últimos años de mi carrera docente he perfeccionado métodos basados en el estudio estructural de biomoléculas ayudado por ordenador. Como en tantas otras cosas, la Informática y sobre todo la Internet han supuesto un cambio revolucionario en la enseñanza de la Bioquímica en particular y de la Medicina en general. Estoy moderadamente satisfecho con lo que ha sido mi contribución a dicho cambio.

La vuelta a Salamanca desde Canarias supuso también mi entrada en la administración y gestión universitarias, dado que ocupé el Vicerrectorado de Investigación en el período 1990-1993 en el equipo rectoral del Prof. Julio Fermoso. Creo que debería ser obligado para todo universitario desempeñar algún puesto de gestión a lo largo de la vida académica, y para mí esa etapa resultó altamente fructífera. Citaré únicamente dos de las cuestiones en las que más trabajé desde esa responsabilidad: la puesta en marcha de un sistema de becas predoctorales propio de la Universidad de Salamanca y la creación de un sistema eficiente de información y difusión de oportunidades científicas para los investigadores de la Universidad. Mi interés por la gestión universitaria continuó con mi etapa como Director del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular, que se prolongó hasta que ocupé el Rectorado de la Universidad en 2003. Sería muy largo enumerar o describir aquí los múltiples retos a que tuve que hacer frente desde el Rectorado. Por otra parte es muy probable que otros estén más indicados que yo para juzgarlo. No obstante, puedo decir que quedé muy satisfecho de mi labor en el Rectorado. La Clínica de Odontología, la Politécnica de Ávila, los edificios de Neurociencias y el edificio Dioscórides, el Centro de Investigaciones Agrarias Luso-Español, multitud de obras de acondicionamiento y reforma a lo largo de los diversos campus de la Universidad; y sobre todo, la adquisición de terrenos y puesta en marcha de lo que hoy es el Parque Científico de la Universidad, que se ha revelado como una espléndida realidad a día de hoy. Puedo igualmente decir que bajo mi rectorado se generalizó la Red Inalámbrica de Comunicaciones en la Universidad.

En el momento actual llevo la vida normal de un jubilado y trato de aprovechar el tiempo en cuestiones que a lo largo de mi vida hubiera querido conocer o trabajar detenidamente pero que nunca tuve tiempo. Así, la primera hora de la mañana la dedico a estudiar alemán, una lengua cuyo desconocimiento siempre me tuvo frustrado. Martes y Jueves asisto a clase (Nivel básico) en la Escuela Oficial de Idiomas de Salamanca, clases de las que estoy muy satisfecho tanto por el profesorado como por los compañeros. También reservo a la mañana mi actividad como Presidente de la Real Academia de Medicina de Salamanca, motivo por el cual sigo yendo asiduamente a lo que fue (y sigue siendo) mi Facultad. Por la tarde me dedico a escribir o más comúnmente, a juguetear con una afición en concreto: la Electrónica. Todo ello, por supuesto, tratando de no olvidar la forma física mediante paseos más o menos largos con mi esposa Elena, también jubilada. Por supuesto, a ambos nos encanta dedicar nuestro tiempo a los nietos. Esporádicamente hago labores de carpintería a beneficio de ellos. Por otra parte, Internet me mantiene al tanto de lo que se progresa en Medicina, en Bioquímica y en las Ciencias en general. Siempre he sido un lector compulsivo y a leer suelo dedicar las últimas horas del día. Debo, no obstante, dejar bien claro que soy un entusiasta de las redes sociales, y que en las mismas me relaciono con antiguos alumnos, alumnos actuales, amigos y en general, almas gemelas. Creo que las redes son un gran invento; pero como todos los grandes inventos requieren moderación en su uso; y sobre todo, buena educación en el más clásico sentido de la palabra.

Y aquí termino (por ahora).


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