domingo, 2 de abril de 2017

Incunabula



Cuando, con el mejor de los ánimos, y en un lunes que alienta a emprender trabajos largo tiempo descuidados (o más bien procrastinados), se pone uno a ordenar papeles en casa, ocurre a veces que se encuentran cosas interesantes. Hace 12 años se descubrieron en la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca dos incunables y la Directora, Margarita Becedas, preparó una pequeña publicación para dar noticia del descubrimiento; publicación que me tocó prologar. Quizá os resulte interesante, al menos para dejar claro el concepto de “incunable”. Llamamos incunables a los libros impresos antes de 1500. Ni más ni menos. Reproduzco el prólogo de aquella publicación:

Llegará sin duda el día que valoraremos como notables antigüedades cosas como los floppy disks, el Apple II, el ZX Spectrum o el sistema operativo CP/M; habrá manuscritos difícilmente descifrables en Fortran o Cobol; e incluso esos primeros MacIntosh, de curioso diseño, reposarán, venerados, en un expositor de museo. Cuando surge una nueva tecnología son muchos los intentos, los caminos fallidos, las ramas terminales del árbol del progreso, que son abandonadas en aras de mejores soluciones que acaban por prevalecer.

Algo así ocurre con lo que fue la Nueva Tecnología por excelencia, la Imprenta. Si los principios básicos quedaron bien establecidos por el propio Gutenberg, las técnicas particulares, las dimensiones, las marcas editoriales y todo lo demás no quedaron plenamente establecidas hasta algo después. Esta época, que arbitrariamente queda cerrada en 1500, es la de los incunables: los floppy disks de la Imprenta, para entendernos. Ni que decir tiene que toda biblioteca valora sobremanera su colección de incunables. Los cerca de quinientos de la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca son el orgullo de la Institución e incluso el placer (algo morboso) de sus bibliotecarios. Incidentalmente mencionaré que además de los quinientos incunables, esta Biblioteca cuenta con unos dos mil manuscritos.

La Fundación Marcelino Botín venía patrocinando generosamente la digitalización del Fondo Antiguo de la Universidad de Salamanca. Y ocurrió lo que se relata a continuación. Con cierta frecuencia, se encuadernaban varios libros en un único volumen, sobre todo cuando no eran particularmente distinguidos, con lo cual “desaparecían” del Catálogo. De esta manera, al llegar el momento de la catalogación (o digitalización) de un libro aparece, oh milagro, un incunable, encuadernado junto a otro libro de menor interés. No sólo uno, sino dos, aparecieron en esta ocasión: “De defectibus in missa occurrentibus” (Roma, 1495) y “Questiones subtilissime magistri Rodulphi Britonis super arte veteri” (Venecia, 1499).


Se reproducen aquí las páginas iniciales de ambos. Gracias, evidentemente, al mecenazgo de la Fundación Marcelino Botín y a la erudición de Margarita Becedas.



No hay comentarios: