Cuando, con
el mejor de los ánimos, y en un lunes que alienta a emprender trabajos largo
tiempo descuidados (o más bien procrastinados), se pone uno a ordenar papeles
en casa, ocurre a veces que se encuentran cosas interesantes. Hace 12 años se
descubrieron en la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca dos
incunables y la Directora, Margarita Becedas, preparó una pequeña publicación
para dar noticia del descubrimiento; publicación que me tocó prologar. Quizá os
resulte interesante, al menos para dejar claro el concepto de “incunable”.
Llamamos incunables a los libros impresos antes de 1500. Ni más ni menos.
Reproduzco el prólogo de aquella publicación:
Llegará sin
duda el día que valoraremos como notables antigüedades cosas como los floppy
disks, el Apple II, el ZX Spectrum o el sistema operativo CP/M; habrá
manuscritos difícilmente descifrables en Fortran o Cobol; e incluso esos
primeros MacIntosh, de curioso diseño, reposarán, venerados, en un expositor de
museo. Cuando surge una nueva tecnología son muchos los intentos, los caminos
fallidos, las ramas terminales del árbol del progreso, que son abandonadas en
aras de mejores soluciones que acaban por prevalecer.
Algo así
ocurre con lo que fue la Nueva Tecnología por excelencia, la Imprenta. Si los
principios básicos quedaron bien establecidos por el propio Gutenberg, las
técnicas particulares, las dimensiones, las marcas editoriales y todo lo demás
no quedaron plenamente establecidas hasta algo después. Esta época, que
arbitrariamente queda cerrada en 1500, es la de los incunables: los floppy
disks de la Imprenta, para entendernos. Ni que decir tiene que toda biblioteca
valora sobremanera su colección de incunables. Los cerca de quinientos de la
Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca son el orgullo de la
Institución e incluso el placer (algo morboso) de sus bibliotecarios.
Incidentalmente mencionaré que además de los quinientos incunables, esta
Biblioteca cuenta con unos dos mil manuscritos.
La Fundación
Marcelino Botín venía patrocinando generosamente la digitalización del Fondo
Antiguo de la Universidad de Salamanca. Y ocurrió lo que se relata a
continuación. Con cierta frecuencia, se encuadernaban varios libros en un único
volumen, sobre todo cuando no eran particularmente distinguidos, con lo cual
“desaparecían” del Catálogo. De esta manera, al llegar el momento de la
catalogación (o digitalización) de un libro aparece, oh milagro, un incunable,
encuadernado junto a otro libro de menor interés. No sólo uno, sino dos,
aparecieron en esta ocasión: “De defectibus in missa occurrentibus” (Roma,
1495) y “Questiones subtilissime magistri Rodulphi Britonis super arte veteri”
(Venecia, 1499).
Se
reproducen aquí las páginas iniciales de ambos. Gracias, evidentemente, al
mecenazgo de la Fundación Marcelino Botín y a la erudición de Margarita
Becedas.


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