Estos días se
nos ha informado de la desgraciada muerte de una niña de 12 años por un coma
etílico agudo tras un botellón. Sin duda, una buena información toxicológica a
escala familiar quizá hubiera evitado el lamentable desenlace. Para ello no se
necesita ser especialista en la materia. Los conceptos básicos sobre el modo de
acción de las drogas pueden ser entendidos por todo el mundo. Lo intentaré a
continuación con dos grupos de drogas de abuso:
(a) Los
opiáceos. Extraídos de la planta Papaver
somniferum, la adormidera de nuestros campos, muy parecida a la amapola, pero
de color blanco. De los frutos de la adormidera se extrae una resina, el opio,
conocido desde la más remota antigüedad por sus propiedades hipnóticas (que
hacen dormir) y analgésicas (que suprimen el dolor). El principal componente
activo del opio es la morfina; la morfina y sobre todo sus derivados
semisintéticos (es decir, la morfina modificada químicamente en el laboratorio),
como la heroína, son las drogas opiáceas más conocidas. No voy a entrar aquí en
los efectos farmacológicos detallados de estas drogas; todos somos conscientes
de las terribles consecuencias a que conduce su abuso.
(b) Los cannabinoides. Son las sustancias activas de las
drogas derivadas de plantas del género Cannabis (principalmente C. sativa y C.
indica, el cáñamo), administradas como flores y capullos secos (marihuana) o
como resina obtenida de los mismos (Haschich) que se fuman. Los principios
activos son los llamados cannabinoides, de los que se conocen unos 190; el más
abundante, más potente y mejor conocido es el Tetrahidrocannabinol (THC). Tras
el alcohol, es la droga de abuso más frecuentemente consumida entre nosotros.
La sensación de euforia, bienestar y pérdida de la memoria inmediata son
efectos característicos de estas drogas.
Todas las drogas (y los fármacos) actúan de la misma manera:
por su similitud con alguna de los muchos miles de moléculas distintas que
produce nuestro metabolismo. Algunas veces, esa similitud hace que la droga
produzca los mismos efectos que la molécula a la que se parece; en ese caso
decimos que la droga es un “agonista”. En otras ocasiones ocurre lo contrario:
la droga bloquea el efecto de la molécula a la que se parece: en ese caso, es
un “antagonista”. Pero en ambos casos (y esto es importante) la droga tiene una
estructura química parecida a la molécula en cuestión.
En el caso de los opiáceos, la morfina y la heroína (y
muchas otras) se parecen a las endorfinas, moléculas que modulan las
sensaciones de dolor (inhibiéndolas) o de placer (aumentándolas), y de ahí
derivan sus efectos. Morfina y heroína son, pues, agonistas de las endorfinas.
Ahora bien, la acción de las drogas es más prolongada que la de las endorfinas
porque éstas últimas son rápidamente degradadas y cesa su efecto. Esto es
general para todas las moléculas señalizadoras: existen sistemas que las
degradan para evitar que la acción sea persistente (con lo cual podrían ser
incluso dañinas).
Las endorfinas fueron descubiertas a partir de 1970 más o
menos, y este descubrimiento explicó perfectamente el modo de acción de los
opiáceos. Pero ¿Qué ocurre con los cannabinoides? A partir de 1980 se supuso
que vendría a ser lo mismo que con los opiáceos; es decir, existirían moléculas
en el organismo cuya acción sería parecida al THC y demás cannabinoides, y que
jocosamente en principio se les dio el nombre de “endoporrinas”. Efectivamente,
éste fue el caso. Años más tarde se descubrieron moléculas endógenas (es decir,
producidas por nuestro organismo) con acción cannabinoide y que genéricamente
se conocen como “endocannabinoides” y que tienen el mismo efecto que la
marihuana y el haschich; pero al igual que el caso de las endorfinas, su efecto
es pasajero porque existen sistemas que los degradan mucho más rápidamente que
a las drogas cannabinoides.
El endocannabinoide más conocido es la “Anandamida” cuyo
nombre deriva de una raíz sánscrita: “Ananda” que significa “bienestar,
delicia, alegría” y “amida” que es una función química. Hay algunas cuestiones
curiosas sobre esta molécula. La sensación de satisfacción tras actividades
placenteras como la unión sexual o una comida apetitosa se correlacionan con
incrementos de anandamida en sangre; Igualmente, hay un máximo de anandamida
coincidente con el momento de la ovulación en la mujer; la sensación de
satisfacción tras un ejercicio físico aeróbico intenso (una carrera, por
ejemplo), se correlaciona con niveles altos de anandamida (y también de
endorfinas); y algo que para mí tiene mucha importancia: en 1996 se descubrió
la presencia de anandamida en el chocolate. Siempre fui adicto a esa droga en
particular. Todo tiene su explicación (bioquímica, naturalmente).
En la imagen, la estructura química de la anandamida. Imagen
GIF obtenida del artículo correspondiente en la Wikipedia (versión inglesa),
bajo licencia de Creative Commons.

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