lunes, 9 de enero de 2017

Fractales



A propósito de las imágenes del Caos que vimos ayer, salió a relucir otro concepto matemático de honda significación: los objetos fractales, como nos recordó Javier Delgado. De todos los fractales conocidos, el más famoso es, sin duda, el Conjunto de Mandelbrot, así llamado en honor a su descubridor (y creador del concepto de fractal) el matemático Benoît Mandelbrot (1924-2010). Matemáticamente, este conjunto se define en el plano complejo a partir de unas condiciones que de momento no nos interesan (quien así lo desee puede consultar el correspondiente artículo de la Wikipedia):


Los puntos que pertenecen al conjunto aparecen en negro; alrededor de los mismos, los puntos se colorean según su mayor o menor proximidad al conjunto. Las propiedades de las figuras fractales son interesantísimas. De momento sólo nos interesa una, la autosemejanza. En las imágenes que siguen, la primera representa la totalidad del conjunto. Las imágenes que siguen son, cada una, ampliaciones de una pequeña zona de la imagen anterior; así, la segunda imagen es una vista de la zona entre la “cabeza” y el “cuerpo” del conjunto, y así sucesivamente. Un buen ejercicio es determinar de qué zona de cada imagen se toma la ampliación para ver la siguiente. Como veréis, a medida que vamos ampliando la figura, seguimos viendo los mismos patrones hasta llegar a una ampliación infinita que seguiríamos viendo lo mismo (aunque obviamente no podemos llegar por la limitada capacidad de cálculo de los ordenadores): esto es la autosemejanza. Por otra parte, no es posible seguir exactamente la frontera entre los puntos que pertenecen al conjunto y los que no: se trata de una línea intrincadísima que a medida que aumentamos la ampliación sigue exactamente igual de intrincada(la autosemejanza).

El tema de los fractales es inagotable. Si os interesa el asunto, os recomiendo que hagáis una búsqueda en Google, a ser posible en inglés (buscar “Mandelbrot set”). Yo llegué a los fractales a través del Caos, y a éste, a través de los ritmos biológicos, que es mi interés primitivo.












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