lunes, 9 de enero de 2017

Los homúnculos de Penfield, o cómo nos ve nuestro propio cerebro.


Nuestro cerebro, por una parte, gobierna el movimiento voluntario de todos nuestros músculos; y por otra, recoge todas las sensaciones que proceden del mundo exterior. Conocemos perfectamente en qué partes de la corteza cerebral residen estas capacidades; el movimiento voluntario nace en la llamada circunvolución prefrontal y la sensibilidad (táctil) en la postcentral.

Wilder Penfield fue un neurocirujano canadiense (nacido en EEUU) que cursó estudios en muchos institutos y universidades; es importante hacer notar que estuvo en España para estudiar la histología del sistema nervioso en la escuela de Ramón y Cajal. Qué tiempos aquellos en los que eran los extranjeros quienes venían a España a aprender, y no al revés como suele suceder. A lo largo de su amplísima experiencia profesional. Penfield tuvo ocasión de estudiar cerebros vivos y funcionantes; de esta manera pudo determinar qué zonas concretas del cerebro se ocupan del movimiento y qué zonas representan la sensibilidad. Observó, por ejemplo, que el movimiento de la lengua ocupa una extensión cerebral mucho mayor que el movimiento del pie; y que el movimiento de ambas manos ocupa más cerebro que todo el resto del cuerpo humano. Análogamente, la sensibilidad de manos y lengua está representada en la corteza cerebral por un área mucho mayor que otras zonas del cuerpo.

Pues bien: podemos construir muñecos en los que el tamaño de las distintas partes del cuerpo aparecen proporcionales a la extensión de la correspondiente zona cerebral según las describió Penfield, que reciben el nombre de “homúnculos”, en recuerdo de aquellos antiguos alquimistas que buscaban la producción de seres humanos en el laboratorio, o bien lo que se pensaba que habitaba en la cabeza de un espermatozoide. En la imagen tenéis el homúnculo sensitivo, a la izquierda, y el homúnculo motor, a la derecha. En este último se aprecia cómo el cerebro humano se ocupa sobre todo de la lengua – el habla – y de las manos – el uso de instrumentos. Lo uno y lo otro son características auténtica y específicamente humanas.


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