Virus, 4
La verdad es que después de oír las noticias de hoy: batidas todas las
cifras de progresión de la pandemia en España, y habiendo superado
desgraciadamente en muertes a la mismísima China, no tenía yo muchos ánimos de
seguir escribiendo de una forma algo desenfadada, como venía haciendo, sobre el
coronavirus SARS-CoV-2. Ahora bien, el espectáculo de ver cómo mis compatriotas
arriman el hombro de mil maneras, cada uno en lo que puede: haciendo
mascarillas, auxiliando a ancianos en cuarentena, creando redes de fabricación
de respiradores, donando enormes cantidades de material y mil maneras más, me
ha animado a seguir haciendo aquello en lo que tengo un poco de experiencia y
que indirectamente puede ayudar a conocer mejor al enemigo y la forma de
combatirlo. Ayer tratamos de (a) las vacunas.
(b) Antivirales
Hoy vamos a ver cómo podemos impedir las infecciones víricas con
fármacos antivirales. En un artículo anterior veíamos cómo los antibióticos
convencionales no tienen ningún efecto sobre las infecciones víricas. Los
antibióticos actúan en las infecciones bacterianas porque son activos sobre
procesos propios de las bacterias que no están presentes en nuestras células
(por ejemplo, la formación de una pared celular que es inhibida por penicilina
y sus derivados). Pero en el caso de los virus esto no es posible porque el
virus es simplemente un mensaje genético que entra en nuestras propias células
y aprovecha toda su maquinaria para su propia reproducción.
No obstante, el virus puede ser atacado en diversas fases de su ciclo
vital sin interferir con la célula parasitada o interfiriendo mínimamente. Para
ello tendremos que ver qué cuestiones o procesos son específicos del virus.
Vamos a analizarlos en este artículo.
Antes de pasar a describirlo, tengo que hacer necesariamente algunas
observaciones. Las enfermedades víricas son un objeto de investigación
intensísima por parte de las grandes compañías farmacéuticas. Éstas utilizan
los procedimientos más sofisticados que puede proporcionar la investigación más
puntera, con unas inversiones realmente impresionantes. De tal manera que la
investigación ligada a organismos oficiales o gubernamentales ha quedado
atrasada frente a la investigación digamos “privada”, fenómeno agravado por las
circunstancias económicas de la última década. Las consecuencias son
esencialmente de dos órdenes: Uno, que en primer lugar el precio final de los
fármacos desarrollados está determinado no por su precio de producción
estrictamente químico sino por la ingente cantidad de medios invertidos en su
desarrollo, lo cual lleva a unos precios astronómicos. Un ejemplo: Un
tratamiento muy utilizado para la hepatitis C (sofosbuvir – velpatasvir) se
comercializa en EEUU al precio de 113.400 $ por 12 semanas de tratamiento,
cuando el costo de producir el correspondiente genérico puede oscilar entre 200
$ y 300 $ (ver referencia). La compañía farmacéutica opera aparentemente según
las reglas del mercado (aunque mi impresión es que hay bastante práctica
monopolística). Y la segunda consecuencia, tan grave o más que la primera, es
que se descuida la investigación en enfermedades propias del Tercer Mundo o en
enfermedades raras que no pueden ofrecer un mercado deseable para las
farmacéuticas.
No quiero bajo ningún concepto hacer demagogia con estos hechos. A lo
que voy es que los gobiernos y las entidades oficiales deberían tomar el
control de este tipo de investigaciones y no abandonarlas a la iniciativa
privada. Hay dos ejemplos que me gusta utilizar para ilustrar este deseo: Uno
es el Proyecto Manhattan: El gobierno de EEUU en la Segunda Guerra Mundial
reunió una ingente cantidad de medios y de inteligencia para la producción de
una bomba atómica (y lo consiguió). Otro, cómo los gobiernos europeos han
financiado a través del CERN (Centro Europeo de Investigación Nuclear) el
imponente acelerador de partículas LHC (Large Hadron Collider) en Suiza (miles
de millones de euros) para el estudio de Física de Altas Energías.
Sinceramente, creo que un esfuerzo multinacional de ese mismo calibre podría
perfectamente hacerse cargo de la investigación en compuestos antivirales.
Aparte de que estos grandes esfuerzos suelen tener consecuencias colaterales de
gran valor. Así, fueron investigadores
del CERN (dirigidos por Tim Berners-Lee) quienes inventaron el medio a través
del cual me estoy comunicando con vosotros (la World Wide Web de Internet).
Hoy veremos cómo podemos interferir con el ciclo vital del virus. Para
ello me referiré a las figuras 7 y 8, que como podéis ver son una modificación
pertinente de las figuras 3 y 4 en las que vimos el ciclo vital del virus.
En la figura 7 tenemos las primeras fases de la infección vírica. Los
puntos en los que podemos actuar están marcados con una doble barra roja
numerada. Así, la 1 representa una primera línea de combate: impedir la llegada
del virus a la célula. Evidentemente se trata de los medios de contención, que
estamos en estos momentos poniendo en práctica y de los que hablaré más
adelante en esta serie.
2. En este punto podemos tratar de impedir la adhesión del virus a la
superficie de la célula. Vimos cómo las espículas del virus “reconocen” alguna
estructura presente en la superficie de la célula. Esa estructura suele ser
algo conocido; así, el coronavirus reconoce a la enzima convertidora de
angiotensina (ECA) que es, por otra parte, una diana muy utilizada en el
tratamiento de la hipertensión arterial. Por eso, los fármacos que la inhiben y
que se utilizan en el tratamiento de esa enfermedad son un buen punto de
partida para tratar de encontrar moléculas que impidan la adhesión del
coronavirus a la superficie celular. En el caso del del VIH (virus de la
inmunodeficiencia humana, el SIDA) se sabe que se fija a unas proteínas de la
superficie celular llamadas CD4 y CCR5. Se han desarrollado compuestos para
bloquear estos receptores (Amantadine y Rimantadine) que no han resultado
eficaces frente al VIH, pero que curiosamente sí que lo son frente al virus
gripal, aunque no sobre su adhesión a la célula.
3. La entrada del virus en la célula es un proceso complicado llamado
endocitosis con el cual es difícil interferir porque es también el medio a
través del cual entran normalmente en la célula muchos componentes.
4. La vesícula a través de la cual entra el virus en la célula debe
romperse para liberar el ácido nucleico, y éste es un proceso con el cual
también podemos interferir. El caso antes mencionado del compuesto Amantadine
inhibe precisamente esta rotura en el caso del virus gripal.
Y pasamos a la figura 8.
5. Quizá el punto en el que más compuestos activos se han desarrollado
es éste: la replicación del ácido nucleico viral. Estos compuestos suelen ser
análogos, muy parecidos químicamente a los componentes normales de los ácidos
nucleicos (A, G, C, y T para el ADN) y (A, G, C y U para el ARN) de manera que
al sintetizarse copias del ácido nucleico del virus se incorporan como si
fueran normales; pero al no serlo, bloquean la función del ácido nucleico o su
completa síntesis. A este grupo pertenece, por ejemplo, el Aciclovir, muy
ampliamente utilizado en infecciones víricas (por ejemplo, el herpes). Otros
compuestos de este grupo son la Zidovudina (AZT) que fue el primer antiviral
activo frente al VIH y Lamivudina, que inhibe la replicación en el virus de la
hepatitis B.
En este apartado podríamos mencionar los ARN- y ADN-antisentido y las
ribozimas; pero me limito a mencionarlas pues su descripción nos llevaría
demasiado lejos.
6. El ensamblaje de la partícula vírica es otra importante diana para
el desarrollo de compuestos antivirales. Se trata de un proceso complejo que
suele ser distinto para cada tipo de virus y que por eso requiere investigación
específica. Así, actualmente el tratamiento del SIDA se beneficia de unos
fármacos (inhibidores de proteasa) que impiden el ensamblaje normal de la partícula
vírica: Telaprevir, Ribavirina, Bolceprevir, etc. que normalmente se
administran en combinación con otros fármacos de manera que al paciente le
basta con una sola toma al día. Pero, en línea con lo que se dijo más arriba,
los inhibidores de proteasa son el prototipo de antivirales extremadamente
caros.
7. Podemos también impedir la salida del virus ensamblado de la
célula. Tal es el caso de los compuestos Zanamivir y Oseltamivir, que
interfieren con la salida del virus gripal. Este último (Oseltamivir) se
comercializa bajo el nombre de Tamiflu y protagonizó algún triste episodio
especulativo en la última pandemia gripal.
Independientemente de estos compuestos, sabemos que las células
infectadas por virus producen en su defensa un tipo especial de proteínas
llamadas interferones. Los interferones son en realidad una señal para que
otras células cercanas a la infectada se enteren de que hay un virus atacando,
y actúan entonces preparando al sistema inmune para hacer frente al virus. Hace
años, los interferones eran muy difíciles de obtener para su uso terapéutico;
pero hoy día se producen muy fácilmente gracias a técnicas de ingeniería
genética que no vamos a describir.
Pues bien: el caso es que me consta que actualmente en los hospitales
se está tratando de encontrar algún antiviral que sea activo frente al
coronavirus, a partir de los muchos que hay desarrollados. Y en los
laboratorios la búsqueda es frenética.
Habréis visto que sólo he mencionado a los herpesvirus, el VIH y el
virus gripal. Desgraciadamente no he podido mencionar al coronavirus, porque en
este momento no hay nada que sea claramente activo frente al mismo. Se está
utilizando de manera bastante generalizada la hidroxicloroquina (HCQ) que en
realidad es un antipalúdico pero al que se le atribuye cierta actividad (no
contrastada por ensayos clínicos; no ha habido tiempo) y cuyo modo de acción no
está claro. Pero quisiera terminar este capítulo con una nota de optimismo.
Creo razonablemente que pronto dispondremos de algún antiviral activo frente al
coronavirus SARS-CoV-2.
En la próxima entrega hablaré de los procedimientos de contención. Un
epidemiólogo lo haría mucho mejor que yo. Veamos si alguno de mis lectores se
anima o anima a un amigo epidemiólogo.
Referencia:
Hill, A.;
Khoo, S.; Fortunak, J.; Simmons, B.; Ford, N. "Minimum Costs for Producing Hepatitis C
Direct-Acting Antivirals for Use in Large-Scale Treatment Access Programs in
Developing Countries". Clinical
Infectious Diseases. 58 (7):
928–936. doi:10.1093/cid/ciu012. PMC 3952605. PMID 24399087
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