viernes, 1 de diciembre de 2017

Apertura de Curso 2017-2018, 14 de Septiembre de 2017

Hoy SSMM los Reyes inauguran el curso en la Universidad decana de España, la Universidad de Salamanca, que con ello inicia la andadura de celebrar su Octavo Centenario, ya que fue fundada en 1218 por el Rey Alfonso IX de León. Con esta misma ocasión en el año 1996, yo publiqué la siguiente columna en “La Gaceta Regional” de Salamanca. Creo que sigue manteniendo actualidad.
Gaudeamus igitur, iuvenes dum sumus
A nuestra edad, puede parecer patético presumir de jóvenes. Sin embargo, lo somos. El biólogo y Nobel francés André Lwoff calificaba las actividades propias de la Universidad, investigación y docencia, sobre todo la primera, como actividades esencialmente lúdicas. El juego del Conocimiento y de la Naturaleza: ¿No presenta acaso el Génesis al fruto del Árbol de la Ciencia como el prohibido, y por ello mismo, el más deseable? Hoy es momento de hacer profesión de fe de nuestro oficio, que sin asomo de presunción califico entre los más bellos posibles. Sí, soportamos bastantes frustraciones, tanto en lo personal como en lo profesional; pero no hay dinero en el mundo que compense el modesto placer de tener como oficio aquello que a uno le gusta. Lo que a primera vista pudiera parecer una repetición rutinaria del mismo curso que explicamos el año pasado y explicaremos al siguiente es más bien un Eterno Retorno, siempre igual y siempre distinto, y sobre todo, ante un grupo de jóvenes (reales) de ojos brillantes, ilusionados y ávidos. No hay mayor pecado que apagar esa ilusión con incompetencia, abandono o indiferencia. Atención, profesores: ese pecado no tiene perdón.
Post iucundam iuventutem, post molestam senectutem, nos habebit humus
Tras la alegría del curso culminado, o del proyecto de investigación felizmente concluído, tras la amargura de las pequeńas frustraciones académicas, tras el "dolor de Espańa" unamuniano, que sentimos cada día y cada hora, el viejo Estudio sigue siendo el mismo. Su propia inestabilidad es garantía de supervivencia, ya que la dialéctica del rígido saber constituido frente a la juvenil contestación se resuelve indefectiblemente en forma de progreso humano. Así ha sido y así será; la Universidad es una de las más antiguas instituciones de la civilización occidental. Incluso hemos dejado atrás al Sacro Imperio Romano. No se extrañen, pues, de que intentemos defenderla frente a muchas, y muy reales, amenazas que se ciernen sobre la institución: la degradación o el desprecio de lo público, el abandono de la consciencia social, el olvido de nuestra misión socrática. Polvo seré yo, polvo serán mis compañeros y mis vanidades; pero la Universidad ha de continuar su camino si queremos seguir siendo nosotros mismos.
Vivat Academia, vivant professores, vivat membrum quodlibet, vivant membra quaelibet.
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