viernes, 1 de diciembre de 2017

Don Julio, In Memoriam

En Noviembre de 2017 falleció el Prof.Dr.Julio Rodríguez Villanueva, una de las más importantes personalidades de la Ciencia en España e íntimamente ligado a la Universidad de Salamanca. Con tal motivo publiqué el siguiente obituario.

Don Julio, In Memoriam

                                                                                             
Con cierta periodicidad aparecen en los medios españoles las clasificaciones tipo Shanghai de las universidades de todo el mundo. Invariablemente suponen una ducha de agua fría para nuestro país. No es éste el momento de discutir las verdades, verdades a medias y falsedades que hay en dichas clasificaciones (pues hay de todo) sino contestar con un argumento que no me canso de repetir: Ningún país ha logrado en 40 años una expansión y generalización tan amplia, profunda y democrática como el sistema español de enseñanza superior. Por ejemplo: En 1970, 14 universidades públicas y 4 privadas; En 2010, 50 universidades públicas y 25 privadas. En el caso de la Universidad de Salamanca: 1970 (año más o menos): cuatro Facultades, 6.000 alumnos; En 2010, 22 Centros (Facultades + Escuelas) y 30.000 alumnos. Imaginemos por un momento el esfuerzo que esta expansión nos ha costado en términos de recursos económicos y humanos. Por otra parte, la producción científica española puede razonablemente estar en el puesto 12 – 15 del mundo, posición conmensurable con nuestro PIB per capita.

Una figura que ha sido crucial en este proceso de expansión, ha sido la del recientemente fallecido profesor don Julio Rodríguez Villanueva. Porque don Julio personifica la entrada generalizada de la investigación en la universidad, y un cambio radical en el “estilo universitario” que ha terminado por prevalecer. Sí, hay muchas otras figuras, pero la de don Julio es la más característica. Glosaré la figura de don Julio en cuanto personaje público y sobre todo, seminal, sembrador de excelencia científica y académica. Dejaré a otros, más indicados, hacer el elogio de su enorme Curriculum Vitae.

Sus orígenes académicos están en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en esa misma generación que reunió a Manuel Losada, Alberto Sols, Gertrudis de la Fuente, Rodríguez Candela y tantos más en el ámbito biomédico de la División de Ciencias. De este elenco don Julio fue el primero (o al menos de los primeros) en dar el salto a la Universidad, llevando consigo un espíritu que hasta cierto punto había estado ausente de la misma hasta entonces. Me refiero al espíritu del Consejo, que se diga lo que se diga, también era heredero de la casi mítica Junta de Ampliación de Estudios anterior a la Guerra Civil. Ese espíritu valoraba por encima de todo la investigación, promovía un trato mucho más fluido y cercano entre los miembros de los equipos, estimulaba enormemente la internacionalización, y era extremadamente amable con el principiante (qué tiempos). Por todas estas características, chocaba en una Universidad que, quizá por la hasta entonces mayoritaria influencia alemana, era algo mucho más rígido y estratificado. Don Julio, entre otras muchas cosas doctor por Cambridge, llegó a Salamanca en el momento en el que las reformas introducidas por el ministerio de Lora Tamayo comenzaban a dar su fruto (por ejemplo, la dedicación exclusiva del profesorado y el concepto de Departamento). De esta manera todas las características que antes he mencionado comenzaron a extenderse desde su Departamento de Microbiología a lo largo y ancho de la Universidad, no sin resistencia.  Al tiempo, y dentro de ese mismo espíritu reformador de los últimos ’60 y primeros ’70, creó el Instituto de Microbiología Bioquímica, instituto mixto Universidad-CSIC (no fue el primero en Salamanca; antes tuvimos el IOATO del Prof. Lucena y el Instituto de Investigaciones Clínicas del Prof. Balcells) que pronto se convirtió en una referencia a escala internacional. Esta tradición continúa; dicho Instituto hoy recibe el nombre de Instituto de Biología Fundamental y Genómica, denominación indiscutiblemente más acorde con los tiempos. Pero volviendo a sus orígenes, el Instituto y el Departamento irradiaron su influencia por toda España, sembrando el mismo espíritu de don Julio a través de sus discípulos, en prácticamente todas las universidades españolas. Incansable, no dudó tampoco en propagar en los medios de comunicación españoles la importancia de la investigación; sus artículos en ABC, memorables, así lo atestiguaron. Muchos de ellos están recogidos en el libro “Universidad, Investigación y Sociedad: Puntos de vista de un universitario”, editado por la Universidad de Salamanca.

Con estos antecedentes, don Julio fue nombrado Rector de la Universidad de Salamanca, en un período muy difícil, como acertadamente recordó el Prof. Daniel Sánchez en la homilía del servicio religioso que tuvo lugar el pasado martes en Salamanca. Una Universidad raquítica que no se correspondía en absoluto con la realidad social y económica de España. Desde su presidencia de la Conferencia de Rectores (CRUE) promovió su propio espíritu, investigador y avanzado. Aquellos tiempos fueron turbulentos; la política, la transición política, ocupaba todo el espacio de la universidad. Y a este respecto me gustaría señalar algo que a mi juicio no ha sido debidamente ponderado. Al tiempo que la transición política tuvo lugar una transición académica, reflejada en la expansión a la que yo aludía más arriba, y que desde luego recogió en gran parte el espíritu del profesor Rodríguez Villanueva. Así, nació un auténtico sistema de financiación de la investigación, tanto por parte del Gobierno como de la Seguridad Social con lo que la ciencia española ha dado el salto al que también me he referido. E indiscutiblemente el espíritu que don Julio trajo a Salamanca y que fue propagado a través de sus discípulos ha pesado mucho en todo lo que de bueno ha habido en la ciencia española desde entonces. Esperemos que no se permita su naufragio en estos tiempos atribulados que vivimos.

En lo personal, don Julio fue una fuerza de la Naturaleza. Su dinamismo, su tenacidad, su determinación, han sido constantes tanto en su trayectoria académica como, ya jubilado, desde la dirección de la Fundación Ramón Areces. Por otra parte, constituye un tópico decir que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. En este caso, no tengo más remedio de decir que no “detrás” sino “al lado de” está la profesora Isabel García Acha. He tenido la tentación de decir que “detrás de una gran mujer, hay un gran hombre”. Isabel, gran científica, ha sido la compañera ideal de la misma manera que Julio lo ha sido de Isabel.

Para terminar, recuerdo palabras de Antonio Machado: “Lleva el que deja, y vive el que ha vivido”. Don Julio se lleva la espléndida realidad que nos ha dejado, y vive y vivirá entre todos los que, directa o indirectamente, nos hemos beneficiado de la misma. Descanse en paz.




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