miércoles, 17 de junio de 2015

Transgénicos

Se habla estos días desde ciertas instancias de gobierno municipal, en especial aquéllos embarcados en los nuevos tiempos, de hacer ciudades “Libres de transgénicos”. Es un tema al que soy especialmente sensible, porque creo que hay una ignorancia generalizada en torno al asunto. ¿Cómo librarnos de los transgénicos? Empecemos por prohibir el uso de insulina a los diabéticos, hormona del crecimiento a quien padece de enanismo, eritropoyetina a los enfermos renales crónicos, interferón, calcitonina y mil otros productos más que se producen por transgénesis (introducción en el material genético de una especie genes de otra). Prohibamos el uso de animales transgénicos de experimentación con el que se está logrando, lenta pero inexorablemente, la victoria frente al cáncer y muchas otras enfermedades. Continuemos en la misma senda prohibiendo comer tomate y otras especies vegetales que llegan a nuestra mesa en buen estado precisamente por ser transgénicas. Además, en este último caso se da otra curiosa circunstancia: el tomate transgénico es el resultado de la introducción de un gen que produce una proteína insecticida, con lo cual el agricultor y el medio ambiente se libran de pagar, el uno, y de soportar, el otro, insecticidas organofosforados que no son precisamente saludables para el entorno. Sigamos por prohibir el consumo de carne, porque los piensos que se dan al ganado muy probablemente estén formulados a partir de maíz transgénico, bien sea de importación o bien de producción nacional. Y podríamos prolongar esta lista mucho más.

Pero cambiemos de escenario. ¿Qué es la coliflor? pues es exactamente la misma especie que el repollo. Brassica oleracea var. botrytis la coliflor y Brassica oleracea var. capitata el repollo. Aunque a primera vista parece que son cosas distintas, ¿verdad?. Lo que las distingue es que al cabo de siglos de selección artificial, la planta primitiva ha sido seleccionada para dar hojas compactas y empaquetadas el repollo, y para dar inflorescencias la coliflor. Dado que las inflorescencias son el órgano reproductor de la planta, una coliflor no es más que un monstruo en el cual el 95 % o más de su peso está constituido por órganos sexuales. Ha sido obtenido por selección artificial, cosa que la especie humana lleva haciendo desde el Neolítico, y que es una forma de manipulación genética como otra cualquiera, solo que mucho más lenta. Esta misma consideración puede hacerse sobre cualquier especie vegetal domesticada que encontramos en el mercado. Por lo que yo sé, ni los veganos se niegan a su consumo.

Cuando la especie humana mordió la manzana del Árbol del Bien y del Mal, eligió el camino que le prometió la serpiente: ser como dioses. Tómese el relato bíblico en su valor simbólico: el jardín del Edén era la Edad de Oro de nuestros clásicos (es decir, el Paleolítico de economía cazadora-recolectora); la revolución Neolítica, con sus inventos de Agricultura y Ganadería, son la Caída y la Expulsión del Edén, o la Edad de Hierro. La especie humana ha seguido este último camino, con todas sus ventajas y todos sus peligros, que evidentemente los hay. Pero aprendemos a neutralizarlos, y seguimos progresando. No hay duda de que la electricidad es peligrosa, pero no por ello renunciamos a su uso. Los peligros se evidencian, se estudian y la racionalidad de la especie se encarga de hacerlos desaparecer. Y sobre todo, seguir el viejo principio de EST MODUS IN REBUS. Todo tiene su medida, todo con moderación, incluidas las prohibiciones. ¿Controles democráticos sobre la transgénesis? Por supuesto; no sólo recomendables, sino absolutamente imprescindibles. ¿Prohibir la transgénesis porque lo dicta el Manual del Perfecto Progresista? Pues ya me dirán.


En la foto: magnífico ejemplar de hipogrifo, similar al que montaba la valerosa Bradamante en el Orlando Furioso de Ariosto. Un ejemplo de transgénesis “avant la lettre”.


1 comentario:

PREDICAOR dijo...

Totalmente de acuerdo.
Pero, como en casi todas estas cosas, tenemos enfrente la progresía de salón. En este caso alimentadas con personajes como Vandana Shiva (La cosecha robada) donde hace algo peor que mentir, decir medias verdades.