Siguiendo con estos apuntes de la historia de
nuestra Universidad, hoy veremos algunos aspectos relativos al Marco Jurídico
de la Universidad de Salamanca y al Gobierno universitario.
El marco jurídico
En verdad el Código de las Partidas de Alfonso X el
Sabio, en el que se recoge una legislación específicamente universitaria, fue
algo revolucionario en el sentido de que las Universidades, en sus orígenes,
pertenecían claramente al ámbito eclesiástico; y por tanto, se suponía que su
status jurídico debería emanar del Papado, y no del poder civil, como fue el
caso; único, al parecer, en todo Occidente. Desde ese momento, la Iglesia irá
perdiendo poder en las universidades frente a las instituciones civiles; hecho
que culminará en el siglo XIX con las reformas universitarias liberales de
Moyano y de Pidal, que suponen una ruptura total con la Iglesia. Ahora bien,
esta tendencia ya era marcada en el siglo XVI. En la fachada de la Universidad
de Salamanca podemos apreciar un detalle importante de esta tendencia: la parte
central, más noble, de todo el lienzo, está ocupada por las armas imperiales y
reales de Carlos I de España y V de Alemania. En lugar destacado está la imagen
de los Reyes Católicos, simbolizando a la monarquía española. Está también el
Papa dictando desde la cátedra de Pedro; pero si os fijáis, en una posición
secundaria (arriba del todo, como si estuviera más cerca del cielo que de la
realidad representada por toda la simbología imperial). Igualmente, Felipe II
intervenía con mucha frecuencia en la vida universitaria. Un detalle
anecdótico: Hay en el archivo de la Universidad una carta de este Rey en la que
se indica y se prescribe la cuantía monetaria de las limosnas que la
Universidad debía repartir con ocasión de la Navidad. El Rey se mantenía
informado de los asuntos universitarios a través de Fray Luis de León, un
visitante asiduo. No obstante, el primero de los muchos expolios sufridos por
la Biblioteca Universitaria fue el traslado obligatorio de una cierta cantidad
de fondos al recién erigido Monasterio de El Escorial. El Rey intervenía en
todo: desde los textos utilizados en los estudios hasta la provisión de
cátedras.
No obstante, y al menos nominalmente, el marco
jurídico de la Universidad en los tiempos históricos fueron las Constituciones
del Papa Martín V, promulgadas en 1422, y que rigieron a la Universidad hasta
los tiempos de las reformas de Carlos III. Estas Constituciones sustituían a
normativas anteriores dictadas por varios papas, entre ellos Benedicto XIII
(Pedro de Luna, el Papa Luna) el cual fue depuesto por el Concilio de Constanza
aunque él continuó considerándose papa en su castillo de Peñíscola (“siguió en
sus trece”). Uno y otro papa favorecieron mucho a la Universidad de Salamanca,
creando y dotando cátedras. Gracias a Martín V se construyó, por ejemplo, el
edificio más noble de la Universidad, las Escuelas Mayores (pero la fachada se
construyó un siglo más tarde). En el claustro del mismo podemos ver una lápida
en honor al Papa Luna; y sus armas, junto a las de Castilla y León, aparecen en
la Puerta de las Cadenas (la puerta trasera de la Universidad que da a la plaza
de Anaya).
Basados en las Constituciones de Martín V la
Universidad promulgaba periódicamente sus Estatutos, que tenían que ver con el
día a día de la Universidad y que trataban de corregir abusos. Estos Estatutos
solían ser revisados periódicamente por “visitadores” reales. Unos Estatutos
particularmente importantes fueron los de Covarrubias en el siglo XVII.
Este régimen persistió, con reformas periódicas,
hasta la promulgación de las Leyes de Pidal (1845) y de Claudio Moyano (1857)
que terminaron con el Antiguo Régimen y, como veremos en su día, casi
terminaron con la Universidad de Salamanca.
El Gobierno Universitario
En gran parte, el gobierno de la Universidad era
colegiado. Es decir, tenían una gran importancia los órganos colegiados, o
Claustros. Pero previamente tenemos que ver los órganos unipersonales de
gobierno, de los que veremos el Rector, el Maestrescuela y el Primicerio.
Al Rector le correspondía, al menos nominalmente,
la autoridad máxima de la Universidad, tal y como se recoge en el Código de las
Partidas. El Rector era un estudiante, su mandato duraba un año y su cargo no
estaba remunerado en absoluto. Como tenía funciones eminentemente
representativas, se elegía normalmente a un estudiante noble que pudiera
sufragar sus gastos de representación. Así, por ejemplo, fue rector de la
Universidad en sus tiempos de estudiante Gaspar de Guzmán, que más adelante
sería Conde-Duque de Olivares. El Rector estaba asistido por los Consiliarios,
un consejo formado por estudiantes, uno por cada “nación”.
El Maestrescuela era el Canónigo Escolástico, y por
tanto, nombrado por la Iglesia; aunque bien es verdad que en aquellos tiempos
los nombramientos eclesiásticos los hacía el Rey. A diferencia del Rector, su
cargo era vitalicio y sus funciones de la mayor importancia. En primer lugar,
al Maestrescuela le correspondía el poder jurisdiccional de la Universidad. Es
decir, conforme al Fuero Universitario, los pleitos en los que fueran parte
estudiantes o profesores eran juzgados por el Maestrescuela. Por lo general,
las sentencias que dictaba eran bastante más leves que las de la jurisdicción
ordinaria, lo cual fue una fuente permanente de agravios para los salmantinos
no universitarios. Pero además, el Maestrescuela era la autoridad que confería
los grados. A diferencia de los títulos oficiales que hoy día se imparten en
nombre del Rey, la autoridad que confería los grados de Bachiller, Licenciado o
Doctor era precisamente el Maestrescuela. Estas funciones, unidas al carácter
vitalicio de su magistratura, hacían del Maestrescuela, a mi juicio, la
autoridad más importante de la Universidad.
El Primicerio era “el primero entre los
catedráticos”. Al principio esta figura tenía poca importancia real; pero con
el tiempo, a medida que los estudiantes como tales fueron perdiendo poder,
sobre todo a partir del siglo XVII, fueron aumentando en importancia las
funciones del primicerio, particularmente en la dotación de cátedras o en el
establecimiento de nuevos estudios.
Además de estos órganos unipersonales, existían
órganos colegiados cuya importancia era realmente grande, sobre todo hasta el
siglo XVIII. Ya hemos tratado de los Consiliarios, un consejo que asistía el
Rector constituido por estudiantes, uno por cada “nación”.
Un cuerpo de mayor importancia era el Claustro de
Diputados: veinte personas entre catedráticos, estudiantes y graduados mayores
(licenciados y doctores). Constituían el órgano ejecutivo del Claustro Pleno;
es decir, algo parecido al actual Consejo de Gobierno de la Universidad.
Sin duda, el cuerpo colegiado más importante era el
Claustro Pleno que, bajo la presidencia del Rector, reunía a los consiliarios,
diputados, catedráticos y graduados mayores. El Claustro Pleno era el órgano
que aprobaba los gastos, las sucesivas reformas de Estatutos, la dotación de
cátedras y en general, todo lo referente a la vida académica, de manera que
puede decirse que el gobierno de la Universidad era fundamentalmente colegiado.
Los archivos de la Universidad conservan las actas de los Claustros desde el
siglo XV, que son una importantísima fuente para conocer su historia. En ellas
encontramos cosas muy curiosas; por ejemplo, hay una notable laguna en torno a
los años 1520 – 1525, en los que no se conservan las actas de los Claustros.
Coincide aproximadamente con la revuelta de las Comunidades de Castilla. Al
parecer, el Claustro tomó posiciones muy cercanas a los Comuneros. Cuando éstos
fueron derrotados en 1522, la represión por parte de Carlos I que siguió hizo
que dichas actas pudieran contener afirmaciones digamos que “comprometidas”, lo
que facilitaría de algún modo su desaparición. Esto, naturalmente, es una
interpretación hasta cierto punto gratuita (¿quizá intuitiva?). Lo cierto es
que en los años siguientes la Universidad se decidió a construir la Fachada de
las Escuelas Mayores, que es una glorificación absoluta de Carlos. ¿Quería la
Universidad hacerse perdonar de sus veleidades comuneras? Puede que sí. En los
archivos históricos, las lagunas raramente son fruto de la casualidad.
En la imagen: Escudos en la Puerta de las Cadenas
de la Universidad (es la puerta trasera, la que se abre a la Plaza de Anaya).
Aparecen las armas de Castilla y León y las del Papa Luna.

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