miércoles, 15 de julio de 2015

El Régimen Académico de la Universidad de Salamanca, 2. El marco jurídico y el gobierno universitario

Siguiendo con estos apuntes de la historia de nuestra Universidad, hoy veremos algunos aspectos relativos al Marco Jurídico de la Universidad de Salamanca y al Gobierno universitario.

El marco jurídico

En verdad el Código de las Partidas de Alfonso X el Sabio, en el que se recoge una legislación específicamente universitaria, fue algo revolucionario en el sentido de que las Universidades, en sus orígenes, pertenecían claramente al ámbito eclesiástico; y por tanto, se suponía que su status jurídico debería emanar del Papado, y no del poder civil, como fue el caso; único, al parecer, en todo Occidente. Desde ese momento, la Iglesia irá perdiendo poder en las universidades frente a las instituciones civiles; hecho que culminará en el siglo XIX con las reformas universitarias liberales de Moyano y de Pidal, que suponen una ruptura total con la Iglesia. Ahora bien, esta tendencia ya era marcada en el siglo XVI. En la fachada de la Universidad de Salamanca podemos apreciar un detalle importante de esta tendencia: la parte central, más noble, de todo el lienzo, está ocupada por las armas imperiales y reales de Carlos I de España y V de Alemania. En lugar destacado está la imagen de los Reyes Católicos, simbolizando a la monarquía española. Está también el Papa dictando desde la cátedra de Pedro; pero si os fijáis, en una posición secundaria (arriba del todo, como si estuviera más cerca del cielo que de la realidad representada por toda la simbología imperial). Igualmente, Felipe II intervenía con mucha frecuencia en la vida universitaria. Un detalle anecdótico: Hay en el archivo de la Universidad una carta de este Rey en la que se indica y se prescribe la cuantía monetaria de las limosnas que la Universidad debía repartir con ocasión de la Navidad. El Rey se mantenía informado de los asuntos universitarios a través de Fray Luis de León, un visitante asiduo. No obstante, el primero de los muchos expolios sufridos por la Biblioteca Universitaria fue el traslado obligatorio de una cierta cantidad de fondos al recién erigido Monasterio de El Escorial. El Rey intervenía en todo: desde los textos utilizados en los estudios hasta la provisión de cátedras.

No obstante, y al menos nominalmente, el marco jurídico de la Universidad en los tiempos históricos fueron las Constituciones del Papa Martín V, promulgadas en 1422, y que rigieron a la Universidad hasta los tiempos de las reformas de Carlos III. Estas Constituciones sustituían a normativas anteriores dictadas por varios papas, entre ellos Benedicto XIII (Pedro de Luna, el Papa Luna) el cual fue depuesto por el Concilio de Constanza aunque él continuó considerándose papa en su castillo de Peñíscola (“siguió en sus trece”). Uno y otro papa favorecieron mucho a la Universidad de Salamanca, creando y dotando cátedras. Gracias a Martín V se construyó, por ejemplo, el edificio más noble de la Universidad, las Escuelas Mayores (pero la fachada se construyó un siglo más tarde). En el claustro del mismo podemos ver una lápida en honor al Papa Luna; y sus armas, junto a las de Castilla y León, aparecen en la Puerta de las Cadenas (la puerta trasera de la Universidad que da a la plaza de Anaya).

Basados en las Constituciones de Martín V la Universidad promulgaba periódicamente sus Estatutos, que tenían que ver con el día a día de la Universidad y que trataban de corregir abusos. Estos Estatutos solían ser revisados periódicamente por “visitadores” reales. Unos Estatutos particularmente importantes fueron los de Covarrubias en el siglo XVII.

Este régimen persistió, con reformas periódicas, hasta la promulgación de las Leyes de Pidal (1845) y de Claudio Moyano (1857) que terminaron con el Antiguo Régimen y, como veremos en su día, casi terminaron con la Universidad de Salamanca.

El Gobierno Universitario

En gran parte, el gobierno de la Universidad era colegiado. Es decir, tenían una gran importancia los órganos colegiados, o Claustros. Pero previamente tenemos que ver los órganos unipersonales de gobierno, de los que veremos el Rector, el Maestrescuela y el Primicerio.

Al Rector le correspondía, al menos nominalmente, la autoridad máxima de la Universidad, tal y como se recoge en el Código de las Partidas. El Rector era un estudiante, su mandato duraba un año y su cargo no estaba remunerado en absoluto. Como tenía funciones eminentemente representativas, se elegía normalmente a un estudiante noble que pudiera sufragar sus gastos de representación. Así, por ejemplo, fue rector de la Universidad en sus tiempos de estudiante Gaspar de Guzmán, que más adelante sería Conde-Duque de Olivares. El Rector estaba asistido por los Consiliarios, un consejo formado por estudiantes, uno por cada “nación”.

El Maestrescuela era el Canónigo Escolástico, y por tanto, nombrado por la Iglesia; aunque bien es verdad que en aquellos tiempos los nombramientos eclesiásticos los hacía el Rey. A diferencia del Rector, su cargo era vitalicio y sus funciones de la mayor importancia. En primer lugar, al Maestrescuela le correspondía el poder jurisdiccional de la Universidad. Es decir, conforme al Fuero Universitario, los pleitos en los que fueran parte estudiantes o profesores eran juzgados por el Maestrescuela. Por lo general, las sentencias que dictaba eran bastante más leves que las de la jurisdicción ordinaria, lo cual fue una fuente permanente de agravios para los salmantinos no universitarios. Pero además, el Maestrescuela era la autoridad que confería los grados. A diferencia de los títulos oficiales que hoy día se imparten en nombre del Rey, la autoridad que confería los grados de Bachiller, Licenciado o Doctor era precisamente el Maestrescuela. Estas funciones, unidas al carácter vitalicio de su magistratura, hacían del Maestrescuela, a mi juicio, la autoridad más importante de la Universidad.

El Primicerio era “el primero entre los catedráticos”. Al principio esta figura tenía poca importancia real; pero con el tiempo, a medida que los estudiantes como tales fueron perdiendo poder, sobre todo a partir del siglo XVII, fueron aumentando en importancia las funciones del primicerio, particularmente en la dotación de cátedras o en el establecimiento de nuevos estudios.

Además de estos órganos unipersonales, existían órganos colegiados cuya importancia era realmente grande, sobre todo hasta el siglo XVIII. Ya hemos tratado de los Consiliarios, un consejo que asistía el Rector constituido por estudiantes, uno por cada “nación”.

Un cuerpo de mayor importancia era el Claustro de Diputados: veinte personas entre catedráticos, estudiantes y graduados mayores (licenciados y doctores). Constituían el órgano ejecutivo del Claustro Pleno; es decir, algo parecido al actual Consejo de Gobierno de la Universidad.

Sin duda, el cuerpo colegiado más importante era el Claustro Pleno que, bajo la presidencia del Rector, reunía a los consiliarios, diputados, catedráticos y graduados mayores. El Claustro Pleno era el órgano que aprobaba los gastos, las sucesivas reformas de Estatutos, la dotación de cátedras y en general, todo lo referente a la vida académica, de manera que puede decirse que el gobierno de la Universidad era fundamentalmente colegiado. Los archivos de la Universidad conservan las actas de los Claustros desde el siglo XV, que son una importantísima fuente para conocer su historia. En ellas encontramos cosas muy curiosas; por ejemplo, hay una notable laguna en torno a los años 1520 – 1525, en los que no se conservan las actas de los Claustros. Coincide aproximadamente con la revuelta de las Comunidades de Castilla. Al parecer, el Claustro tomó posiciones muy cercanas a los Comuneros. Cuando éstos fueron derrotados en 1522, la represión por parte de Carlos I que siguió hizo que dichas actas pudieran contener afirmaciones digamos que “comprometidas”, lo que facilitaría de algún modo su desaparición. Esto, naturalmente, es una interpretación hasta cierto punto gratuita (¿quizá intuitiva?). Lo cierto es que en los años siguientes la Universidad se decidió a construir la Fachada de las Escuelas Mayores, que es una glorificación absoluta de Carlos. ¿Quería la Universidad hacerse perdonar de sus veleidades comuneras? Puede que sí. En los archivos históricos, las lagunas raramente son fruto de la casualidad.


En la imagen: Escudos en la Puerta de las Cadenas de la Universidad (es la puerta trasera, la que se abre a la Plaza de Anaya). Aparecen las armas de Castilla y León y las del Papa Luna.


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